Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Christine Frèrot

Sergio Vega

Galerie Karsten Greve

En 2009 y 2013, las exposiciones presentadas por Sergio Vega (Buenos Aires, 1959) en esta misma galería estaban inspiradas en las investigaciones que el artista inició en 1995 en torno a la noción de Paraíso Perdido en el Nuevo Mundo. Esta nueva propuesta, compuesta únicamente de fotografías en blanco y negro de 20151, y cuyo título parece, a primera vista, un poco sibilino –When clouds enter the forest and the art of motorcycle maintenance (Cuando las nubes entran en la selva y el arte de reparar motocicletas)– se inscribe sin embargo en la continuidad intelectual de las dos anteriores.

La configuración espacial de la Galerie Karsten Greve (para su segundo espacio situado en la misma calle) permite al visitante conjugar dos recorridos distintos entre tres pisos que deben reunirse para que las dos propuestas del artista cobren sentido. El concepto que expone Sergio Vega está inspirado en la obra de ficción filosófica de Robert Pirsig, publicada en 1974 en Estados Unidos, bajo el título Zen and the Art of Motorcycle Maintenance: An Inquiry into Values (Zen y el arte de reparar motocicletas: una investigación sobre valores). La filosofía que impregna el texto aborda temas que tienen que ver con la relación entre arte y vida cotidiana, con el placer de la vida y el goce del instante presente, con el saber y la sabiduría.

Exposición Individual: Sergio Vega  — imagen 1
Sergio Vega. Tinguely’s Sabana, 2015. Inkjet -Print en papel fotográfico. 47,2 x 35,6 cm. (18 2/3 x 14 pulgadas). Edición 1/5.

Así pues, Vega toma las ideas del libro para hacer con ellas una especie de red sensible que soporta su discurso conceptual y artístico. Las quince fotografías de la selva amazónica pueden ser vividas, tanto para el artista como para el observador, como una experiencia de luz, como el ingreso casi iniciático dentro de una vegetación de comienzos del tiempo, aquella en la que los “viajeros” deslumbrados descubren un paraíso. El fotógrafo, con un enfoque y una actitud que él pretende filosóficos, congeló el instante y paralizó el silencio de esta maraña vegetal, oscura y luminosa a la vez, cerrada y abierta, hostil y atrayente, misteriosa y sofocante. La selva se ha callado, prisionera de su mirada fugaz, nos ofrece una bóveda ligera y translúcida, atravesada por la luz del principio del mundo [Translucency (Translucidez), y Leaves like heavy brushstrokes (Hojas como gruesas pinceladas)], y nos abraza también (o nos retiene prisioneros) con el poder de sus ramas, la organicidad de sus troncos un tanto fálicos, sus raíces y sus lianas [Rough, trusty rythm, (Ritmo áspero y confiable), y Spiraling movement, (Movimiento en espiral)]. La selva puede ser oscura y sombría [Dark canopy, (Dosel oscuro)] o densamente ligera, algodonosa y blanca [Misty Forest  (Bosque de niebla 3)]. Los contrastes de la selva son infinitos. La experiencia mística comienza en ese mágico momento que está fuera del tiempo y aun de la geografía, y, como dice el artista, en “la iluminación profana” de ese instante de deslumbramiento.

Además de esta actitud romántica de contemplación considerada como una de dos opciones para comprender y vivir el mundo, Vega propone otra postura existencial que lo lleva al Mato Grosso brasileño para continuar su investigación, como en las exposiciones anteriores. Las dos salas en pisos, donde se muestran veinte fotografías, nos invitan a otra experiencia y otra reflexión. De la contemplación al conocimiento, del sentir a lo social, del placer a la cultura. Nada de antinómico, nos confirma el autor, en la asociación racional o fortuita, en este juego dialogado entre dos imágenes una sobre la otra para formar un único discurso.

Una citación de Scott Fitzgerald, como epígrafe sobre el muro, fue escogida por el fotógrafo como introducción a su propuesta de artista plástico. “The test of a first-rate intelligence is the ability to hold ideas in mind at the same time, and still retain the ability to function” (“La prueba de una inteligencia de primer orden es la capacidad de mantener ideas en la mente al mismo tiempo, y conservar aún la capacidad de funcionar”). La simultaneidad es pues necesaria para aprehender nuestra relación con el mundo, y algunas de las fotografías nos invitan a entender su yuxtaposición. En Hello Courbet, hello Kitty (Hola Courbet, hola Gatita), la bucólica imagen de una pradera con sus vacas (fotografía superior) cohabita con la visión parcial de una mesa cubierta de dibujos de la muñequita japonesa Hello Kitty (fotografía inferior). Más allá, See through (Mira a través) muestra un peñasco perforado en su centro (arriba), y abajo la visión parcial de un gallo negro y un perro acostado mirando a través de un ocultador negro. Tres fotografías hablan de una cierta modernidad, de los perjuicios que acarrea y del paso del tiempo [Modernism and discontents (Modernismo y descontentos)] (edificación de los años cincuenta- sesenta, arriba, y viejos bidones rectangulares diseminados por el suelo, abajo). Colonial/modern asocia, en esta ocasión más poéticamente, la capillita rural colonial (arriba) y un piso de cerámicas (abajo) iluminado en su centro por un rectángulo de luz. La mezcolanza de hierros viejos de Tinguely’s Sabana (abajo) es un guiño humorístico que enfrenta la acumulación producto del consumismo con la inmensidad virgen (la sabana, arriba), mientras que Balancing acts (Actos de equilibrio) pone en paralelo una garza erguida sobre sus delgadas extremidades (abajo) con una silla, metal y fibra plástica, de afiladas patas (arriba). Plato’s cave (La caverna de Platón) llama la atención pues la relación dialéctica entre “abajo” (un aparato de televisión sobre fondo de pared con grafitis) y “arriba” (la sombra que proyecta una antena de televisión por cable) es directa. Dos imágenes terminan el recorrido y tratan de la reparación de motocicletas (The art of motorcycle maintenance). Podríamos ampliar nuestra lectura de estas fotografías evocando los niveles del mundo subterráneo, el Inframundo del que hablan los aztecas. No obstante, aunque los dos niveles de imágenes de Vega nos recuerdan el Mictlan precolombino, no nos conducen al infierno sino que nos invitan a meditar sobre nuestra aprehensión comprensiva del mundo.

NOTA

1. De pequeño y mediano formato: 18,2 x 27,1 cm y 47,2 x 35,6 cm.

CHRISTINE FRÉROT

Sergio Vega, por Christine Frèrot | artnexus