Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Viviana Saavedra

Marcelo Pombo

Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat

La Fundación Amalia Lacroze de Fortabat exhibió la muestra Marcelo Pombo. Un artista del pueblo, una impactante y conmovedora exposición retrospectiva curada por Inés Katzenstein. Con acento en lo museográfico, el recorrido se organizó en siete núcleos relacionados con los distintos lenguajes que el artista fue adoptando a lo largo de su trayectoria.

Desde el título, se advierte en el discurso curatorial una voluntad reivindicatoria, tendiente a ubicar el trabajo de Pombo (Buenos Aires, 1959) por fuera del encasillamiento a que fue sometido cierto arte producido en los años noventa en Buenos Aires, arte al que se tildó de “light” o “rosa” para diferenciarlo del arte políticamente comprometido. Dentro de la muestra se incluyen, mezcladas, casi camufladas, obras de artistas que participaron de los intereses de Pombo. El lugar que reunió a este grupo fue el Centro Cultural Rojas, sitio de referencia para el arte de aquel período.

Exposición Individual: Marcelo Pombo — imagen 1
Marcelo Pombo. Skip ultra intelligent, 1996. Caja de cartón de jabón en polvo, gemas de plástico, stickers y pintura acrílica con relieve. 15 x 19 x 19 cm (52 9⁄32 x 7 31⁄64 x 7 31⁄64 pulgadas). Colección particular.

La condición de vida del artista se enlaza íntimamente con la forma en que estableció relación con la creación y con el arte. Las dificultades económicas, y el hecho de mantener en silencio por bastante tiempo su condición de muchacho gay, hicieron que la necesidad fuera la fuerza vital que lo empujara y orientara hacia el mundo del arte. La necesidad, ese “impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido”, funcionó como ese estado que Deleuze puso por delante de cualquier otra condición al definir el acto de creación.

En el texto del cuidado libro-catálogo editado para esta exposición, el crítico Claudio Iglesias rescata una de las ideas más relevantes expresadas por el artista en relación con su producción artística: el lema de “el metro cuadrado”, que propone que “todo lo interesante, para Pombo, se reduce a lo que le queda más cerca: en una superficie de un metro cuadrado cuyo centro fuera él mismo”. Y dentro de ese metro cuadrado está la impronta popular, los materiales pobres en San Francisco Solano, donde trabajó como maestro especial, un entorno de manteles de hule, guirnaldas de papel y moños de cinta.

Pombo declara que sus prácticas micropolíticas pretendían alejarse del arte político. Según sus propias palabras, el arte es un lujo, un medio instantáneo de lograr el lujo mediante la fuerza decorativa: “el mundo tiene que decorarse”, expresa al público presente en la visita guiada organizada por la Fundación días antes de la clausura de la muestra. Así, se reafirma en la experiencia por delante de la idea, que para él se practica demostrando una devoción por el objeto. Bajo esas condiciones aparece una práctica especial de la ornamentación, que no funciona como agregado o como algo que se ha adicionado para hacer más vistosa o más deseable una cosa, sino que más bien el acto de ornamentar se convierte en un acto de veneración. Y esa voluntad de actuar sobre el objeto, esa energía transmitida, hace que lo agregado se haga carne del objeto elegido, que se fusione a él sin desdibujarlo, sin anular su origen, sino más bien exponiéndolo en toda su potencia para poder celebrarlo. La belleza parece provenir de un uso magistral del sentido común; esa “facultad para orientarse en la vida práctica”, tal como la nombró Henri Bergson, se manifiesta como causa y efecto de la necesidad más genuina de crear. Pombo parece llegar a la realización del espíritu en la materia, esa correspondencia justa que Hegel atribuyó sólo al arte clásico griego.

Mención aparte merece su proyecto MAAR (Museo Argentino de Arte Regional), un museo virtual desarrollado entre 2012 y 2014. El foco estuvo puesto, tal como declara, “en los artistas del pasado que quedaron excluidos del canon modernista”. Lo que más le atrajo es el modo en que algunos artistas argentinos traducían este canon y hasta demostraban cierta incompetencia en ese proceso. Cándido López y Prilidiano Pueyrredón le resultaron los pintores más sugerentes en este sentido. “Podría asegurar que el 90% de las imágenes que subí a este museo virtual fueron sinceros homenajes a artistas que siempre me gustaron o fotos de obras que me agradaban de artistas que no conocía”, explica.

Frente a la audiencia, finalizando el recorrido guiado por la muestra, Marcelo Pombo se autodefine como “un artista provinciano, malo”, y los asistentes ríen ante el comentario. Él permanece serio, da la sensación de que esa reflexión fue expresada desde la autenticidad más plena.

VIVIANA SAAVEDRA

Marcelo Pombo, por Viviana Saavedra | artnexus