Para su doble exposición en Francia, el fotógrafo brasileño Caio Reisewitz (1967) presenta simultáneamente en la Maison Européenne de la Photographie (por primera vez) y en la Galerie Bendana-Pinel (segunda exposición), fotografías monumentales de paisajes amazónicos acompañadas de collages en formato pequeño, donde se enfrentan visualmente el crecimiento desmesurado de las ciudades brasileñas, sus inmensas favelas y rascacielos, con la exuberancia salvaje (y aún virgen) de la selva tropical. Estas imágenes, que muestran no sólo la belleza sino también la energía vital de la naturaleza virgen, fueron realizadas durante la última década, y especialmente en la Mata Atlântica, selva que bordea el país por el este y que se encuentra en vías de extinción acelerada. La selva atlántica primitiva, la que maravilló a Américo Vespucio a principios del siglo XVI, ya no existe. Hoy en día, el paisaje devastado por el desarrollo urbanístico de lujo (residencias y hoteles) ya no ofrece a la vista más que una selva despedazada. La Mata Atlântica cubría 1,2 millones de km2 del territorio a la llegada de los portugueses, en el siglo XVI. Cerca del 93% de esta selva ha desaparecido ya, pues los intereses económicos (privados) priman sobre la preservación del equilibrio ecológico (colectivo) del planeta.

Para Caio Reisewitz, quien, tras largos años de exilio en Alemania, regresó a su país a la edad de 29 años, el choque era inevitable entre los recuerdos de un patrimonio vegetal idealizado a la distancia y la realidad. En la exposición Disorder de la Maison Européenne de la Photographie, nueve fotografías de gran formato y once pequeños formatos y collages, que el artista comenzó a realizar en 2010, se apoyan sobre las oposiciones y la complementariedad entre formatos, y también juegan con la relación antagónica entre la fotografía de naturaleza –en la tradición pictórica del paisaje (Caio Reisewitz colaboró con Andrea Gursky y Thomas Struth)– y la fotografía de collage, donde se intercalan y superponen construcciones urbanas y paisaje natural. Esta elección pone de manifiesto la fascinación del fotógrafo por el “espectáculo” orgánico que ofrece la naturaleza virgen, su inextricable y casi impenetrable tejido de árboles gigantes y lianas atravesado por la potente furia del agua. Tal magnetismo se ve oscurecido por su preocupación por ese mundo original –a veces milagrosamente preservado–, mundo “real” que se enfrenta al “artificial”, donde se amontonan precarias construcciones periféricas y rascacielos que labran el tejido urbano de las megalópolis latinoamericanas y carcomen inexorablemente el medioambiente natural. Ya sea que se trate de Itatinga (2012), Porangaba (2012) o Manacapuru (2011) –nombres todos tomados de la lengua tupi-guaraní–, el visitante tiene ante sí grandes fotografías “documentales” de la naturaleza, donde los predominantes verdes son rotos brutalmente por el “misterioso” rojo sangre derramado sobre el papel que ofrece Tupãceretan (2012). La amenaza de destrucción parece estar allí, como una “metáfora pictórica” del caos, la amenaza y la muerte que rondan en la selva.
La Galerie Bendana-Pinel complementa este viaje estético y militante con otra fotografía monumental (Hausverlassung, 2015) que representa el brocal de una fuente, vestigio de la arquitectura de un poblado cauchero abandonado a principios del siglo XIX. Ya presente en la MEP con Casa Canoas (2013), su fotografía de interiores arquitectónicos refleja la fascinación de Caio Reisewitz por la herencia colonial de Brasil y las realizaciones de arquitectos modernistas del siglo XX. Tres grandes formatos, tres fotografías de collage y dos collages originales –el trabajo fino y delicado más reciente de Reisewitz– conforman esta exposición, ciertamente más modesta, pero igualmente fuerte en cuanto a discurso estético y “militante”. Una fotografía, Goiania Golf Club II, a semejanza de la violencia púrpura de Tupãceretan (igualmente en la MEP), captura la mirada, pues es tal el contraste entre el verde (casi fluorescente) del prado y el árbol negro perdido en la inmensidad monocromática que pareciera… ¡artificial! Sin embargo, a Reisewitz le basta con fotografiar la realidad, y, normalmente, no trabaja sus imágenes con el computador. Dos collages fotográficos de pequeño formato atraen la atención por su belleza estética pero también porque sugieren la imbricación destructiva entre la construcción arquitectónica y la naturaleza: Avanhandava (2015), donde las edificaciones de la ciudad parecen flotar en un mar de verdor, y Piracuhy (2015), donde, bajo una luz cobriza, los restos de hojas y ramas muertas, cuyo color fue modificado por el agua, se insertan en la vegetación tropical.
Estas fotografías no son sólo estéticamente seductoras. Con la presencia de uno u otro tipo de arquitectura (favelas, vestigios del pasado o grandes conjuntos urbanísticos), son también el reflejo de una toma de conciencia por parte del artista: la consecuencia del desarrollo económico desordenado de Brasil sobre su entorno natural. Ellas también han de recordar a quien las observa que la belleza es efímera y que si su brevedad se debe en gran medida a la acción del tiempo, el hombre es, cada vez más, responsable de su alteración.
CHRISTINE FRÉROT
