Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Santiago Rueda

Karen Aune

Faro del Tiempo

En su tercera exposición individual en la ciudad –Neoptiks, su exhibición anterior, fue presentada en el MAMBO en 2010–, la artista brasilera residente en Colombia realiza una sorprendente muestra, una especie de declaración de principios estéticos, donde toma el espacio de la Fundación El Faro del Tiempo como un laboratorio para presentar sus más recientes obras, que dan continuidad a sus reflexiones sobre la naturaleza, la tecnología, el diseño, el hábitat y la vida artificial, valiéndose de piezas en acrílico y madera de pequeño, mediano y gran formato, planos, maquetas, objetos, e incluso, plantas carnívoras.

En un medio como el bogotano, donde los artistas trabajan orientados por la noción de crisis –económica, ecológica, política, psíquica–, el lapso tropical de Aune sorprendía por su exuberancia, ambición y descarado optimismo. El interés por la evolución matemática de formas vegetales y sus probables transformaciones constituía el eje de la exposición, y Aune se dedicaba a poner a prueba, en diferentes modelos y escenarios, si pueden llamarse así, sus variaciones sobre la forma.

Exposición Individual: Karen Aune — imagen 1
Karen Aune. Lapsus Trópicus, 2015. Intervención en sitio específico. MDF, espejos cóncavos y sonido wav de 51 min en loop. Dimensiones variables.

La mayoría de las piezas están construidas en madera y acrílico, desarrollándose en unas progresiones físicas que se destacaban por su elegancia y elocuencia. La pieza principal, de 15 metros de largo y dispuesta en una sala con espejos, era una demostración de lucidez y atrevimiento formal, y justificaba, por sí sola, la existencia de la exposición. Sin embargo, Aune, una artista que se destaca por su rigor, atención al detalle y obsesión por el resultado final, emplazó en el primer piso del espacio una serie de modelos a escala, planos y diseños que no solamente “explicaban” el proyecto, promovido por el Departamento de Diseño de la Universidad de los Andes, sino que permitían disfrutar, en extensión, el jardín botánico biotecnológico de Aune, cargado de alusiones al modernismo brasileño, a la ciencia ficción y a cierta psicodelia, proveniente no solo del exotismo de estas formas postvegetales, sino también del acrílico verde, que daba a la muestra, curada por Andrés García Larrota, libertad y voluptuosidad.

Las más de sesenta maquetas expuestas permitían conocer a fondo el inventario de formas que la artista ha creado en los dos últimos años, y adentrarse, a escala, en el mundo que Aune está diseñando para el futuro. Las versátiles formas creadas por la artista escapaban a la mera variación formal y se movían en lo probable entre ser modelos de construcciones del futuro –torres, ductos, naves, edificios habitacionales, graneros, invernaderos– ; objetos de diseño; prótesis mecánicas y/o médicas; imágenes de cadenas de ADN; e incluso, esqueletos de artrópodos o crustáceos.

Y es que hay algo inquietante y siniestro en este jardín, precisamente, la sensación de peligrosidad de estas estructuras espirales de puntas agudas, algo que la artista subraya al incluir las ya mencionadas plantas carnívoras junto al díptico en madera Ya-te-veo (2012), una impresión en madera de una historia extraída de un libro de fauna y flora científica del siglo XIX, donde se afirmaba la existencia de una gigantesca planta carnívora, el Ya-te-veo, que devoraba a los hombres de los en ese entonces Estados Unidos de Colombia.

No menos importante, pero más tranquilizadora, era la intervención acústica de Alejandro Zuluaga y Pol Moreno, quienes se valieron del mismo recurso de las mutaciones de la forma y sus progresiones temporales para crear una cortina auditiva. Lo más interesante es que Zuluaga y Moreno escogieron para su intervención ciertas características, que podríamos llamar topográficas, de las plantas seleccionadas por Aune –Araceae, Areca, Heliconia, Bromelia, Monstera deliciosa–.

Siguiendo el recorrido de la obra de Aune, no dejan de sorprender su versatilidad, exigencia y evolución. Su última muestra, la ya mencionada Neoptiks, se componía principalmente de una pintura hiperrealista modular de 12 metros de extensión, donde también se hibridaban formas orgánicas logradas a través de los medios digitales. Pero, a diferencia de esta, en Lapsus tropicus la artista logra llevar al terreno material y objetual las criaturas biomecánicas y las construcciones artificiales que antes aparecían en sus telas/pantallas.

Escapando de ciertos lugares comunes donde se sitúan los debates entre naturaleza y cultura, y de la tradición de la botánica política, es de esperar que la estimulante aparición de una exposición atrevida como esta haga florecer creativamente a la a veces demasiado uniforme escena bogotana.

SANTIAGO RUEDA

Karen Aune, por Santiago Rueda | artnexus