Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Mónica Kupfer

Sandra Eleta

Museo de Arte Contemporáneo de Panamá

Algunas exposiciones marcan hitos en el arte de un país, y este ha sido el caso con la muestra retrospectiva de fotografías por Sandra Eleta en el Museo de Arte Contemporáneo, en Panamá. Para el amplio público que ya la conocía, ha sido una oportunidad extraordinaria para ver sus diversos ensayos fotográficos realizados a lo largo de cuarenta años. Para los que veían su trabajo por primera vez, ha sido una revelación importante. La exposición, con un montaje sobrio y armonioso, incluyó sesenta fotos, en su mayoría en tradicional blanco y negro. Desde su conocida colección de Portobelo, iniciada hace décadas, hasta la serie Por los caminos de la piel, de hace solo algunos años, la exposición no deja duda de la importancia de esta fotógrafa. 

Sandra Eleta ha logrado renombre internacional con sus fotografías, en la mayoría de las cuales ha inmortalizado figuras y paisajes de su Panamá nativo. En los años setenta se mudó al humilde pueblo de Portobelo en la costa atlántica, un lugar insólito donde se conjuga la historia colonial con las tradiciones africanas y los ritos cristianos. Con el tiempo, ganó la confianza de los portobeleños, a quienes empezó a fotografiar primero con una cámara de 35 mm y posteriormente con una Hasselblad, que aún utiliza hoy en día. Ahí nacieron el "ojo" y la manera de ver el mundo que identificamos con el trabajo de Sandra Eleta. Más que fotos de personas, son retratos íntimos, incluso espirituales, que transmiten algo más profundo que la mera apariencia de personajes como Josefa, la curandera, o Putulungo, el pulpero. Según ha dicho Sandra: "Para profundizar en sus almas, me acerqué más a ellas hasta lograr que sus presencias, sus 'auras' se dejasen posar en mi lente. Como en una invitación a la danza, nos encontramos en un mismo ritmo, en una misma frecuencia. Así fueron apareciendo los protagonistas de esta historia". 

Exposición Individual: Sandra Eleta — imagen 1
Sandra Eleta. Putulungo, el pulpero, 1978. De la serie Portobelo. Gelatina en plata. 152,4 x 152, 4 cm. (60 x 60 pulgadas).

La retrospectiva presentó algunas series de fotos iniciadas en los años setenta que nunca habían sido mostradas públicamente, como la de Las campesinas, una madre y dos hijas, parte del grupo de colonos internos en Panamá que se desplazan buscando un mejor futuro. Sus imágenes en el campo muestran una unión familiar y un valor ante lo desconocido que la fotógrafa revela en notables composiciones piramidales. También pudimos apreciar la serie de La servidumbre, en la que Eleta fotografió a empleados domésticos de dos generaciones y dos países: España y Panamá. Aparecen Gladys y Rosa puliendo la platería, el mayordomo Víctor, tan distinguido como el busto romano a su lado, y Romy empuñando un arma durante la invasión norteamericana a Panamá, mientras la observa la patrona desde un retrato al óleo. 

En otras obras, nos reencontramos con figuras conocidas como las de la niña América en su cayuco, y el corpulento Tentico con su lanza, en la serie Emberás, hijos del río, a quienes Sandra Eleta fotografió a fines de los años ochenta. Según la artista, Los Emberá son seres de agua y, siendo nómadas, su órbita gravitacional son siempre los ríos; sabía que para fotografiarlos en su esencia, tenía que hacerlo desde el agua. Por otra parte, su serie Los abuelos, comisionada por el Gobierno, consta de imágenes de ancianos de diversos lugares en el país, con los que Sandra Eleta exploró la historia desde la perspectiva de quienes la vivieron. Sus conversaciones con ellos le permitieron acercarse, pero no revelan la intimidad que ella logró tanto con los portobeleños como con los Emberá, con quienes convivió por períodos considerables.

Los ensayos Cuando los santos bajan, iniciado en Cuba en 2004, y Por los caminos de la piel, producido Panamá a partir de 2006, cierran el paseo cronológico. El primero –con imágenes de curanderos, ritos y ceremonias típicas de las religiones sincréticas cubanas– está inconcluso, en espera de otro viaje a la Isla. El segundo grupo resalta, por tratarse de fotografías a todo color, de cuerpos pintados con símbolos de diversos grupos indígenas por el artista kuna Olguaidi, así como de cuerpos tatuados de jóvenes que reflejan esa cultura urbana que también se expresa a través de alteraciones figurativas en la piel. Vemos el reflejo de ritos ancestrales en la imagen fantaseada de "Pajarito" –con su corona de conchas y plumas, su cuerpo azul y dorado–, que aparece sosteniendo dos palomas blancas. 

El color también es rey en el audiovisual Serenata en B, creado por Eleta en los años ochenta, que afortunadamente formó parte de la retrospectiva. Se trata de "una explosión de color" en un sinnúmero de diapositivas que tienen como protagonista a un chofer de bus en búsqueda de su mujer ideal. Inicialmente presentada con nueve proyectores sincronizados, la obra fue digitalizada para esta exposición, sin perder su frescura imaginativa ni su carácter psicodélico. En su momento dejó una marca importante en la historia del arte de este país, como lo ha hecho gran parte de la producción fotográfica de Sandra Eleta.

MÓNICA E. KUPFER

Sandra Eleta, por Mónica Kupfer | artnexus