Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Ruth Estévez

Jaime Ruiz-Otis

Arróniz Arte Contemporáneo

La historia y realidad presente de Tijuana describen a esta ciudad como un sitio de tránsito y yuxtaposición de condiciones extremas; la frontera no es solamente un símbolo, ni un significado flotante. Tampoco es necesariamente una metáfora. La frontera es una reivindicación que, partiendo de un simbolismo y sobreviviendo atrincherada como representación multivalente, ha logrado mantenerse incuestionablemente física. La demarcación de casi noventa y seis kilómetros de muro que separan Tijuana de San Ysidro, California convierte el muro en un hecho inevitable que dirige la política y economía, pero también los asuntos cotidianos y las interacciones sociales y laborales. 

Jaime Ruiz-Otis vive en Tijuana, aunque nació en Mexicali, no muy lejos de allí. Su trabajo artístico tiene mucho que ver con las dinámicas laborales de la frontera; en el encuentro de ambas cosas es donde se produce, de forma singular, el objeto de la creación de este artista, acotado e inspirado por las condiciones geopolíticas de la zona. La región fronteriza, ampliamente nominada, releída y contextualizada en los últimos 20 años, marca sin duda el devenir cotidiano, tal y como decíamos al principio, de aquellos que la habitan. En 1999, Ruiz-Otis trabajó en la maquiladora, una de las tantas fábricas de ensamblaje en cadena asentadas en la ciudad de Tijuana, donde las estructuras fordistas siguen vigentes, alimentando con parsimonia el consumo global.

Exposición Individual: Jaime Ruiz-Otis — imagen 1
Jaime Ruiz Otis. Registros de labor, 2010. Impresiones realizadas a partir de planchas industriales de polietileno.

La repetición constante del trabajo de la maquila, desde el ensamblaje de los productos electrónicos hasta el estampado de telas, despliega una suerte de agonía metódica en sus procesos. Y en ese rato libre entre segmento y segmento, que suele servir para descansar la mente de tanta monotonía, fue donde Ruiz-Otis descubrió otro tipo de metodología de trabajo para reinventar la apática función de lo mecánico.

Hans Arp y Kurt Schwitters utilizaron materiales dañados o de desecho para describir la reminiscencia del horror de la Primera Guerra Mundial; Ruiz-Otis, en su particular relación con el objeto encontrado, empezó a utilizar la basura de la maquila encontrada en sus ratos de ocio, para describir la realidad del paisaje fronterizo. Los encuentros obligados con el residuo que cada día utilizaba para ganarse la vida, desde un rudimentario tóner, soluciones alcalinas, laminillas de oro, o planchas de polietileno, fueron la materia prima para exprimir las condiciones laborales de estas cadenas de ensamblaje. 

Ruiz-Otis compone particulares “grabados” a través de la huella de los objetos de una manera sistemática, la misma que ordinariamente refleja el ritmo de las maquilas tijuanenses. Es por esto que la propia cualidad del material refleja el oficio perdido y estandarizado de las producciones masivas y en serie. Pero si el objeto encontrado fue utilizado como forma de ensamblaje para crear composiciones abstractas que podían recordar una situación extrema, Ruiz-Otis, paradójicamente, descompone la propia idea del “ensamblaje” para llegar de nuevo al objeto, diluyendo el contexto en la experiencia artística.

En sus primeros intentos, la sorpresa de los encuentros fue casi inesperada. Poco a poco, Ruiz Otis establece formas más eficaces de recoger estos testigos callados pero no ciegos del proyecto capitalista. Como monocromos estampados, la tela manchada por las huellas de tintes sobre un pedazo de tela o planchas de polietileno parece, sin embargo, la creación de un delicado torno sobre el lienzo. En algunos casos, uno no sabe bien si estas telas o planchas impresas son planos para construir máquinas futuristas, u objetos geométricos con formas aleatorias. 

Pero cuando uno entiende de dónde provienen los “grabados”, se puede imaginar el origen del proceso, ya que estas sombras perfiladas en blanco y negro actúan como fantasmas, capaces de despertar y volver a activar el contexto de donde provienen, a través de un gesto tan dramático como neutro; esta neutralidad del objeto aséptico y repetido que muestra el oficio de la maquiladora, donde toda actividad se reduce a un movimiento maquinal, desnudo. Por eso, aunque estas representaciones sean objetos bidimensionales, son también sedimentos de un performance, suspendidos en el tiempo, que se renuevan en la nueva aura de la composición de Ruiz Otis. Como un sudario, las formas permanecen activas como objetos sagrados, al amparo de lo que un día fueron: el desperdicio de un proyecto económico y social devastador.

RUTH ESTÉVEZ

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