Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Dennys Matos

Hamlet Lavastida

Dotfiftyone

La generación de artistas visuales cubanos de los ochenta tuvo un especial interés por reflexionar sobre lo que había sido, hasta ese momento, la política cultural de la revolución. Destacaron en esta dirección, por ejemplo, obras del grupo ATB, René Francisco y Ponjuan, Lázaro Saavedra, Glexis Novoa o Tonel. Eran reflexiones críticas sobre los principales enunciados de la política cultural de la revolución (el artista debe hacer creaciones socialmente útiles, o el arte como arma ideológica al servicio de la revolución, entre otros), que cuestionaban el estancamiento de la dinámica del campo cultural revolucionario. Pero si estas reflexiones eran importantes para el ejercicio crítico de esta generación, del mismo modo lo era la intención de sacar hacia el espacio público el debate generado por estas reflexiones; sacar este debate del ámbito político institucional cultural del proyecto revolucionario y trasladarlo al espacio público, donde tuviera un alcance social. Pero esto no fue posible.

Exposición Individual: Hamlet Lavastida — imagen 1
Hamlet Lavastida. Detalle Variación de diseño de publicaciones de ciencia ficción soviética editadas en Cuba, De la serie: Vida profiláctica, 2014-2015. Cortesía de Janet Batet y Dotfiftyone.

En Prophylactic Life, curada por Janet Batet, se retoma este espíritu de reflexión crítica sobre lo que ha sido la historia de la política cultural de la revolución. Pero desde luego, de una manera diferente a como lo habían planteado los artistas de los años ochenta. Por ejemplo, Lavastida no está interesado en hacer de sus reflexiones críticas un vehículo en la transformación de la sociedad. Tampoco le interesa un debate sobre la política cultural revolucionaria, desde el campo de la producción artística, que luego sea susceptible de ampliarse hacia el ámbito de la sociedad. No le interesa, esencialmente, porque no cree ya en esa política cultural, del mismo modo que no cree en la utopía del proyecto revolucionario que la generó. Lo que sí le interesa mostrar son las tipologías, los resortes del lenguaje visual y audiovisual empleado por los enunciados de la política cultural revolucionaria en la comunicación de su programa político-ideológico. Sí está interesado en recrear, desde un distanciamiento de expresión brechtiana, la escenificación dramatizada de los contenidos. Lo que coincide en muchos casos con una especie de puesta en escena paródica sobre los mecanismos del lenguaje que intervienen en esta comunicación.

Ejemplos de ello los vemos en obras como Ciencia, pueblo e infraestructura, de 2007, y El orden de las cosas, entre otros trabajos de la exposición. En la primera, Lavastida retoma el espíritu y la forma de la cartelistica empleada por los constructivistas rusos. Espíritu heroico y formas grandilocuentes que motivaron las campañas de propaganda para movilizar a las masas hacia las tareas de la construcción del sistema comunista soviético. En esta obra se usan planos de monocolor en el fondo, para resaltar la figura recortada de Stalin, que parece salir disparada hacia adelante. Es un lenguaje muy gráfico y sencillo transido de figuración y abstracción, que evita resaltar cualquier otro elemento que no sea esa especie de busto bidimensional de Stalin. Es una representación articulada de tal manera que parece rendir culto, pero en realidad consigue un efecto deformador sobre este contenido y desvela una metáfora del soliloquio al que está condenado el poder totalitario.

La obra El orden de las cosas ofrece, en cambio, una apariencia conceptual más sobria, donde se citan extensamente textos de la política cultural de la Revolución Cubana en formato de pancarta con letras blancas y fondo azul. Los textos reproducidos a mayor escala y con letras mayúsculas dan la sensación de que las frases son leídas en voz alta, e imaginamos el eco de un discurso dirigido a una audiencia multitudinaria. Por otro lado, muchas de las letras que forman frases y palabras están rellenadas de color blanco, lo que empasta la imagen con el azul intenso de fondo, produciendo una extraña caligrafía mitad grafismo, mitad formas abstractas. Es una lectura azarosa que nos obliga a concentrarnos en el significado de cada frase, de cada palabra, a través de la cuales se va construyendo la ideología de la política cultural revolucionaria.

Una exposición como Prophylactic Life hace una recreación del engranaje, de las tipologías, de los estilos y las estéticas empleados para articular una comunicación del proyecto político cultural revolucionario. De ahí esa apariencia tan gráfica presente en todas las obras de la exposición. Es una apariencia presente incluso en los videos, realizados también a partir de recortes e imágenes relacionados con pasajes de la historia revolucionaria. Luego de recorrer la muestra, advertimos que sus representaciones configuran esencialmente un archivo que nos ayuda a pulsar el mundo de la vida cultural del Estado totalitario.

DENNYS MATOS

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