Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Christine Frèrot

Julio Villani

Musée Zadkine

En su exposición personal en el museo Zadkine de París –un museo municipal que, al abrir sus puertas al arte contemporáneo, inició desde hace varios años una política de diálogo fecundo con la obra de este escultor–, Julio Villani parece tan a gusto como si estuviera exponiendo solo. Con esculturas realizadas en diversos materiales, objetos, instalaciones, fotografías antiguas (en las que interviene pictóricamente) y videos, su trabajo resiste la belleza perenne, masiva y estática de Zadkine, y se impone frente al valor-tiempo que rodea y consagra la obra del museo, optando por una levedad material1 impregnada de una idea directriz, la del desplazamiento en todas sus formas, tanto culturales como geográficas y estéticas. En este artista brasileño (nacido en 1956 y residente en París desde 1982), la coherencia de una creación erudita, que no excluye ni el espíritu lúdico ni el sentido poético, se hace más concisa en los diversos trabajos presentados, en los que el cuestionamiento de la forma va estrechamente vinculado a un discurso íntimo, sobre su trasfondo cultural, eje creador y permanente que fundamenta su reflexión al igual que sus afectos. La experiencia vital, relacionada con su carrera profesional en los dos países, incitó al viajero incesante que es Villani, tanto en lo espacial como en lo artístico y lo imaginario, a intitular su exposición L’Arpenteur  (El Agrimensor) y a presentar, bajo este nombre, varios autorretratos incluidos en ella. El término arpenteur tiene en francés un doble significado; por un lado, está relacionado con la medida, y por el otro, con el desplazamiento; Villani se concentró en el segundo, y, en su viaje constante entre dos continentes, dos culturas, dos idiomas, se instala en una frontera fluctuante, pero no difusa, que le permite ir de uno a otro instaurando un diálogo estético referente e ilimitado a la vez: unidad y permanencia de estos dos polos indisociables en el momento de la inspiración; cambio y renovación de un discurso a la vez estable y evolutivo. En el artista, las diferencias dan forma a un mundo de apertura en donde nada está totalmente inmóvil. La dialéctica inédita y sutil que inerva su creación, con consciencia y regocijo, se inscribe en una construcción mental y formal que convoca libremente todos sus afectos. 

Exposición Individual: Julio Villani — imagen 1
Julio Villani. Bilboquets (cocas) o el origen del mundo, 2002. Piezas en madera y cuerda. 150 x 110 y 194 x 33 cm. (59 x 43 1/5 y 76 1/5 x 13 pulgadas).

La antigua casa-taller de Zadkine, hoy en día transformada en museo, está situada en un jardín aislado de la calle. El artista colocó allí su primer Arpenteur (Versión A3, acero pintado 150 x 140 x 140 cm, 2010), para invitarnos de entrada a descubrir un autorretrato desdoblado en donde se imbrican varias oposiciones: los “mapas del cielo” (de los que no conserva más que las líneas principales) se reúnen en el “cerebro” y constituyen la constelación que lo identifica. En la primera sala, de techo muy alto, encontramos una de las piezas principales de la exposición y el punto de partida de su discurso museográfico. La instalación (2002) de tres juegos de bilboquets (cocas) cuenta con seis piezas en madera torneada (150 x 110 cm y 194 x 33 cm) y una cuerda de sisal. Intitulada L’origine du monde (El origen del mundo), no pretende evocar el tema tratado por Courbet en su cuadro epónimo, cuyo título tomó prestado Villani. Esta obra se presenta más bien como una metáfora objetiva de nuestros orígenes: complementaria y dependiente (a través de la cuerda que constituye su vínculo), cada pieza es para él “femenina” o “masculina”, y se emboca o  naturalmente en la otra. Después de esta iniciación esencial (y lúdica) que Villani nos propone, se invita al visitante a observar un “diálogo” entre Zadkine y Villani, a través de varias comparaciones bien logradas que se suceden unas a otras en pequeños salones en línea: las tres cabezas del Agrimensor (cartón, acero y aluminio pintado, 42x 42 x 45 cm, 2010) desafían a las maravillosas figuras de piedra, madera y mármol del escultor de origen ruso; sus Pequeñas subversiones, aves imaginarias en un conjunto de objetos de la vida diaria, hacen compañía al Oiseau d’or (Pájaro de Oro) (yeso pintado y dorado, alrededor de 1926) de Zadkine. Junto a La femme à l’oiseau (Mujer con pájaro), imponente estatua de piedra de 1930, Villani coloca su delicado Oiseau en cage (Pájaro enjaulado). La mujer ha desaparecido y el pájaro está prisionero. ¿Deberíamos ver allí un símbolo? ¿Algo más que el simple recuerdo que conserva el artista de las porteras de São Paulo con sus jaulas de pájaros?

El recorrido de la exposición se termina con la Tarjeta de identidad, autorretrato con línea de ecuador (bordado en tela de lino y cáñamo, 230 x 165 cm, realizado por las pacientes externas del Centro de Psiquiatría del Hospital de Marilia, São Paulo, 2002), el Preneur d’étoiles (Comprador de estrellas, objetos moldeados en látex, de dimensiones variables, 2010) y la  Vénus anthropophage (Venus antropófaga, conjunto de la serie Almost ready-mades, 154 cm, H, 1998), obras que sellan la narración de Villani en torno a un vasto retrato imaginario alimentado por múltiples fuentes, tanto existenciales como artísticas. En la obsesión de dar forma a su deseo de ser él mismo, Villani aborda todos los tiempos y todos los espacios. No busca estar en interfaz con la obra de Zadkine; propone más bien otra vía, una que, como la de Zadkine, viene también del exterior. Esta es leve y maliciosa, a veces como burlándose y otras como haciendo un guiño al escultor, cuando se invocan el constructivismo y la geometría. Pero Villani jamás deja de recordarnos que es en la “coexistencia pacífica de esos dos mundos, en donde se siente totalmente a gusto”, y que es allí donde se constituye su identidad, tanto de ser humano como de artista.

NOTA

1. Salvo por los bilboquets (cocas) en madera maciza.

CHRISTINE FRÈROT

Julio Villani, por Christine Frèrot | artnexus