El Caribe, como bien su nombre nos indica, está marcado por el signo de la antropofagia. Punto de encuentro y simbiosis de dos mundos; tensión y fusión de tres culturas enteramente diferentes; cruce y superposición de tiempos históricos escindidos y elipsis abismales, El Caribe se resiste a una clasificación cerrada y sus delimitaciones se ensanchan o estrechan en dependencia de los parámetros utilizados en su definición.
Los habitantes de esta región, poblada de archipiélagos e islotes, están marcados por la sal: el flujo marítimo los define, el llegar y el partir, el ritmo y la danza, el desplazamiento, el rito y la memoria. Escenario sin par de disimiles y sucesivas transculturaciones, el Caribe se distingue por su carácter sincrético, una cultura en permanente ebullición y abierta a los cuatro vientos.
En medio de este riquísimo cruce histórico, Santo Domingo aparece como enclave sintomático. Testigo del primer encuentro en 1492, la ciudad primada de América, ha sido nombrada este año Capital Americana de la Cultura 2010 y entre las actividades que celebran tal galardón, destaca la Primera Emisión de la Trienal del Caribe, que quedó inaugurada el pasado primero de septiembre.
Los organizadores adoptaron el patrón lingüístico como modelador de las diferentes áreas del Caribe, asignando un curador a cada una de estas zonas, quedando la trienal estructurada a partir de las siguientes áreas geo-lingüísticas: Caribe Anglófono, Caribe Francófono, Caribe Centroamericano, Caribe Hispano, Caribe Holandés, Gran Caribe.


La primera edición de la Trienal fue dedicada al Medioambiente, como uno de las problemáticas más acuciantes de nuestra contemporaneidad. Esta temática, asumida desde el área del Caribe, implicaba además la revisión de categorías como globalización y mundialización, y las consecuencias medioambientales que este supuesto libre fluir de comercio, turismo, productos y desechos. La problemática del hábitat y el flujo humano fue otra de las problemáticas de interés, dado que la migración es una de las zonas de alta tensión en el espacio Caribe y justo uno de los tópicos más controvertidos cuando se aborda el tema de la globalización.
Los artistas invitados a esta primera edición son Tony Capellán (República Dominicana), María Fernanda Cardoso (Colombia), Luis Cruz Azaceta (Cuba-Estados Unidos), Phillipe Dodard (Haití), Tirzo Martha (Curazao) y Pepón Osorio (Puerto Rico).
En este sentido, asoma como sintomática la participación de Tony Capellán. La obra toda de Capellán (República Dominicana) es una parábola de la vida in extremis del Caribe. Sus instalaciones, construidas a base de desechos se erigen poética de la vida precaria de nuestros países: una existencia siempre al borde, siempre a riesgo.
Su eficaz instalación Mar Caribe, incluida en la presente Trienal, se compone de una marea de chancletas azules, donde las diferentes tonalidades que van del verde, al aqua, al índigo, nos incitan en peculiar metáfora a un viaje desde las exóticas vistas de las playas caribeñas, a las insuperables barreras coralinas, a los dramáticos confines de altamar donde a diario pierden la vida miles de personas. El humano es sintetizado en el rastro, la huella que lo define y estigmatiza a un tiempo. El zapato inútil de una estirpe que abandona la tierra firme para echarse a la mar. Ese mar que nos define y sentencia.

Otra de las instalaciones presentada por Capellán en la Trienal, consiste en una espiral hecha de soga y de la que salen a modo de atavismos, brazos y piernas de muñecas. La obra es una referencia a la nostalgia y la pérdida de la inocencia.
Por su lado, la imponente obra de Tirzo Martha (Curazao) nos interpele con su visceral performance Afro victimize. La propuesta artística de Martha está marcada por la perpetua indagación en la historia caribeña y el concepto de identidad asociado a la región. El artista se mueve siempre entre zonas polares como son la idealización que se hace de la región y lo imperioso de la realidad que distingue al espacio Caribe. Obra conceptual crítica que denuncia el uso y abuso del Caribe como zona apropiada y explotada por el foráneo a lo largo de la historia, sus intervenciones son un análisis existencial de la identidad caribeña en tanto fusión y sobrevivencia. Martha se ha referido a su trabajo como “estados transitorios”, testigos de existencia efímera de un espacio marcado por el cambio constante, la transitoriedad y la precariedad como signos esenciales que aluden a un espacio de historia reciente y en plena formación.
En Afro victimize, el artista, confinado al espacio mínimo, subsiste con sus íconos esenciales. El gallo, la cruz, el perro, santos católicos trasvestidos actúan como legado y prisión a un tiempo. Identidad y segregación y victimización son las entidades en juego. Afro victimize, como bien su nombre indica, apunta a los estereotipos manidos de identidad que conducen a la auto confinación como lamento y lastre dentro de la cultura caribeña.
La obra videográfica de Lourdes de la Riva, de Guatemala, que mereciera mención del jurado, destaca por el tratamiento poético y efectivo de uno de los temas más caros a la historia de y conformación identitaria de la región: la plantación como entidad segregacionista impuesta por la metrópoli como formula económica y de subyugación devino enclave de encuentro y resistencia cultural aun tiempo, marcando el cimarronaje como uno de los rasgos culturales más distintivos de la región.

