Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Ayelén Vázquez

Matilde Marín

Del Infinito

Matilde Marín presentó en la galería Del Infinito su última producción de obras, bajo el título Paisajes indeterminados. Un conjunto de fotografías que continúa un trabajo iniciado a mediados de los noventa, en sus conocidas series Paisajes horizontales y Paisajes intervenidos, en las que indagó sobre las posibilidades del lenguaje fotográfico a partir de tomas realizadas en espacios abiertos de distintos lugares de Sudamérica.

En esta nueva serie, la artista amplía sus horizontes hasta Vietnam, donde registró las rocas de la bahía de Halong, lugar declarado Patrimonio de la Humanidad. Pero esta experiencia rápidamente fue atravesada por los diversos recuerdos de los paisajes argentinos. En las grandes fotografías expuestas en la galería observamos las rocas asiáticas integradas a la estepa patagónica y bajo el luminoso cielo de las Salinas Grandes de Jujuy.

Exposición Individual: Matilde Marín — imagen 1
Matilde Marín. Paisajes indeterminados, 2015. Fotografía análoga con intervención digital. 95 x 115 cm (37 13⁄32 x 45 9⁄32 pulgadas).

Estos diferentes registros analógicos fueron transformados a partir de un profundo trabajo de intervención digital; el alto grado de destreza en la resolución de las imágenes y la sutileza en la elaboración de las imágenes conforman una imagen resultante que se presenta bajo el aspecto de un paisaje nuevo, donde no logramos descifrar si son lugares imaginarios o simplemente desconocidos por el espectador. La incógnita de su origen, la atemporalidad de la imagen y las escasas referencias geográficas envuelven estos paisajes en un velo de misterios.

Por otra parte, el enigma de estos paisajes indeterminados se acentúa al ser expuestos junto a pequeñas fotografías de paisajes reales. Esta contraposición propone un juego entre lo natural y lo artificial; una confrontación oculta, ya que el paisaje adulterado se presenta como real y esconde su dimensión artificial.

La definición de paisaje permite dos entradas de significado: como extensión de terreno que se ve desde un sitio y como imagen que representa cierta extensión de terreno. Los paisajes de Marín son desconocidos y conocidos a la vez; creados por una aglomeración de experiencias, vivencias y registros de la artista, componen una imagen que cruza ambas acepciones y proponen una nueva: una imagen que representa diferentes extensiones geográficas captadas en distintos instantes.

Junto a Paisajes indeterminados, en la segunda sala de la galería, se exhibió El viaje imaginario de Kazimir Malevich. Un conjunto de dieciséis fotografías analógicas –tomadas por la artista a lo largo de varios viajes y recorridos por distintas ciudades– intervenidas digitalmente con figuras geométricas. En Varsovia vemos una escena del invierno en la capital polaca, en la que se documenta un complejo de edificios de viviendas –construidos durante la época comunista– cubierto por una capa de nieve, la cual fue intervenida por una elipse blanca. Esta forma suprematista en el paisaje urbano establece un diálogo en el resto de la composición, donde, en el espacio puro, cinco líneas negras crean un elegante dinamismo que confronta en armonía la abstracción geométrica y el registro fotográfico.

Marín no indaga únicamente paisajes exteriores sino que también se detuvo en el interior de las arquitecturas. En Santiago de Compostela reitera la misma intervención en una fotografía de una sala de video en el interior del Centro de Arte Contemporáneo de Compostela. En ella, nuevamente utiliza el círculo pero esta vez en negro, que simula estar proyectado en la pantalla de una computadora. En la parte inferior de la composición, por fuera de la fotografía, la artista disfruta de la belleza de la composición geométrica a través de tres rectángulos negros que interactúan con los tres escritorios de la imagen.

Sin olvidar sus antecedentes, la composición de estos trabajos remite a la experiencia de la artista con el grabado. Marín inició su carrera profesional en torno al lenguaje gráfico pero siempre en una constante búsqueda por romper las normativas de cada disciplina. Alcanzó grandes reconocimientos, como el Gran Premio de Honor Salón Nacional de Grabado (1985), y realizó reconocidas obras como Mitos de creación (1993) o Tierra prometida (1997), entre otras. A finales de los noventa incorporó en sus indagaciones artísticas la fotografía y el video, donde continuó destacándose por la calidad de producción de sus obras.

El viaje imaginario de Kazimir Malevich es también el título del libro creado por Matilde Marín y José Emilio Burrucúa, que reproduce las obras completas de esta serie y un atrapante ensayo del historiador, a partir de la motivación de las obras de Marín, un intrincado viaje del artista ruso por Europa y Rusia antes de su nacimiento; a partir del rastreo de las mismas formas suprematistas.

AYELÉN VÁZQUEZ

Matilde Marín, por Ayelén Vázquez | artnexus