La obra de Gonzalo Lebrija (México D.F., 1972), uno de los mayores exponentes del arte latinoamericano actual, parte de una reflexión existencial sobre el ser contemporáneo y las relaciones con su tiempo, así como de una exploración sobre las tensiones –distancias– entre el espectador y la obra, o la propia condición de lo artístico. Formado en el universo de la imagen, sus obras trazan sugerentes paralelismos con la historia del arte y la cultura, conectando mitos del mundo antiguo con narrativas del poder contemporáneo, “en una producción multisignificante que va más allá de los clichés publicitarios o de la impresión heroica que puedan generar sus actos”1.

La exposición Measuring the Distance, en La Casa Encendida de Madrid, gira en torno a su interés sobre el tiempo suspendido, las distancias y los desplazamientos, poniendo en diálogo una serie de obras recientes en diversos formatos –escultura, fotografía, instalación, video y dibujo–, que van de escalas mínimas a monumentales, con las que acentúa esa idea de “distancia que siente con el mundo, y la que existe entre el lenguaje de la obra y el espectador”2. La muestra se abre con Silver lamento (2015), una figura plateada de un hombre elegantemente vestido que nos da la espalda mientras apoya su cabeza contra la pared, cuya escala diminuta, en medio del amplio espacio y los agudos trazados en blanco y negro que cubren las paredes, transmite cierta sensación de fragilidad, soledad e impotencia, de lamento frente a una realidad basada en apariencias, en construcciones sociales y culturales impuestas que heredamos como símbolos de poder, éxito y bienestar.
Su dependencia del muro, de la arquitectura, termina por enfatizar esta imagen del hombre moderno “obligado a vivir en un mundo hecho por otros”3, marcado por su doble participación en la sociedad: como consumidor y, al tiempo, parte activa del sistema capitalista. Quizá por ello, una mancha de pintura negra, disparada por un rifle clavado en el suelo, irrumpe expandiéndose sobre el blanco impoluto de una de las salas (Disparo, 2009) o subvierte la perfección de una imagen prototípica del sueño americano: una plácida escena de confort y bienestar doméstico protagonizada por un coche de lujo de los años sesenta y una rubia impecable a lo Marilyn, como objetos de deseo (Dirty Wish, 2007).
El resultado plástico parte una vez más de una acción del artista, como sucede en el video Who Knows Where the Time Goes (2013). En medio de una pradera mexicana vemos al propio Lebrija lanzar un libro al cielo, al que dispara y rompe en mil pedazos. Las páginas caen, una y otra vez, en cámara lenta, en una suerte de liberación, de resistencia a la civilidad y al progreso, al tiempo que cuestiona el lugar de la cultura, con su consecuente pérdida de valores y la relación con las estructuras de conocimiento y poder, en una de las obras más cautivadoras e hipnóticas de la muestra. Con su acostumbrada ironía, sutil e incisiva, impregnada de cierta melancolía y nostalgia, lanza reflexiones sobre la deshumanización y comercialización de las experiencias personales que ha traído la tecnología, evocando –más allá de la sensación de pérdida y el gesto repetitivo (nihilista)– la necesidad de crear algo nuevo.
Todos estos juegos acaban involucrando “la travesía de la identidad en la tensión del tiempo transcurrido, creando pequeños relatos que son respuestas inmediatas al entorno”4, como cuando invita a los abogados (abogangsters) que residían en el rascacielos más alto de Guadalajara a un concurso de lanzamiento de aviones de papel, generando “imágenes que son toda una metáfora del despeñamiento del poder” y que constituyen el germen de Unfolded Gold (2015), una serie de aviones desdoblados cubiertos de pan de oro, donde se unen dos de los afanes más antiguos del hombre: el deseo de volar y el anhelo por el oro. Algo parecido sucede cuando crea un frágil reloj de pared hecho con aguja de pasto, típico de las escobas usadas para barrer las calles en México, cuyo título, La vida no vale nada (2012), alude a una de las rancheras más conocidas de José Alfredo Jiménez, rey de la música popular en México, para hablar de la brevedad de la vida y la esencia del tiempo; o cuando escribe la frase Un universo de la nada (2015) todos los días, durante un año, creando una maraña de trazos ininteligibles, un mensaje que, conforme se va construyendo, se va autodestruyendo: “Escribes tantas veces lo mismo... que emborronas el mensaje”.
En otra de sus obras (The Distance between You and Me, 2009), una instalación de cuatro películas de 16 mm, observamos al artista correr sin respiro, huyendo de la lente fotográfica, hasta que su figura diminuta se pierde en la grandeza sublime del paisaje (lejano, nevado, rocoso, desértico…). Aparece y desaparece tras la línea del horizonte para reaparecer de nuevo en otra pantalla, en un bucle sin fin, acentuando, midiendo esa distancia que también se evidencia en Golden Hours (2015), uno de sus videos más recientes presentado en la galería Travesía Cuatro de Madrid, donde Lebrija juega aún más, si se quiere, con las expectativas (y hasta el desconcierto) del espectador. Un bote sin tripulación navega surcando las olas, avanza, se mueve, y al tiempo parece estar continuamente detenido, inmóvil. La figura del artista se intuye junto al vaivén del oleaje, y la alternancia de los tonos grises del mar y del cielo. Nunca lo vemos llegar al horizonte. No sabemos hacia dónde va o cuál es su destino. Tampoco importa. Quedamos eclipsados por el trayecto, el recorrido, el viaje; una travesía continua, infinita, incansable, por la incertidumbre, quizá como metáfora de sus obsesiones, de la creación o de la propia vida.
NOTAS
1. Humberto Moro, “Posibilidad de desastre”, en Gonzalo Lebrija. Possibility of Disaster, Centro de las Artes, Monterrey, noviembre de 2013-febrero de 2014, p. 29.
2. Cfr. “Gonzalo Lebrija. Midiendo la distancia”, en http://www.juarezhoy.com.mx/
3. Adam Lerner, “Gonzalo Lebrija y el significado de ser moderno”, en Gonzalo Lebrija. Possibility of Disaster, Centro de las Artes, Monterrey, noviembre de 2013-febrero de 2014, p. 44.
4. Adriana Herrera, “Gonzalo Lebrija o la levedad de la aventura”, Arte al Día Internacional, marzo de 2011.
WENDY NAVARRO
