Como un significativo creador, Joaquín Torres-García transgredió las normas establecidas, como se percibe en sus obras y lo declara en sus pensamientos fundamentales, expresados en conferencias y por escrito. En la articulada exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York quedan en claro de principio a fin dos de ideas fundamentales para el maestro: “El tiempo es uno de los convencionalismos humanos”. La otra gran reflexión de Joaquín Torres-García consiste en que figuración y abstracción no son dos zonas opuestas ni excluyentes, sino que pertenecen a una misma situación. El fluir de las obras en esta exposición descubre series y aportes, tales como los tempranos retratos de espaldas que anticipan la coherencia figuración-abstracción, la relación entre la madera con rusticidades seminaturales y la pintura; la interacción entre el dibujo y la pintura, entre el artista y el empresario de juguetes escultóricos, entre el pintor y el docente, entre el temprano vínculo con el Art Nouveau, que tocaba todas las áreas de la creación en la época de su residencia en Barcelona, y aquellos que se enfrentan a ser sólo pintores. The Arcadian Modern, la exposición de Joaquín Torres-García (Uruguay 1874-1948), está enfocada cronológicamente. Esta reseña incluye una breve biografía1 que revela que Joaquín Torres-García anticipa la actualidad desde diversos puntos vista. Para comenzar, uniendo su niñez y nuestro presente en 2015, es fundamental reconocerlo como migrante motivado a partir de razones trágicas como la Primera Guerra Mundial, la cancelación de su contrato con la Generalitat y el fascismo.

El interés de Joaquín Torres-García por la madera surge desde su niñez en un almacén de ramos generales que tiene su padre en Montevideo, inmigrante español quien decide en 1891 regresar a España llevando a su familia. Joaquín Torres-García tiene 17 años. Allí activa sus estudios en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Mataró y los continúa al año siguiente en Barcelona. Joaquín Torres-García integrará la madera –cruda, no refinada–, en los frescos y la pintura. En esta exposición hay numerosos e importantes relieves, pinturas y objetos de su constante vínculo entre escultura y pintura. The Arcadian Modern abarca la reflexión acerca de culturas originarias –desde lo precolombino hasta lo griego–, y las que acontecen, donde el artista vive cada temporada. Esto ratifica el pensamiento de Joaquín Torres-García, quien no cree en el tiempo como una progresión lineal sino como choques de diversos períodos y estipulaciones humanas. Su apasionada creencia en la Arcadia y el origen del mundo se intensifica en esas viviendas suburbanas donde habita con su familia de Manolita Piña y sus cuatro hijos. El entorno bucólico campirano contrasta con las ciudades que visita, y mayormente con los dos años de residencia en Nueva York, así como en París, su última residencia europea antes de regresar a Montevideo. Es en este melting pot donde el artista afina sus ideas y plasma los dibujos que anticipan su teoría/movimiento del Universalismo Constructivo.
En 1917 diseña sus primeros juguetes de madera y realiza Un enemigo del pueblo, la primera compartimentación hacia su teoría del Universalismo Constructivo. En el MoMA se encuentra el cuarto y magno mural, titulado Lo temporal no es más que un símbolo, terminado el año anterior y que se torna el más controversial de dichas obras. Ésta es la obra que atrapa la mirada del espectador al abrir la exposición; es uno de los capítulos menos conocidos del artista fuera de España. La museografía de la exposición se ha resuelto formalmente dentro de una sala larga en forma de caja a la que le han articulado tres naves, siendo la central una retícula que interrumpe la longitudinalidad. Una interpretación simbólica podría relacionar la museografía con la acendrada fe religiosa en España, con su trabajo con Gaudí y con los compartimentos en sus pinturas.
Luis Pérez-Oramas, curador Estrellita Brodsky para América Latina, asistido por Karen Grimson, del área de Dibujo y Estampa del MoMA, acentúan dos épocas: 1923 a 1933 y 1935 a 1943. En la primera, Joaquín Torres-García, en Italia, se concentra en el diseño y realización de juguetes; con tinta y acuarela trabaja los compartimentos de símbolos que inició en 1917. No deja de realizar pinturas clásicas pero insiste en que eso es parcial porque no refleja la realidad. Profundiza en pinturas y en maderas la relación de la retícula del Neoplasticismo con símbolos, texturas y relieves. En 1934 retorna a Uruguay; comienza el segundo período, que incluye la fundación de Asociación Arte Constructuvo (AAC), pinturas de estructuras en blanco y negro sin incluir símbolos o incluyendo formas geométricas, aparecen texturas pétreas, mantiene su intensa actividad en conferencias y artículos, publica la revista Cercle et Carré, traducida como Círculo y Cuadrado, y abre el Taller Torres-García para los artistas ansiosos de aprender con él no sólo pintura; desarrolla su propia obra constructiva con color y expande la interrelación entre los campos de la arquitectura, la teoría, la decoración mural, el mobiliario, los juguetes y los relieves. La exposición manifiesta que Joaquín Torres-García es un maestro de infinitas facetas.
NOTA
1. Consultar el catálogo razonado www.torresgarcía.com, realizado bajo la dirección de Cecilia de Torres, asistida por Susanna V. Temkin.
GRACIELA KARTOFEL

