La artista colombiana Nohemí Pérez nació en Tibú y vive y trabaja en Bogotá. Desde 2004, cuando realizó su exposición Sin noticias de Dios en esta misma galería, ha dado a conocer su obra, centrada en el tema de la marginalidad. En ese entonces su trabajo bidimensional con carboncillo representaba perros callejeros, haciendo alusión a los seres relegados por las ciudades y su vertiginosa cotidianidad. Ahora, con su exposición Babilonia, aborda otra rama del acontecer urbano a partir de los grandes edificios que son íconos del poder económico y social en las ciudades del mundo. No se puede negar la alusión política en la temática de esta exposición, de violencia generada por el ansia de poder y riqueza. Como el antiguo Imperio de Babilonia, que controló la Mesopotamia erigiendo el primer reino de la Antigüedad, con vasta riqueza y poder sobre los demás pueblos, y el primero en implementar un sistema numérico para controlar esas riquezas constituyendo uno de los primeros sistemas económicos de la humanidad. Parece ser que dicho sistema es la raíz de todos los males que sufre la sociedad contemporánea, y que Nohemí Pérez representa en su obra reciente.
En la segunda planta, en la sala de exposición más grande de la galería, la pared del fondo carga una pieza enorme con una base de madera aglomerada de la que emergen edificaciones reconocibles en la conciencia colectiva, como el Empire State o el edificio de Chrysler en Nueva York; la torre Colpatria de Bogotá, etc. Estos edificios hechos de chapilla de madera, pintados de negro mate, salen del plano bidimensional como vigas que el ímpetu de la tierra empuja hacia la superficie en diferentes direcciones y generando una percepción dual que sugiere que también podrían estarse hundiendo. Esta composición alude a la reestructuración del poder; a la crisis económica de las grandes potencias; a un reordenamiento social.

Del juego conceptual en la obra de Nohemí Pérez surge la representación de un cambio que se abre paso con fuerza en el mundo que conocemos. Obliga a entender que estamos en medio de un cataclismo provocado por los sistemas de producción en decadencia y por los modelos laborales obsoletos para las necesidades actuales de la humanidad. La dilapidada imagen del 9/11 se cuela inevitablemente en la conciencia del espectador.
El punto de partida de esos sistemas económicos fue la Revolución Industrial, con la maquinaria de vapor alimentada por el combustible del carbón. Aquí, el manejo de este elemento en la obra de la artista cobra muchos significados. El carboncillo es el material que hace posible sus dibujos de edificios que se queman, que están a punto de caer en inminente demolición o como blancos de algún ataque. Estos dibujos son la fase preliminar a partir de fotos, que luego fueron pidiendo más contundencia para dar nacimiento a las piezas tridimensionales.
En otras obras sobre tarimas, en la mitad de la sala de exposición, salen las partes superiores de más edificios imponentes, pero esta vez tallados sobre puro carbón mineral. Pérez deja en la base que el pedazo de carbón quede reconocible en bruto, como lo sacan los mineros de las profundidades de la tierra, sobre sus hombros, recalcando de nuevo la idea del sistema obrero y de este recurso como material de trabajo que se mueve entre la rigidez de la escultura y la sutileza del dibujo.
Pasando a la otra sala, hay varias repisas con más edificios que emergen. Esta vez se trata de pequeñas esculturas de madera que la artista cubre con un acabado de grafito al que luego añade fijador. Estos edificios puntiagudos atraviesan láminas de madera como punzones, como proyectiles, como misiles.
La propuesta estética es interesante con la referencia que hace la artista frente a los recursos de la fotografía, el cine y el cómic. Dice que el tema de las edificaciones destruidas por la guerra, y el del fin de las civilizaciones con el desplome de las urbes, ya sea por acción humana o de la naturaleza, son recurrentes de la producción filmográfica, y que ve en esta exposición, que esos medios han sido una clara influencia. La fotografía aporta la cuota de realismo para recrear las construcciones arquitectónicas de esta producción; al referirse al cine, entiendo que es la manipulación de la imagen para componer ficción, y el cómic es la limpieza de la factura bidimensional que relaciona con el carboncillo de los dibujos antes mencionados y con el grafito fijado de las esculturas de madera.
Babilonia es un conjunto de obras que, relacionado con la producción anterior de Pérez, denota un desarrollo temático que se mueve de lo local hacia lo global. Es interesante detectar la contundencia que estas obras le brindan a la problemática de la condición humana, que siempre ha trabajado desde el rol social, económico y cultural de quien se reconoce como artista, supuestamente ajena a la cotidianidad mercantil pero consciente de que es la realidad en la que todos estamos inmersos y que es necesario asimilar para conservar ese “equilibrio”, como ser miembro de una comunidad. Vale desde el rol de artista cuestionar pues esos modelos de la existencia contemporánea, que con esta exposición generan interesantes reflexiones.
MARÍA JOSÉ RAMÍREZ
