Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Janet Batet

Luis Cruz Azaceta

PanAmerican Art Projects

La denominada sociedad posindustrial ha generado un sujeto esquizofrénico y paranoico que se realiza en una suerte de autofagia que lo anula a sí mismo. Este es justo el sujeto y  que anima la obra de Cruz Azaceta, hurgador incansable del drama humano contemporáneo, cuya obra pone ahora a nuestro alcance la galería Panamerican Art Project. 

Este sujeto social de aura kafkiana será el personaje central que emerge de los cuadros de Azaceta. Un individuo abandonado a su suerte y a solas consigo mismo, perdido en medio de un complejo entramado de relaciones que lo sobrepasan y aniquilan. 

Luis Cruz Azaceta (La Habana, 1942) abandona Cuba en 1960, a la edad de 18, años para radicarse en Estados Unidos. Su adolescencia había estado plagada por la historia convulsa que marca la Isla, estigmatizada por dictaduras, golpes de Estado y lucha armada dejando tras de sí un saldo de muerte y terror. Luego, la llegada a Estados Unidos significa un nuevo trauma, marcado por el frío y la barrera idiomática, que implacable se interpone y excluye. El nuevo referente en el que se inserta el artista está marcado por un individuo que persiste en su aislamiento y que evade al prójimo. Tal vez esto explica por qué la obra toda de Azaceta gira en torno al tema de la compasión como salvación última. 

Exposición Individual: Luis Cruz Azaceta — imagen 1
Luis Cruz Azaceta. Exilio 50, 2009. Técnica mixta sobre lienzo. 152,4 x 365,7 cm. (60 x 144 pulgadas).

Obra de marcado carácter autorreferencial, donde el artista encarna en sí mismo a este personaje trágico cuyos interminables avatares no son sino expresión de su alienación, la obra de Azaceta renuncia al componente anecdótico para convertirse en ícono revelador, donde el cuerpo deviene contenido y continente. No puede ser de otro modo para el exiliado cuya patria queda reducida al límite del cuerpo: esa isla con la que bregamos ya por siempre. 

Receptáculo del drama humano, Azaceta se desdobla una y otra vez en balsero, cocainómano, payaso, decapitado, víctima, victimario. Es la encarnación del todo en pos de la nada. Protagonista de la catástrofe, victima inadaptada, no importa cuál sea el personaje en cuestión, el estereotipo puede cambiar una y otra vez; lo único invariable es su condición trágica. Asistimos siempre a personajes atrapados por un entorno en el que no tienen cabida. Sus personajes son dignos del teatro del absurdo, moran en un limbo donde no hay sentido ni catarsis. 

Exilo 50 (2009) nos presenta al artista desnudo, encerrado en una especie de burbuja, símbolo del aislamiento; la mirada fija en el objetivo y atrás el fardo de un pasado que nunca abandonará: la isla que como memoria se aquilata. Hay algo de infantil en el personaje que tira del cordelito como de un juguete, enfatizando lo inocente y trágico de la dualidad del emigrante que busca mirar adelante sin poder dejar de mirar atrás. 

La fisonomía de la Isla es sintomática. Rodeada por una cerca con lanzas clavadas sobra la nada que sangra, todo el mapa está cubierto de motas de algodón, como en una caricia, silenciada. La recurrencia a las motas de algodón nos trae a la memoria a Obatalá, orisha mayor de la santería cubana sincretizada en la Virgen de Las Mercedes, creadora de la Tierra y el ser humano, dueña de la cabeza y los sueños.

Los ambientes recreados en la obra de Azaceta tienen algo de futurista, sólo que el ambiente de confianza en el progreso es trastocado en escarnio. La máquina –en cuanto construcción social– no se erige en símbolo de progreso sino del aniquilamiento humano. Tal es el caso de Cubanicarus, 2010, donde un ser indefenso, desprovisto de brazos y dotado de alas, se ve confinado en un claustro mínimo que le priva del vuelo. O en el caso paradigmático de Swimming to Havana (Nadando hacia La Habana, 2009), donde el personaje central se afana, inútil, en el nado. Rodeado por un sinnúmero de autopistas que se cierran sobre sí mismas como serpientes que se muerden la cola y señalizaciones estériles, el individuo yace atrapado sin remedio.

Radicado en New Orleans desde 1992, donde vive con su esposa e hijos, el tema del Katrina asoma como símbolo tremendo del ser abandonado a su propia suerte. En New Orleans el artista comienza a experimentar con el collage fotográfico. De estos años es su instalación Katrina Boat (Bote del Katrina, 2007), incluida en la presente muestra. La obra, de alto nivel de síntesis, establece un bello paralelo con sus balseros, enfatizando así la idea del drama común del individuo contemporáneo, más allá de las especificidades de cada caso.

Spill 3 (Derrame 3, 2010), nos inquiere acerca de la reciente catástrofe ecológica del Golfo, al tiempo que sirve de denuncia a la avaricia corporativa, que actúa en detrimento de lo humano. 

Incansable cronista de la decadencia de la sociedad urbana contemporánea, Luis Cruz Azaceta se impone por la fuerza expresionista y el nivel de síntesis que distingue a su obra. En este sentido, el artista se reconoce heredero de parangones como Francisco de Goya, Francis Bacon y Frida Kahlo.

JANET BATET

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