La reciente exposición Papeles de Nepal 1877-1986, en la cartelera de la Galería Nara Roesler, en Río de Janeiro, revela la ruptura del artista Antonio Dias con el lenguaje de carácter racionalista, usual en su trayectoria anterior. A partir del carácter orgánico de las imágenes expuestas, Dias presenta lo que se volvió le esencia de su poética, fuertemente representada mediante el uso del papel, elemento simple cuya constitución sale de su aspecto táctil, proporcionado por la textura, suavidad y transparencia.
Las obras que figuran en la exposición se realizaron durante el viaje de Dias a Nepal en 1977, con el fin de aprender la manufactura de papeles artesanales. Interesado por la concepción, el diseño y materialidad del papel hecho a mano, el artista recibió la ayuda del coleccionista João Sattamini para buscar un proveedor en aquel lugar. Sin embargo, después de llegar a Katmandú y no encontrar almacenes que ofrecieran el producto, prolongó su estadía, viajó al interior y produjo él mismo el papel, con la ayuda de artesanos locales.

Hasta entonces, la trayectoria del artista estaba marcada fuertemente por el conceptualismo, con el uso de media como el video y la creación de un léxico visual que englobaba elementos pop, además de planos geométricos definidos por color y palabras. Así, el artista cuestionaba el carácter de la convención social y de la institución artística como productora de valores reafirmados por un sistema mercantilista internacional, lo que se hacía evidente con los títulos de las obras en inglés, como la famosa serie The Illustration of Art.
En las obras actualmente presentadas, los colores resultan de la adición de elementos naturales, como té, tierra, cenizas y curry, haciendo del proceso de producción fabril del colorante un componente semántico. Realizadas conjuntamente con artesanos de una fábrica de papel nepalesa, las obras subvierten el asunto de la unidad autoral (muchos de los títulos fueron dados por los trabajadores). Como definió el mismo artista en entrevista: “Lo que más me interesa es la relación entre la producción de esa obra y sus productores. Al tiempo en que se empeñaban en la producción material, algunos de ellos también le imprimían una lectura simbólica al producto”.
Como afirma el crítico Michael Asbury en el catálogo de la galería, las obras de Antonio Dias presentadas en esta exposición son el resultado de una “trama” en común. Aunque el término “trama”, título de una de las series, describe tanto un plano o esquema como un trenzado o escalón, se refiere a un proyecto común aplicado a diversas obras y, al mismo tiempo, a las subdivisiones en el plano de una sola obra.
Antonio Dias nació en 1944 en Campina Grande (Paraíba) pero vive y trabaja tanto en Río de Janeiro como en Milán. Sus obras hacen parte de significativas colecciones internacionales y constituyen un capítulo importante en la historia del arte brasilero. Al inicio de su carrera, en la década de 1960, Dias realizaba obras pertenecientes a la neofiguración, con fuerte cuño político. En 1966, durante el golpe militar brasilero, Dias dejó Brasil y se dirigió a Europa. En la década de 1970 se estableció en Milán y desarrolló una fuerte tendencia a obras conceptuales. Al final de la década de los sesenta, la participación del público se tornó una preocupación cada vez más imperiosa, como en las instalaciones Do it Yourself: Freedom Territory y The invented country (God-will-give days), exhibidas en la 29ª Bienal de São Paulo.
Con una obra singular y marcadamente conceptual, repleta de elegancia formal, pero entrelazada con asuntos políticos y críticas contundentes al sistema del arte, Dias hace de su viaje a Nepal un turning point. Lo que comenzó como un viaje para investigar diferentes tipos de papel acabó transformándose en preocupación permanente, ya que durante la década de 1980, el artista dirigió su atención una vez más hacia la pintura, haciendo experimentos con pigmentos metálicos y minerales, tales como oro, cobre, óxido de hierro y grafito, mezclándolos con una variedad de agentes aglutinantes.
Su obra revela una relación tensional entre propiedades y potencialidades de la materia. En un proceso permanente de manipulación, transformación y experimentación, Dias se aproximó a la química. Muchas veces, residuos de materias, y no colores, realzan las características materiales de las obras. Pueden ser elementos heterogéneos, tales como productos industriales, que afirman un tenor artificial del arte, así como elementos naturales, que resaltan el carácter orgánico de la obra.
Así, el aspecto lúdico-lírico de la poética del artista, a partir de la variedad de soportes utilizados y la constante experimentación de materiales que atraviesa su producción, se revela mediante una relación dialógica entre polos aparentemente distantes, como la sensualidad y la racionalidad. Dias explora esa paradoja con singular fuerza simbólica.
ALESSANDRA SIMÕES
