Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Sylvia Werneck

José Resende

Galería Millan

Planos, puntos de equilibrio, vacíos –elementos clave en el universo de la arquitectura–: explorar sus posibilidades es operación recurrente en la poética de José Resende y efecto colateral fructífero de su formación. Poco después de una retrospectiva en la Pinacoteca de São Paulo, el artista ocupa con obras igualmente inéditas y recientes la Galería Millan, en exposición individual abierta entre agosto y septiembre de 2015; en escala más reducida, los trabajos conservan el recurso (para usar un término arquitectónico) de la relación directa con el espacio. Así como la inmensidad del horizonte de la ciudad era el ambiente con el que se relacionaba el monumental conjunto de vagones de tren abandonados que Resende dispuso con un lado erguido en su intervención para el proyecto Arte/ciudad de 2002, aquí la relación de la dimensión espacial es menor, aunque no menos impresionante. Si allá el diálogo se daba con el tejido urbano, en la galería la conversación es más íntima, establecida con un visitante por vez.

Exposición Individual: José Resende — imagen 1
José Resende. Corpo de Prova II (Cuerpo de prueba), 2015. Acero inoxidable y alambre de acero. 300 x 665 x 90 cm (18 7⁄64 x 261 13⁄16 x 35 7⁄16 pulgadas).

Ya desde la entrada, el espectador queda impactado por una escultura que desafía la estrechez de la pared y amenaza desprenderse de ella, al mismo tiempo que los vacíos enmarcados por las formas tubulares de latón proporcionan respiros que apaciguan la aparente inminencia de la caída. Se trata de un (des)equilibrio calculado, posibilitado por un amarre interno con cables de acero. Up Side Down (2015) es obra inédita del artista, que completa este año cinco décadas de carrera.

Si es más conocido por el empleo de materiales fuertemente ligados con la construcción, como hierro, madera y piedras, José Resende trabajó también con elementos más “blandos”, como parafina, cuero, cuerda y plástico, sobre todo al inicio de su carrera, pero que resurgen a medias con sus formas orgánicas. Recordemos sus 130 camisas colgadas en cuerdas que esquivaban las columnas del Centro Mariantonia, en 2005. En la muestra actual, sin embargo, emplea las materias de matriz industrial, aunque aplicadas a un espacio que proporciona un disfrute privilegiado, resguardado de la premura y el bullicio de la metrópolis, casi una muestra metonímica: un individuo en lugar de la población, la galería en lugar de la ciudad.

Cuerpo de Prueba II, de 2015, ocupa la sala principal, cortando oblicuamente el espacio. Igualmente “aireada”, se implanta como ensayando el límite de una improbable elasticidad de sus materiales. Las vigas de acero pulido unidas por las extremidades por una cuerda crean la expectativa del cercano balanceo pendular, que no se da, a no ser en la mente del espectador. La ligereza de las líneas que apuntan hacia lo alto replica las triangulaciones formadas por la proyección de sombras, así como en Up Side Down, pero contrastan con el peso, evocado por Dobleces (2015), al lado de la sala. Esta, con su oscuro hierro oxidado, juega con otros elementos. Busca el suelo, con su encaje de una chapa esférica doblada, cortada por una medialuna, que tal vez también pudiera ser encajada en otro corte en la esfera, generando nuevas formas. Imposible no pensar en los Bichos de Lygia Clark y los dobleces de Amílcar de Castro, mantenidas las diferencias debidas de las propuestas. Mientras que Lygia Clark proponía la participación del público, que, al manipular las obras, crearía nuevas formas, Amílcar de Castro desafiaba la rigidez del material a partir de una chapa interpretada como única, que al ser doblada o cortada ampliaba las posibilidades de obtener el máximo de variaciones con el mínimo de gestos. Dobleces, aunque tenga, en el piso superior, “descendientes” en dimensiones más reducidas, ofrece una apertura más controlada, pero no se puede negar la proximidad formal. Tal vez no se trate de mera coincidencia investigativa – el mismo José Resende, en entrevista de la revista ARTE!Brasileiros, parafraseó a Willys de Castro al declarar que “en arte, quien no tiene padre, es hijo de puta”.

Paulist nacido en 1945 y graduado como arquitecto de la Universidad Mackenzie, José de Moura Resende Filho tuvo como colegas a Rui Ohtake y Decio Tozzi. Trabajó en la oficina de Paulo Mendes da Rocha, cuya postura abierta le permitió aprender mucho. Al entrenamiento en el arte de pensar las formas en su inserción en el entorno urbano y social agregó un pensamiento estético moldeado, en un primer momento, por clases de dibujo con Wesley Duke Lee. En los años sesenta, junto con éste, Geraldo de Barros y Nelson Leirner, creó el irreverente Grupo Rex, uno de los pioneros de los happenings en Brasil. En 1970 fundó con Federico Nasser, Luiz Paulo Baravelli y Carlos Fajardo un centro de formación artística de orientación libre y métodos alternativos, la Escola Brasil, que funcionó por cuatro años. Enseñó en las universidades Mackenzie, FAAP y PUC-CAMP y fue coeditor de la revista Malasartes. Desde su primera exposición colectiva, en 1965, en el Museo de Arte Contemporáneo de São Paulo, el artista ha realizado innúmeras exposiciones individuales y participado en las muestras más prestigiosas, como la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel, la Bienal de Mercosur, la Bienal de París, entre otras, y en varias ediciones de la Bienal de São Paulo.

SYLVIA WERNECK

José Resende, por Sylvia Werneck | artnexus