Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Florencia San Martín

Manuela Viera-Gallo

Y Gallery

Manuela Viera Gallo nació 1977 en Roma durante el exilio de sus padres. A sus ocho años se fue a Chile, el país que había dejado antes de nacer por la dictadura de Pinochet, y en 2005 se mudó Nueva York, donde reside en la actualidad. Viera Gallo ha hecho de su experiencia de tránsito y migración el tema central de su obra, cruzando astutamente temas como la memoria y los regímenes autoritarios; las relaciones de poder; y las relaciones entre distopía y utopía que operan en los bordes geopolíticos y culturales de los Estados-Naciones modernos.

Durante el mes de julio, en el nuevo y luminoso espacio de galería Y en la calle Grand de Nueva York, Viera-Gallo exhibió Jauja, título tomado de la mitología popular, donde Jauja es un país imaginario de abundancia y de placer. Jauja, la segunda exposición individual de la artista en la galería Y, se compuso de seis dibujos de medio formato realizados con aserrín, un mural de gran formato instalado en el fondo de la galería realizado también con aserrín, una pintura figurativa y tres esculturas –como hace un año en la Bienal de las Fronteras, donde Viera Gallo presentó una primera versión de Jauja y recibió el premio de adquisición del jurado– hechas con estacas y bases de madera. Jauja existía ahora a través de las múltiples sensaciones que emanan del deseo del viaje y de migrar. 

Exposición Individual: Manuela Viera-Gallo — imagen 1
Manuela Viera-Gallo. Catching Dream, 2015. Técnica mixta. 25 x 25 cm (9.8 x 9.8 pulgadas). 2015.

Según cuenta la leyenda, Jauja fue “descubierta” y entonces “inventada” en 1533 por Hernando Pizarro, cuando el conquistador español llegó a la región de los Hatun-Xauxas del Imperio inca. Maravillado por sus ríos de vino y de leche, por aquel fluido que atravesaba sus hermosas montañas exquisitas, Pizarro pensó que la riqueza abundante de Jauja era la precisa para el pueblo español, para aquel que emigraba a las Américas en busca de cascadas deslumbrantes en un cielo siempre azul. Así, palabras en inglés como cambio, futuro y bordes están inscritas en los dibujos de aserrín de Viera Gallo, tatuadas, como en La emigrante, en el rostro de una indígena que sonríe vehementemente. Pero no se trata de la impregnación del deseo del conquistador en el rostro del conquistado. Al contrario, la mirada de La emigrante es como su sonrisa exaltada, exacerbación que parece eterna al fijarse en el dibujo del aserrín como representación naif. ¿Se trata de una máscara? Tal vez. Tal vez los estereotipos no son sino las máscaras de los sujetos migrantes. “Pero el que emigra también recuerda”, dijo Viera Gallo sobre el gran mural instalado en el muro del fondo de la galería. “Yo nunca he dejado de pensar en Chile”. Así, la cordillera dibujada por la artista en el mural podría ser la cordillera de los Andes, y, si así lo fuera, se podrían leer los múltiples relatos de su imaginario histórico y cultural: cruzar los Andes, salir de Chile, pensar un país como su paisaje, como ha insistido en varias ocasiones el antipoeta Nicanor Parra. Pero, ¿no podría aquel mural ser otra cordillera al mismo tiempo? ¿Jauja? ¿Un país que ya no es mitología sino el deseo de la artista de viajar pero también de volver? La muy elocuente narrativa visual que propone Viera Gallo no intenta comparar el mito de Jauja con las obvias referencias al llamado sueño americano, como se podría leer a simple vista, ni tampoco fusiona el deseo del conquistador con el del conquistado. Al pensar como máscara el rostro de La emigrante y el de los sujetos de Cronograma I, II y III realizados por Viera Gallo, y al considerar que los sujetos de Cronograma IV no tienen rostro sino contorno, la exposición, como el concepto de ambivalencia de Homi Bhabha, tiene más que ver con la oposición constante de las percepciones y dimensiones de la cultura. Por las máscaras y el contorno, por un lado, y por una cordillera que alude también a otras cordilleras posibles, por el otro, el sujeto migrante se resiste a su clasificación, a su categorización como aquel que sólo desea lo que la cultura dominante pueda entregarle. Viera Gallo, entonces, muestra los estereotipos que los sistemas de vigilancia han diseñado para el control de sus aduanas, sin dejar en ningún momento de recordar, de volver a partir.

Al entrar en la galería, los visitantes se encontraban con una gran escultura que interrumpía de inmediato la utopía de Jauja. Situada en el centro de la sala y titulada Catching Dreams, la escultura tenía una base negra y cuadrada de la cual salía media centena de estacas en forma de círculo y hacia el exterior. Aludiendo por su forma a un objeto más bien pesado e imponiéndose como amenaza y como elemento de incomodidad, las estacas no intentaban simular su distopía; no tenían máscaras que escondieran su crudeza, aunque su nombre fuera Catching Dreams (Cazadora de sueños). Así, desde el centro de la galería emanaba aquel momento incómodo que hacía a los espectadores, como ocurrió el día de la inauguración, acercarse y alejarse de las puntas de las estacas como podría, tal vez, ocurrir en las subjetividades de los migrantes que quieren recordar para volver a partir.

FLORENCIA SAN MARTIN 

Manuela Viera-Gallo, por Florencia San Martín | artnexus