Elisa Bracher expone la individual Luctus Lutum, bajo la curaduría de Elisa Byington, en la Galería Raquel Arnaud, en São Paulo. La muestra es un homenaje a la madre de la artista, fallecida en marzo. El trabajo expone el luto, dialoga con el dolor de la pérdida, la memoria, la relación mítica entre vida y muerte. El vacío provocado por la muerte inspiró en gran parte el constructo de esta exposición, en la que Bracher se apoya en una tríada: Laberinto, Pulmón y En el Campo de las Campanas, fotografías del Ártico ambientadas sonoramente por la composición creada por ella y Rodrigo Felicíssimo.
El intrigante nombre de la exposición, Luctus Lutum, el lodo y el luto, hace referencia al inicio y al fin de la vida, o al mito del eterno retorno: "polvo eres y al polvo volverás"; el título en latín adhiere a la obra como una piel, según Elisa Bracher, una especie de amarra entre la forma y la idea, perturbada por el dolor, el vacío y, al mismo tiempo, la búsqueda de los sentidos, de reorganización de la vida después de la pérdida, el esfuerzo para rellenar un hiato y recomenzar.

El primer piso de la galería fue totalmente ocupado por la instalación Laberinto, concebida en tapia pisada y palos. La obra pesa treinta toneladas y representa el camino del luto. El barro es elemento fundacional de esta obra, que se estructura en callejuelas laberínticas, corredores sin salidas, denotación de imposibilidad, recortes angulosos, paredes que se juntan y se desencuentran. La subversión del orden es una constante para el visitante, que se obliga a recorrer los caminos de la instalación, mientras lo orgánico calma la ansiedad por descubrir la lógica del trayecto, pues la arquitectura de la construcción provoca cuestionamientos sobre la naturaleza de la instalación: ¿es una obra en construcción? ¿Es un ejercicio de demolición y reconstrucción? ¿Es la representación de los sobrantes?
La obra, por sus provocaciones, desarrolla un ritmo discontinuo y desorientador, obliga al visitante a explorarla por medio de su movimiento; una experiencia altamente reflexiva entre caminos obtusos, en contraste con el horizonte no lineal. Laberinto convida al espectador a una actitud interactiva, que se descubre a cada paso.
La técnica de tapia pisada y palos une culturas diversas en diferentes cronologías, lo que posibilita la armonía, al mismo tiempo en que se rompe la dimensión temporal. Los volúmenes artesanales establecen además un juego metafórico tumulario y un camino de paso hacia otro lugar. Así, Bracher rinde culto a su madre y, mediante su creación, ritualiza en ofrenda lo mejor que podría ofrecer: su quehacer artístico.
Laberinto fue construido in situ, o sea, fue tomando forma en la propia galería, sin estudios previos, sin maqueta ni proyectos. Es un producto creado en el ambiente. Totalmente artesanal, se establece en franjas bastante sinuosas e irregulares, que exponen marcas, venas, surcos. A distancia, los volúmenes provocan la sensación de asimetría que resuena en su plasticidad.
La tríada se completa en el piso superior de la galería, espacio que se divide entre la escultura Pulmón y las imágenes del Ártico, en formato de 1 m x 0,50 m, fotografiadas por la artista en 2014, cuando participó en la residencia Arctic Circle. El ambiente también está sonorizado por una audioinstalación, un poema sinfónico compuesto por Rodrigo Felicíssimo y Elisa Bracher, llamado En el Campo de las Campanas.
La obra Pulmón es un elemento bastante innovador en las características del trabajo de la artista, y ésa fue su propuesta; parodiando los heterónimos de Fernando Pessoa, se inspiró en el poema autopsicografía: “El poeta es un farsante/ finge tan completamente/ que es dolor/ el dolor que de veras siente”.
En la concepción de esa obra, la artista se sirvió de materiales y técnicas que no son características de sus trabajos, como el plástico y objetos mecánicos, o sea que lo artificial contrasta fuertemente con el uso distintivo de materiales naturales en sus formulaciones artísticas. Eso se explica por el planteamiento de la obra, a partir de la invitación de la cineasta Julia Murad para que Elisa emprendiera obras de un artista de ficción, personaje de sus películas. Elisa Bracher entró en el juego ficcional y se sumergió en una poética diferente a la suya, buscando la creación de otro hacer artístico, como un heterónimo.
Liberada de su propio léxico y totalmente libre para explorar nuevos caminos, Bracher produjo esa instalación durante los últimos quince días de vida de su madre. Entre el atelier y el hospital, viviendo el momento terminal y al mismo tiempo sumergiéndose en la dotación creativa, la artista pudo concentrarse en su propia biografía. Pulmón fue el nombre que se dio a la obra después de realizada. Está constituida por dos cuadrados de plástico interconectados con una maquinaria que los hace llenar y vaciar. Sobre uno de ellos, se impone un paralelepípedo, metáfora de la lucha y dificultad para respirar.
Fotografías del Ártico es una serie de imágenes captadas con técnica pinhole, o foto con hueco de aguja, un instrumento artesanal basado en uno de los fenómenos que creó la fotografía en el siglo XIX, la caja negra. Tal ejercicio instigó a Elisa Bracher a fotografiar de manera muy rudimentaria, como el empleo de tapia pisada y palos, que estructuran la primera instalación de la muestra. Esas imágenes fueron realizadas durante el proyecto de residencia, en 2014, en el Ártico, Arctic Circle. Para esa instalación la artista, conjuntamente con el compositor Rodrigo Felicíssimo, creó una ambientación sonora, en la que se aplicó la investigación de Felicíssimo, quien viene trabajando en la creación de partituras a partir de lecturas de análisis de obras e imágenes.
HÉLCIO MAGALHÃES
