Exposición Individualdic 2015 - feb 2016· Por Ana Folguera

Alexandre Arrechea

Galería Casado Santapau

A veces el arte consiste en transitar espacios nuevos. La seducción del fragmento de Alexandre Arrechea (Trinidad, Cuba, 1970), en la Galería Casado Santapau de Madrid, nos propone un recorrido por otras posiciones subjetivas y espaciales. El que fuera miembro del colectivo Los Carpinteros continúa en esta muestra con el deseo de expandir su universo artístico. Y lo consigue.

Una de las primeras piezas que el visitante ve al entrar es La vida de otros, un objeto construido que opera casi a modo de “Merz” de Kurt Schwitters. La obra combina dos planos distintos, uno superior y otro inferior, diferenciados en amarillo y blanco. Los elementos figurativos –las manos– se alternan con las figuras puramente geométricas –círculos rojos, líneas rectas y líneas curvas–, que dan sensación de movimiento y de cuerpo articulado. Hay un interés evidente en la intersección de planos: el vertical y el horizontal, en un despliegue que incluye elementos de lirismo como el color y las líneas ondulantes. Ésta es una de las claves de la exposición de Arrechea: la interesantísima investigación sobre subjetividad y exactitud matemática, sobre arquitectura y relato, sobre el cuerpo móvil y las estructuras fijas.

Exposición Individual: Alexandre Arrechea — imagen 1
Alexandre Arrechea. Luna, 2015. Madera lacada y plexiglás. 120 X 120 X 21 cm (47 1⁄4 x 47 1⁄4 x 8 17⁄64 pulgadas). ©galeriacasadosantapau.

La obra La línea como depósito de ilusiones insiste en esa misma manera de producción. En este caso, se trata de diez barras horizontales que alternan el color rojo y el negro. Es inevitable pensar en el minimalismo y su apuesta por la repetición referencial como recurso creativo: “Lo que ves es lo que hay”. En este caso, parece que hay algo más: ese espacio imaginario de las ilusiones. Nos lo indica el propio título. Estos elementos –casi vigas de la construcción– se hacen físicos a través de la acuarela, un detalle para no omitir, puesto que alude a la labor manual frente a lo conceptual de la “serie”. Lo que en principio parece resultado de la producción industrial está en realidad creado de manera delicada y única. Además, hay una pretensión de jugar con los formatos: la instalación se sitúa en algún lugar entre la arquitectura, el dibujo y la escultura.

Tradicionalmente, el dibujo siempre ha sido un medio para llegar al objeto físico. Arrechea ha querido dar un paso más allá y convertir el trazo en escultura: introducirlo en el terreno de lo posible, más allá de un boceto o de un plan preparatorio para desarrollar posteriormente la obra de arte. La pieza La línea como depósito de ilusiones dota al dibujo de una dimensión constructiva. Las acuarelas aparecen enmarcadas una vez más como vigas, generando un espacio propio.

Para Arrechea, el dibujo siempre ha sido un mapa donde ordenar sus pensamientos. En la entrevista que hemos mantenido vía e-mail, el propio artista define así el concepto de territorio, muy presente en la exposición: “El territorio es tangible, es el dibujo convertido en espacio por el que se puede transitar”. Estas nociones de mapa y territorio se pueden entender fácilmente en la obra que da título a la exposición: La seducción del fragmento. En ella aparece dibujada una estructura que adquiere volumen y entidad desde el trazo en sí mismo.

La propuesta de Alexandre Arrechea radica en una mirada hacia lo pequeño; la fracción como brújula para seguir el proceso y para diseñar una cartografía propia. Para él, el fragmento es la “llave que te permite el acceso a mundos más amplios”. Ya en 2005 concibió la obra Polvo, compuesta de varios sacos de boxeo de cristal que contenían polvo, piedra y tierra de sitios donde ha vivido: Los Ángeles, Nueva York, La Habana, Madrid. En este caso, el mapa era de residuos, pero hoy permanece ese mismo interés por el fragmento como “piedra de Rosetta” para llegar a lugares nuevos.

La obra Palabras olvidadas trabaja desde la horizontal, evocando la perspectiva de un puente. Los motivos geométricos se repiten de manera modular y, de nuevo, contrastan con elementos más cálidos: los colores ácidos –el rojo, el verde– y la delicadeza de la acuarela.

Un paso más en esta dirección de unir arquitectura y subjetividad es la obra Luna, construida con plexiglás y madera lacada. Se trata de la primera pieza que el artista concibió para la exposición, inspirada en una de las ventanas del edificio madrileño donde viven sus amigos Carlos Garaicoa y Mahé Marty. Allí han compartido grandes noches reflexionando en torno al arte y con la luna como testigo de excepción, cuya luz atravesaba las ventanas. En este caso, el objeto es tridimensional, casi habitable, pero nace de una experiencia subjetiva que tiene que ver con el relato, la memoria y todos los temas que atraviesan La seducción del fragmento. Una exposición imprescindible para entender que el cuerpo y el espacio donde habitamos, en el fondo y en la superficie, se parecen mucho.

ANA FOLGUERA

Alexandre Arrechea, por Ana Folguera | artnexus