Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Graciela Kartofel

Teresa Margolles

Museo de Arte Neuberger / Universidad Purchase – Universidad Estatal de Nueva York

Mientras íbamos caminando desde el estacionamiento hasta la sala de exposición, Teresa realizó su performance contándome que la comunidad indígena con la que había estado trabajando en México –que no se comunicaba con el exterior–, a través de una larga labor de acercamiento, había acordado con ella que presentarían unas piezas. Si se vendían, podrían recaudar dinero para comprar unas máquinas de lavar ropa. Pero la Policía había entrado y golpeado salvajemente a un jovencito –si bien bebido–, que no había hecho nada. El miedo cerró las puertas. Comenzamos esta conversación en Madrid, en febrero de 2015; ahora, en agosto 2015, en el estado de Nueva York, la narrativa que forma parte de las performances por estudiantes en el campus universitario de SUNY Purchase, una vez más con trágico referente: la violencia. Las obras de Margolles siempre atienden a las situaciones más difíciles y candentes. En Tenemos un hilo en común, las obras abarcan diversos países de Latinoamérica, y esta vez incorpora a Estados Unidos en un hecho más de la creciente escalada criminal.

Exposición Individual: Teresa Margolles — imagen 1
Teresa Margolles. American Juju para el textil de la verdad, 2015. Técnica mixta sobre textil manchado con una técnica de estampación producida en el lugar de Staten Island, donde Eric Garner murió mientras era llevado a prisión. Creado por los miembros del Instituto Cultural de Arte Harlem Needle Arts. –Sahara Briscoe, Laura R. Gadson y Jerry Gant–, bajo la dirección de Michelle Bishop. 165 x 247,5 cm (66 x 98 pulgadas). Foto cortesía de Teresa Margolles y galería Peter Kilchmann.

Sala semioscura, cinco bases, una sala diagonal separada con una secuencia de monitores que muestran a las bordadoras en Recife (Brasil). Dicha ciudad, junto con las ciudades de Panamá (Panamá), Managua (Nicaragua), Ciudad Juárez (México), zona de Staten Island, en Estados Unidos, y Santa Catarina Palopó (Sololá, Guatemala) son las sedes que están unidas por “el hilo en común”. En Harlem, Teresa Margolles mostró el video de las bordadoras en Guatemala; Michelle Bishop, lider de ese grupo, dijo: Tenemos un hilo en común, lo que dio título a esta exposición.

Tracy Fitzpatrick, directora del Museo Neuberger, resumió en una frase la exposición y la importancia de sus contenidos en relación con dicho Museo. "Teresa Margolles: Tenemos un hilo en común – crítica, desafiante y oportuna– representa nuestros objetivos como museo universitario: desenredar y hacer frente a aquellos aspectos más agudos, los que más presionan, los más difíciles de hoy en día, incluida la violencia en comunidades marginales de Estados Unidos y de América Latina”. Esto define el trabajo de Margolles y de las dedicadas bordadoras Masaya, Rarámuri, de Recife; Kuna, de Harlem –afiliadas a Harlem Needle Arts–, Mayas, y miembros de la Asociación de Desarrollo de la Mujer K’ak’a Na de Santa Catalina Palopó, con quienes se concretaron estos trabajos en los seis lugares. Asimismo, Teresa Margolles trabaja con sus tres asistentes, y en esta ocasión, con curadoras locales. En el sólido catálogo editado por Patrice Giasson –el curador asociado para Arte de las Américas, auspiciado por Alex Gordon– se menciona a cada uno de ellos, lo que haríamos aquí si el espacio lo permitiera.

En los últimos diez años, Margolles vino despertando en su país (México) discusiones acerca de por qué presentarla como el arte actual de México, cuando ya bastante desinvitación del país hacían los periódicos refiriéndose a la violencia. Desde que trabajó con el colectivo SEMEFO (1990-1999) –SErvicio MÉdico FOrense–, del cual es fundadora junto con Arturo Angulo, Carlos López Orozco y Juan Luis García Zavaleta, además de integrar música, trabajaban con materiales orgánicos provenientes de cadáveres, en una estética de la contracultura. No se referían a las celebraciones populares de la muerte sino a los cadáveres; digamos que trabajaban con vestigios, con lo recuperable de esa vida perdida: sangre, agua del lavado de los cuerpos. La contracultura, un componente del arte de la postmodernidad, atiende al trabajo de concepto, de objeto, y con el cuerpo en las artes visuales. Desatiende la tecnología, no niega el folklore urbano ni la comunicación de masas ni la preocupación por la naturaleza. Pero en el siglo XXI y en la Transmodernidad, todos estos factores se han estereotipado, globalizado, todo es provisional, inestable, y pierde aceleradamente el valor inconmensurable que mostraba al nacer y/o ser lanzado al mercado. La obra de arte como arenga política legible ya demostró su limitado efecto. Ahora, el mundo tiene varios hilos en común que expresan similares angustias humanas.

Como siempre, ella entrega tiras o telas preparadas. Para hacer American Juju for the Tapestry of Truth, de 2015, Margolles llevó a Harlem una tela grande, con una tira de tela roja cosida que lleva imágenes de agujeros de bala y pequeñas máscaras de metal de tipo africano; las otras tiras llevan trozos de quilt; una tira está hecha de corbatas, otra es de estampas rojas y otra de esténciles de dibujos realizados con pintura en spray. Hay rostros, hay frases. Es una obra que expresa la angustia por la cantidad de afroestadounidenses que murieron a manos de la Policía. Esto se inserta en el contexto más amplio al que Margolles se ha dedicado, que es la tragedia de la violencia contra las mujeres. Juju es un amuleto, el bordado es una ofrenda, cada puntada es una lágrima, y seguro que si uno contara, cada puntada es una vida.

GRACIELA KARTOFEL

Teresa Margolles, por Graciela Kartofel | artnexus