Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Amalina Bomnin

Pablo Cardoso

dpm Gallery

Pablo Cardoso (Cuenca, 1965) se las ingenia para conjugar enjundia reflexiva y “gancho” comercial; convirtiéndose en uno de los artistas ecuatorianos más conocidos internacionalmente. Su personalidad se parece a su obra: flemática, sin sobresaltos. Tres años de academia artística junto a sus investigaciones autodidactas fueron suficientes para agenciarle los rudimentos necesarios en la consecución de un discurso que pone en solfa, entre otras cuestiones, el lugar de la otredad dentro de la historia del arte y el pensamiento contemporáneos.

Si observamos su obra de manera superficial, nos inspira frialdad; sin embargo, al entablar conversación con él queda claro que es puro ardid técnico para introducir su visión crítica sobre los procesos de construcción social e histórica al nivel de conciencia. De manera general, este discurso trasiega con los lenguajes de la fotografía y el paisaje para llamar la atención sobre la “insoportable levedad” del ser contemporáneo. Las series más recientes, denominadas Travesías, Coordenadas, Sábanas y Abismo-Desierto-Mar, por mencionar algunas, son el resultado de sus tomas fotográficas (a veces alterando el original por deslizamientos del foco), que luego reproduce con especial fruición, dando fe de los desplazamientos humanos, el carácter etéreo de los acontecimientos y la carencia de sensibilidad de una vida vertiginosa.

Exposición Individual: Pablo Cardoso — imagen 1
Pablo Cardoso. Lebensraum #1, 2010. Acrílico y óleo sobre lienzo, marco de fibra de vidrio. 82 x150 cm. (32 1/5 x 59 pulgadas).

Galería dpm, uno de los espacios expositivos más importantes de Guayaquil, acogió desde el 21 de julio hasta el 21 de agosto la muestra Lebensraum conformada por diez obras (ocho resueltas en óleo y acrílico sobre lienzo y dos mediante la misma técnica sobre madera) que reinterpretan algunos paisajes emblemáticos de Frederic Edwin Church, pintor y explorador norteamericano de mediados del siglo XIX. El título de la serie significa en alemán “espacio vital”, y responde a las ideas expansionistas y anexionistas manejadas por el nacionalsocialismo germano en el contexto nazi, el cual justificaba cualquier sometimiento e intervención, bajo el pretexto de que la existencia de Alemania quedaría garantizada cuando dispusiera de suficiente territorio para satisfacer sus necesidades. 

La aparente visión romántica del norteamericano sobre los Andes ecuatorianos, convertida ahora en intertexto, queda desmantelada por Cardoso para connotar las reales intenciones colonialistas de los viajeros y misioneros que se acercaban por ese entonces a estas geografías tropicales; a la vez que introduce un matiz político al emplazar nuestra demandante actitud hacia los recursos naturales.

Church, quien viajó al continente “en busca de la tierra prometida” para tomar apuntes de la naturaleza, inspirado en los estudios de Humboldt, era el máximo exponente de la Escuela del Río Hudson. Nunca introdujo en sus acercamientos la figura humana; acaso hizo alusión a algún ejemplar animal. Sus escenas colosales, que muchas veces no resultaban fidedignas, respondían más que todo a un afán de fortuna y éxito.

Las piezas de Cardoso, a pesar de haber sustituido los majestuosos formatos, alterar la paleta e introducir algunas maniobras sutiles respecto a los textos originales, ora otorgándoles brillantez, ora agrisándolos o introduciendo calidez, resultan paisajes anodinos, ajenos, expoliados, mero recuerdo vaciado de sentido, cual epítomes de la obsesión emancipatoria, que no ha dejado espacio para pensar la naturaleza como nuestro reducto de salvación. Este ejercicio de apropiación e intervención no sólo reconoce el delirio colonialista de los que piensan en estas latitudes como el territorio propicio para sus fines lucrativos, sino que también nos involucra al enjuiciar nuestra mentalidad colonizada, que se traduce en una sobrevaloración de los valores foráneos, en detrimento de los nacionales. Además, hoy día, pocas personas desean vivir o trabajar en el campo; casi nadie muestra interés por las faenas agrícolas; incluso, el paisaje campestre se transforma cada vez, más cediendo espacio al desarrollo urbanístico.

Pablo Cardoso quiere hablarnos sobre la urgencia de que estos parajes sean tomados más en cuenta por nosotros mismos, que no sean en primer lugar el producto exótico de exportación, manzana de la discordia, sino fuente de trabajo, emblema de pertenencia, oportunidad de crecimiento endógeno. Estas imágenes constituyen una imagen refractaria que nos invita a mirar hacia nuestro interior, despojándonos de estereotipos, complejos culturales y clichés, para convencernos de una vez de que no necesitamos de un “descubridor”. 

Son ensayos geofilosóficos que denuncian también la amnesia, la falta de iniciativa, la cultura de la queja, cual radiografía de nuestras flaquezas en la toma de decisiones, y subrayan la importancia del sentido de mismidad como estrategia de resistencia ante el control que pretenden imponer los centros a las culturas subalternas.

AMALINA BOMNIN

Pablo Cardoso, por Amalina Bomnin | artnexus