Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Andrés Gaitán T.

Regina Silveira

Galería La Cometa

Visitar una exposición de la artista brasileña Regina Silveira siempre será un encuentro con una serie de juegos de percepción donde los planos bidimensionales se vuelcan y se desdoblan para dejar entrever formas escultóricas que engañan el recorrido del espectador. Será preciso recordar que Silveira trabaja fundamentalmente con cortes de vinilo adhesivo diseñados por computador que se adhieren a la pared y a los intersticios de los espacios de exhibición. De esta manera, se dibuja en el espacio otro espacio, se cambian las perspectivas de unas escaleras, se proyecta una sombra que no pertenece al objeto del cual emerge o se transforma el sentido de una esquina cualquiera pasando de una neutralidad absoluta a una lectura con trasfondo político. No deja de ser interesante ver de qué forma el dibujo bidimensional elaborado con vinilo empieza a generar un cambio espacial promoviendo una mirada que va más allá del plano, que sugiere un objeto tridimensional y que en ocasiones promueve una lectura corporal. No es ya una aproximación a una “falsedad” escultórica, a una simulación de un objeto inexistente sino que se convierte en una relación en la cual el cuerpo del espectador sostiene una comunicación con dicho universo.

Exposición Individual: Regina Silveira — imagen 1
Regina Silveira. Serie Featherdust from track, 2015. Carrito de juguete y vinilo adhesivo. Edición 1/3. Dimensiones variables.

Cuando se enfrenta una obra como Scissors (Tijeras, 2007), en la cual se desprende de un pequeño perchero metálico una larga y muy definida aunque distorsionada sombra, ¿qué sombras no son distorsionadas?; de unas tijeras, se trastoca la visualidad del perchero con la sombra que proyecta. ¿Es un juego que confunde el tiempo presente con un pasado?, ¿o, acaso es la fusión de dos objetos que generan una hibridación entre el perchero y su “extraña” sombra? Recordemos la pregunta de Merleau-Ponty acerca de la existencia de una bella flor en la mitad de un bosque, a pesar de que nadie la haya visto. ¿Realmente existe? En Silveira, muchas de las cosas que vemos son espectros de objetos que salen de la “nada”, que surgen de otros objetos cuestionando su propia materialidad. Sin embargo existen. Es así como las sombras de un objeto invisible hacen que dicho objeto se materialice, se haga realidad y surja dentro de una tridimensionalidad aparente.

Pero entrando un poco en el juego de percepciones al que nos somete la artista, es relevante hacer una reflexión acerca del tiempo de la obra. No sobra buscar en ella una conjunción de tiempos en los cuales se juntan los objetos y sus memorias. En una gran pared, con ventanas incluidas, un pequeño carro genera a partir de sus huellas una perspectiva que lo lanza, como en un acto donde la anamorfosis se hace presente, hacia otro lugar, acaso más lejano, acaso a un tiempo futuro. Nos quedan sus huellas que se traslapan entre sí como si el pequeño auto estuviese repitiendo otros caminos para llegar al mismo lugar o como si se juntasen otras memorias de recorridos pasados que convergen a un mismo punto gris, anodino y tristemente cotidiano. Silveira, con esta obra (Featherdust, 2005), juega con los tiempos, y poéticamente nos va llevando a un lugar silencioso y posiblemente psicológico que cuestiona aparentes libertades en las que todos terminamos “dibujando” los mismos recorridos para llegar a los mismos fines o a los mismos lugares. Son ilusiones generadas por el mercado, por el movimiento de la vida, por la homogeneización del gusto y, por ende, de las decisiones que tomamos.

Se hace indispensable en este punto acudir a la instalación titulada Mundus Admirabilis (2008), donde un sinnúmero de insectos tomados de antiguas enciclopedias se toman el espacio (piso, paredes, techo), se insertan en una mesa de comedor con sus platos, copas y mantel, y llegan a hastiar y a redundar en su propia “insecticidad”, en el sentido de la plaga, de aquello contra lo que la humanidad entera ha luchado desde hace milenios y sigue acrecentándose. El insecto nunca ha sido bienvenido porque se le relaciona con el mal voraz, con el descuido, con algo que toca mantener al margen pero que nunca, como lo reseñaba en un discurso García Márquez, desaparecerán. El insecto sobrevivirá al ser humano y a todas sus armas más letales. Viene del pasado para quedarse para siempre. El insecto dentro de su anacronismo, y así se le ha reseñado en esta obra de Silveira, es un símil de la corrupción. Un mal que aqueja a todos los países hoy en día y que viene desarrollándose cada vez con más fuerza, con más tentáculos. Es imposible controlar la corrupción porque ella se cuela por todas partes, invade territorios, se mete en la cotidianidad, y como fantasma, como sombra de antiguas plagas, la vamos consumiendo e incorporando en nuestras vidas. Es de esta manera que Silveira nos devuelve con su obra un espejo que refleja en anamorfosis lo que somos.

ANDRÉS GAITÁN T.

Regina Silveira, por Andrés Gaitán T. | artnexus