La obra de Lorena Wolffer se ha caracterizado por las exploraciones de los límites del cuerpo, en los términos en los que sirve como frontera, extensión, conductor y recipiente. Su trayectoria como artista puede verse –en perspectiva– como una réplica que fue creciendo en sus alcances, yendo en contra de la objetualización del cuerpo, primero en cuanto su persona, luego en cuanto a los estereotipos culturales, luego en cuanto a los medios y, finalmente, en cuanto a un activismo social. Wolffer parte de simulacros y placebos para poner énfasis en una descalificación, cosificación y violentización de género que ha prevalecido en México. El camino que la llevó a ser una activista social y una feminista, según ella misma le cuenta en entrevista a Octavio Avendaño (curador de su exposición en el Museo de Arte Moderno), tiene su germen –desde la conciencia del cuerpo y sus extensiones– en su primer performance, pero no se afirmó –en términos políticos y sociales– hasta su regreso de un estancia de dos años en San Francisco, cuando empezó a trabajar “con feministas, activistas sociales, abogadas, trabajadoras sociales y académicas”.

Expuestas: Registros públicos no es, en sentido estricto, una retrospectiva, aunque recoge y revisa trece intervenciones hechas por la artista entre 2007 y 2013 en distintos espacios (públicos y privados), en las que la idea de acción (o performance) se extiende (o confunde) con la denuncia pública y el activismo social. La exposición parte de los documentos de cada una de estas acciones y deriva en las piezas que fueron generadas a partir de ellas; en términos alegóricos, son materiales en transformación. Las acciones y los testimonios son representados, o asumen un peso mágico-religioso, a partir de otros objetos (o, también, el cuerpo de la artista), desde una resignificación o transferencia que se hace posible comenzando la narrativa creada con los testimonios reunidos por la artista para este fin. Aunque, más bien, su obra parece ser un medio que busca alcanzar otros derroteros desde una campaña (o anticampaña, como nos señalan sus antecedentes) no sólo de concientización sino de trabajo social. Lorena Wolffer ha sido apoyada en estas acciones por organizaciones e instituciones como la ONU Mujeres, Inmujeres DF, la Fundación Ford, la Fundación Diarq IAP, la CONAVIM, la Red Nacional de Refugios, la FEVIMITRA y la CAVI, quienes han abierto sus puertas y hecho posible gran parte de las intervenciones públicas presentadas en estas exposición.
Estas intervenciones públicas, según su cronología, generan una narrativa que –como he dicho– deriva desde la acción pública al fetiche y a la transferencia, para acabar usando –de manera negativa– iniciativas y estrategias de propaganda. Las describo a continuación para hacerlo más evidente. 14 de febrero, realizada en 2008, en la que Wolffer se dedicó a repartir chocolates envueltos con fragmentos del testimonio de Fabiana, mujer que conoció en el refugio de la Diarq IAP y que era obligada por su marido a vender chocolates en los semáforos. Además de los documentos del performance, los chocolates con el testimonio de Fabiana han sido recuperados y son exhibidos dentro de un cilindro transparente.
Encuestas de violencia a mujeres, intervención pública en la que Wolffer, con un puesto, encuestó a dos mil mujeres sobre si habían sobrevivido a algún tipo de violencia (a las que decían que sí, se les daba un botón rojo; a las que no habían sido víctimas, un botón verde); la acción se extiende al museo, donde el público puede pegarse los botones según haya sido víctima de la violencia (o sepa de alguien que lo ha sido) o no.
Muros de réplica, cinco fotografías que documentan esta acción dispuesta junto al asta de la bandera del Zócalo, donde las mujeres que pasaban escribieron las palabras que hubieran querido decirles a sus agresores. De 2009, Inventario, una serie de carteles puestos en lugares públicos que describen con cifras oficiales las agresiones más comunes a las mujeres sobre las siluetas de actrices emblemáticas del cine nacional.
Acta testimonial, instalación en la que se hace un contrapunto entre los insultos con que eran agredidas mujeres del refugio Diarq IAP, expuestos sobre los muros, y las voces grabadas de las respuestas de las víctimas. De 2010, Fe de hechos, performance en el que Wolffer narraba las historias de violencia contra las mujeres mientras moldeaba masa negra y la envolvía y ataba con trozos de fieltro gris. La acción tiene una continuación dentro de la exposición; el público es invitado a hacer lo mismo, con los mismos materiales. De 2011, Conversando la violencia, cinco fotografías que documentan una colaboración pública hecha en el Parque España con ocho mujeres albergadas en el Refugio Diarq IAP. Evidencias, donde son expuestos con un número en vitrina, cual catálogo vivencial, los objetos que fueron usados en contra de 103 mujeres, quienes se los dieron a la artista, acompañados de sus historias. Antimemorias: Enmiendas públicas, tres series de fotografías que documentan una acción de seis horas en una carpa del Zócalo, donde el público (unas ochenta personas) usa su propia experiencia para curar, sobre el cuerpo de la artista, la violencia sufrida por un grupo específico de mujeres, para luego narrar los actos violentos de los que han sido víctimas, y después dar sus propias recetas en contra de la violencia femenina. Esto llevo a Wolffer, en 2013, a Mapa de recuperación, una acción donde curanderos de China, Gales y Brasil curan sobre su cuerpo, metafóricamente, la violencia inflingida sobre un número específico de mujeres. Como documento, se presenta un video, editado por Ximena Cuevas, del performance hecho por la artista con la hierbera galesa Sara Bernard, en Inglaterra. Las últimas tres piezas, Memorial, pieza interactiva en la que el público asistente (las mujeres que hubieran sido víctimas de cualquier tipo de violencia) ponía sus nombres (que tuvo, como extensión, un sitio en la red); Recetas contra la violencia hacia las mujeres, tapetes de recibidor con recomendaciones a este respecto impresas encima, y Réplicas, extensión de Muros de réplica, en la que se reproducen las respuestas públicas dadas por las mujeres a sus agresores en los postes de luz del jardín del museo.
RICARDO POHLENZ
