Los preparativos finales para Puerto Rican Light (Cueva Vientos), 2015, de Allora & Calzadilla –una obra site-specific de larga duración encargada por la Fundación Dia Art, en colaboración con Para la Naturaleza, la unidad sin ánimo de lucro del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico–, fueron como una escena de una película de Werner Herzog. Dos equipos rotativos de ocho hombres cada uno llevaron un contenedor metálico negro, que hacía pensar en un ataúd, atado a una plataforma de madera, a través de una selva subtropical húmeda del sur de Puerto Rico. Los hombres maniobraron con cuidado la carga de 255 kilogramos cuesta arriba por el desfiladero El Cedro, en el área natural protegida El Convento, un extenso sistema de fuentes subterráneas de millones de años de antigüedad, con un excepcional y dinámico ecosistema.

Al llegar a su destino, Cueva Vientos, una cueva de piedra caliza de 90 metros de longitud, treparon otros 44 metros hasta el fondo de la cueva, que tiene unos 25 metros de ancho por 75 de alto. Allí, los dieciséis hombres transformaron el hardware, sellado en el interior de la cámara de metal, en Puerto Rican Light (to Jeanie Blake) 2 [Luz puertorriqueña (a Jeanie Blake)], 1965, del artista Dan Flavin. Esta obra de arte le recordaba a Blake el Desfile Nacional Puertorriqueño de Nueva York, de ahí el título. Mientras miles de murciélagos sobrevolaban sus cabezas, los hombres levantaron el contenedor en sentido vertical, lo fijaron a su plataforma, doblaron hacia atrás las puertas metálicas de la cámara de vidrio y conectaron los tubos prefabricados de luz fluorescente de colores rojo, rosado y amarillo de Flavin a un banco de baterías de energía solar. En un día despejado, alrededor del mediodía, rayos de luz natural entran a través de dos pequeñas ventanas circulares al fondo de la cueva. Sus combinaciones de luminosidad que mutan recíprocamente se aproximan y se alejan poco a poco del sistema controlado de Flavin, del que emana una luz local de igual intensidad.
En Puerto Rican Light (Cueva Vientos), cocurada por Yasmil Raymond y Manuel Cirauqui, Allora & Calzadilla le dan forma a la luz de Puerto Rico como símbolo, medio y metáfora. Articulan historias divididas y exploran las posibilidades de relación en la intersección de lo conocido y lo desconocido. En el pasado, el dúo de artistas exhibió en instituciones Puerto Rican Light (to Jeanie Blake), de Flavin, y electrificó la obra con paneles solares cargados en la Isla, planteando así interrogantes sobre autonomía y dependencia, poder y desplazamiento. Esta es la primera vez que Allora & Calzadilla crean un contexto en Puerto Rico para esta obra de Flavin. Al seleccionar una cueva (el origen de los taínos y su deidad que controlaba el Sol), y este momento crítico de la historia de la isla (migración en masa a Estados Unidos, el gobierno al borde de la bancarrota), la circulación de ideas alrededor de Puerto Rican Light (Cueva Vientos) es amplia y rica en matices. La conciencia crítica del participante tiene la posibilidad de incorporar volumen, como los sonidos de las golondrinas y los murciélagos de la cueva.
Puerto Rican Light (Cueva Vientos) trata de lo que ocurre de camino a las fauces de la caverna y lo que sucede cuando el visitante experimenta un intercambio imprevisto entre Puerto Rican Light (to Jeanie Blake) 2 y la arquitectura natural prehistórica que alberga más de veinte especies. El viaje está lleno de referencias a la energía y el poder: las estalagmitas de metal de refinerías de petróleo y plantas petroquímicas abandonadas a lo largo de la carretera, una señal que nos da la bienvenida a “La Tierra de Agüeybaná”, el jefe taíno más importante de la época del contacto europeo, cuyo nombre significa “El Gran Sol”, el mundo natural, el cuerpo humano, y las interacciones de todos ellos a lo largo del camino a Cueva Vientos, el microclima de Puerto Rican Light (to Jeanie Blake) 2, diseñado por el Centro de Conservación Anton J. Konrad del Museo de Arte de Ponce, y sus lecturas diarias del registrador de datos, y la energía del Sol que activa toda la obra. Mientras el personal de Para la Naturaleza pasa más tiempo en el lugar, está descubriendo nuevas especies y está adquiriendo nuevos conocimientos.
Así como Flavin era un creador de propuestas y situaciones, Allora & Calzadilla presentan un sistema diferente de investigaciones sobre las complejas relaciones entre una obra, un lugar y el espectador. Puerto Rican Light (Cueva Vientos) transforma nuestra experiencia del espacio de forma inesperada. He descubierto que con la colocación de Puerto Rican Light (to Jeanie Blake) 2 en una cámara limitada, en lo alto, a cierta distancia del espectador, en un ambiente en permanente cambio, la obra de Flavin oscila entre generar una presencia y una estética reconfortantes o una fricción crítica. Puerto Rican Light (Cueva Vientos) me mantiene en el espacio mientras siento que se está produciendo una simbiosis. Crea un lugar sintetizador de relación entre arte, naturaleza, historia, mito, ritual, tecnología y el cuerpo multisensorial. Peter Schjeldahl se refirió alguna vez a la obra de Flavin como una flor de invernadero, dependiente de un entorno institucional. Puerto Rican Light (Cueva Vientos) les da a los visitantes la oportunidad de experimentar lo que se siente cuando remplazamos el invernadero por la pasión por la tierra en la que vivimos. Como nos lo recuerda Édouard Glissant, esta es “[...] una acción por la que debemos arriesgarnos sin cesar”.
CHERYL HARTUP
