Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Érika Martínez Cuervo

Pablo Mora

La Balsa Galería

22 de octubre (2013) de Pablo Mora se consolida como un proyecto artístico que constituye la imagen total de un proceso de investigación-creación en el que expedientes judiciales fueron transformados en objetos estéticos que propulsan cuestionamientos de toda índole. Es una propuesta que nace a partir de una vivencia personal: el padre del artista fue asesinado en la fecha que la titula, un reconocido abogado y académico que, como lo señala Mora, “se convirtió en un radicado más de los tantos que están amontonados en los despachos judiciales”. La determinación de desarrollar una apuesta creativa, precisamente con el archivo de la oficina de su padre, estuvo dirigida desde el inicio a reactivar el debate sobre un hecho recurrente en Colombia: el abandono de procesos que entierran las posibilidades de justicia.

Exposición Individual: Pablo Mora — imagen 1
Pablo Mora. Papeles (25), 2013. Manuscritos e impresiones de papel deteriorado. 47 x 37 cm (18 1/2 x 14 9/16 pulgadas). Foto: Lina Vélez.

El trabajo del artista se soporta en un proceso de observación y selección cuidadoso de la materia prima con la que comenzó su travesía tres años atrás. No es menor al señalar esto, referirse a la fascinación de Mora por el acto de contemplación; él mismo reconoce que esa manía lo acercó a la filosofía y al arte. Por lo mismo, no le resultó sencillo decidir cuáles expedientes serían los que harían parte de 22 de octubre; el peso de su historia personal estaba presente, y tomar distancia de ésta resultó todo un reto. Cada elección significó proyectar la manera en que la densidad simbólica de esos objetos se convertiría en arte. Luego de ese trabajo curatorial –si se puede categorizar así– vinieron las intervenciones indirectas en los documentos, lo que Mora denominó un “deterioro acelerado”, proceso que fue factible por la colaboración de profesionales en áreas como la biología y la restauración. 22 de octubre no puede pensarse como un proyecto concluido, su naturaleza física y conceptual es en esencia pura apertura; no existe la probabilidad de clausurar su fuerza dramática. Una vez las obras están dispuestas en un espacio, su carácter múltiple respira.

Gabinete (2013) es una pieza instalativa en la que nos enfrentamos a un escritorio atestado de expedientes, estrategia con la que el artista imposibilita su uso y, sobre todo, da forma a la complejidad e incompetencia del sistema judicial colombiano. Es una de las imágenes de mayor potencia cuando se monta el proyecto; su teatralidad –la del Gabinete– realza la significación de las otras piezas. En 22 de octubre hay una complicidad entre los objetos estéticos que entran en acción; la resolución del montaje es determinante. Cubiertas, Folios y Papeles fueron las series que se exhibieron en La Balsa y que entraron en juego con Gabinete y Abandono, esta última una videoinstalación en la que un bulto de expedientes amarrado es “reanimado” por el efecto de una lámpara que lo ilumina directamente. Es una pieza que condensa cierta intimidad y melancolía, atmósfera que se refuerza con el humo moviente que registra el video, una disputa entre lo vivo y lo muerto de la materialidad misma. La imagen que acompaña esta reseña corresponde a la serie Papeles, hojas extraídas de los memoriales que ilustran el desvanecimiento de sus contenidos; la manera en que Mora las expone deja ver en detalle su corporeidad, el efecto de palimpsesto que ha generado el hecho de estar archivadas. En algunos casos, el artista ha realizado unas leves intervenciones para acentuar sus formas o para hacer ilegibles los textos o imágenes allí registradas.

En su proyecto anterior, Construcciones oscuras (2011), donde la pintura es el lenguaje desde el que Mora hace sus disertaciones, ya se evidencian algunos de sus intereses centrales: una reflexión crítica sobre la memoria, el reto de hacer visible un tiempo inubicable, el trabajo con la técnica de la veladura (y las metáforas visuales que ésta contiene), y la constitución de un territorio visual en el que emerja una conciencia histórica. “Construcciones oscuras es una huida, son pinturas que ilustran unos ambientes oscurecidos, unos horizontes apenas perceptibles, un espacio vacío, el drama en contradicción con una especie de calma. Son imágenes de la huida –en muchos sentidos– luego de la maraca que dejó la muerte de mi padre. Su materialidad pictórica es la antesala definitiva para concebir 22 de octubre técnica y conceptualmente”.

Pablo Mora resucita un archivo; la forma en que lo hace es convirtiéndolo en otra cosa, “es un proceso muy bello, pero desgarrador a la vez. Aquello que parecía muy legible en esos documentos originales, es pervertido. Lo vuelvo borroso, lo ubico en un tiempo-espacio inexistente”. Mora hace uso del discurso y las formas de un archivo que contiene historias de vida y la memoria individual y colectiva de una geografía. Cada pieza desmonta significaciones de los documentos originarios que la constituyen, hay de manera decidida un desplazamiento del relato oficial de esos textos judiciales, desapariciones aleatorias de unos contenidos olvidados, las vidas de individuos en suspensión. Mora destituye la verdad de esos memoriales, y con técnicas experimentales propicia la emergencia de otra memoria.

ÉRIKA MARTÍNEZ CUERVO

Pablo Mora, por Érika Martínez Cuervo | artnexus