La exposición Zona de riesgo es una propuesta curatorial de Pilar García en el Museo de Arte Moderno que revisa el trabajo de Carlos Aguirre (Acapulco, 1948) a lo largo de más de tres décadas.
La muestra reúne trabajos que el artista ha realizado durante su trayectoria desarrollando distintos géneros como escultura, gráfica, fotografía e instalación, entre otros. La exposición hace énfasis en señalar los trabajos de Aguirre que fueron pioneros de la instalación en México. Así, presenta piezas de principios de los noventa como Los olvidados, de 1990, realizada con guantes usados de obreros. En este tipo de trabajos la materialidad de la obra está íntimamente ligada con la propuesta conceptual, pues los guantes que constituyen la pieza fueron recolectados de zonas de desecho de obreros que ya los habían utilizado. El título de la pieza refiere evidentemente a una condición de la clase trabajadora, y el artista enuncia una postura política sobre el trabajo manual que desarrollan.

La exposición Zona de riesgo utiliza este título desde una doble lectura, pues lo vincula tanto con la experimentación material como con el posicionamiento político del artista, que parte de cuestionamientos a la situación política y al contexto social en los que produce la obra.
La exposición muestra la obra de Aguirre leyéndola desde una perspectiva que la subraya como resultado de una constante búsqueda de experimentación formal y material, señalándolo como uno de los artistas más innovadores en el desarrollo de las posibilidades de la gráfica. En este sentido, se incluyen en la sala obras realizadas en distintos formatos como recorte de vinilo, acrílico y cajas de luz, entre otros.
La muestra está organizada en torno a siete núcleos que revisan las temáticas que ha trabajado el artista. A partir de esta organización, la obra presenta piezas que reflexionan sobre temas como la contaminación del medioambiente, situaciones límite manifiestas tanto a nivel formal como discursivo, condiciones relacionadas con la justicia legal, la historia, la semiótica, el registro del narcotráfico, la pederastia y la experimentación gráfica.
La instalación Equilibrio ecológico, de 1995, reflexiona sobre las implicaciones de las acciones humanas que transgreden los ecosistemas y su equilibrio. Zona de riesgo exhibe también una instalación presentada en una exposición individual de Aguirre en 1991 que incluye unos pulmones humanos con antracosis, una pigmentación externa provocada por la inhalación de agentes contaminantes como cadmio, plomo, carbón y partículas suspendidas. Esta pieza hace referencia a un momento en que Ciudad de México fue identificada como una de las urbes más contaminadas del planeta.
Un elemento recurrente en la obra de Aguirre es el uso de herramientas de trabajo pesado como palas y hachas, a través de las cuales su referente simbólico y la contraposición con elementos de la naturaleza logran poner en tensión elementos de reflexión social sobre las clases que utilizan este tipo de herramientas y las implicaciones de la transformación del entorno natural por parte de los humanos.
El lenguaje y el uso de palabras son otros elementos fundamentales en la obra de Carlos Aguirre, a través de los cuales hace referencias a procesos de violencia velada, explicitando lo que muchas veces es difícil de enunciar, logrando dar una valía y un poder al lenguaje que la constituyen, como un potencial transformador de la realidad social.
En una de sus series más recientes, Aguirre ha desarrollado fotografías de muros deteriorados que articula como “islas” que recrean lugares geográficos inexistentes, en los que a través del lenguaje reconstruye topografías políticas. En algunos casos, recuperan las últimas palabras de condenados a muerte; en otros casos, como en La isla 28, de 2012, Aguirre crea una geografía con nombres de políticos y personajes históricos, en donde señala interrelaciones y alianzas entre los mismos.
La revisión que presenta la exposición Zona de riesgo permite leer la obra de Aguirre en relación con el contexto de producción actual, lo que evidencia la manera en que ha influido de manera explícita, tanto en géneros como en temáticas, la obra de artistas más jóvenes que tratan temas de violencia a través de esculturas, como Enrique Jezik y Teresa Margolles, entre otros.
JOSEFA ORTEGA