Las otras menciones irían a manos de Raúl Morilla (República Dominicana), Richard Viktor Saindily Cayol (Guadalupe), Heleen Cornet (Saba), y Tania Candiani (México). La vídeo-instalación Sobre el Tiempo presentada por Candiani, constituye una lograda metáfora acerca de la imbricación entre tiempo y medio ambiente.
El premio editorial a la obra de Charles Juhasz Alvarado (Puerto Rico),“Alas iguales”, destaca dentro del conjunto. La cuidadosa escultura consiste en una réplica exacta de la máquina para volar concebida por Da Vinci. La máquina que es enteramente operativa desde el punto de vista estructural, queda inutilizada por el material empleado en su construcción: la paja.
Juhasz Alvarado incorpora la paja, que era uno de los materiales más utilizados por los arahuacos y más tarde por los campesinos del Caribe, como material simbólico y cultural asociado a la historia de la región. Sin embargo, el frágil material inutiliza el artefacto deviniendo su obra una suerte de Ícaro condenado al fracaso. En el suelo, cual dibujos de Nasca, se reproduce en siluetas el artefacto, creando una dualidad entre el cielo y la tierra, realidad y quimeras, repto y vuelo.
Los otros dos premios del jurado fueron otorgados a Miguelina Rivera, de República Dominicana, por la obra En tu piel, y Alida Martínez, de Aruba por su Mega Bide Candy (MB Candy). El jurado otorgó a su vez menciones honoríficas a las carreras artísticas de Antonio Martorell, Eduard Duval Carrié y Marcos Lora Read, tres pilares cardinales del arte en la región.

En esta primera edición el jurado estuvo integrado por Orlando Britto Jinorio, Curador Independiente (España), Michéle Dalmace, Directora del Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos de la Universidad Michel de Montaigne, Bordeaux (Francia), Carol Damian Directora del Patricia and Phillip Frost Art Museum (Miami), Myrna Guerrero Villalona, miembro de AICA-República Dominicana y Yacouba Konaté, Presidente de AICA Internacional (Costa de Marfil/Francia).
La primera Trienal del Caribe contó con una gran participación, registrándose la presencia de 31 países del área: Bahamas, Barbados, Granada, Guyana Inglesa, Jamaica, St. John, St. Kits & Nevis, St. Lucia, St. Thomas, Guadaloupe, Guyana Francesa, Haití, Martinique, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Aruba, Curazao, Saba, San Martin, Suriname, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Miami, México, Venezuela, Colombia.
Cuatro proyectos espaciales fueron acogidos dentro del Museo de Arte Moderno, sede de la Trienal. Ellos son Rablaci, Metáforas del Hombre Contemporáneo, José Bedia, MAM, Julio Cuaresma, Mar Futuro y Video de Bigas Luna Collar de Moscas, de la Colección del Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM. Paralelamente, se desplegaron ocho exposiciones personales con motivo del evento central.
La Trienal del Caribe llena el vacío dejado por su predecesor que con carácter bienal se celebraba también en Santo Domingo y abre las puertas a un espacio más que necesario para repensar y solidificar los lazos de una región riquísima cuyo diálogo e integración se ve muchas veces frenado por su propia condición geográfica –en tanto islas- y la barrera idiomática. El evento se erige además el espacio propicio para romper los estereotipos reduccionistas con los que lamentablemente se ha identificado nuestra región dando a conocer las inquietudes, tribulaciones, sueños y quimeras de ese enclave único de sincretismo exuberante y perenne que es el espacio Caribe.
JANET BATET

