Eugenio Dittborn

Donde todo está dos veces, 2007. Pintura aeropostal No. 173. Tintura, hilván textil y fotoserigrafía sobre 4 paños de loneta Duck. 210 x 280 cm. (82 3/5 x 110 1/5 pulgadas). Itinerario: Santiago de Chile-Nueva York, 2008.*

Primer Planodic 2010 - feb 2011· Por Carolina Lara

Eugenio Dittborn

Museo de Artes Visuales, Santiago de Chile

Eugenio Dittborn (1943) es de los artistas más influyentes en el arte contemporáneo chileno, y las pinturas aeropostales son su producción más conocida. La muestra en el Museo de Artes Visuales en Santiago de Chile reunió por primera vez, para el público local, un buen grupo de estas piezas, que circulaban más bien mediatizadas. Titulada simplemente Eugenio Dittborn, incluyó doce telas de medianos y grandes formatos correspondientes a distintas etapas, cuatro videos de los años ochenta (hoy remasterizados), más la propuesta enviada en 1984 a la Quinta Bienal de Sydney (Un día entero de su vida) y una publicación (Desierta).

Dittborn se hizo visible a fines de los años setenta desde la Escena de Avanzada, grupo de neovanguardia chileno nominado por la teórica Nelly Richard. En dictadura, el artista inauguró una serie de procedimientos desde estrategias de grabado, pintura y fotografía, incluidos performances y publicaciones, mientras que de los noventa en adelante parece concentrarse en el trabajo aeropostal. Iniciado éste a comienzos de los ochenta, ha dado origen a unas 180 versiones de un gesto que se repite: el envío de la obra plegada en sobre, a través del correo aéreo, a diversas partes del mundo.

El recorrido permite reconocer cómo la táctica ha ido mutando sutilmente, potenciándose a partir de nuevos recursos y contextos, comprobando además constantes, y algo que se pierde en el registro: la riqueza matérica. Detiene así la delicadeza de los lienzos, la expresividad de la mancha, de las tramas, líneas y pliegues.

Primer Plano: Eugenio Dittborn — imagen 1
La XXIII historia del rostro (Aljo Violet), 1999. Pintura aeropostal No. 128. Tintura, entretela sintética, hilván y fotoserigrafía sobre dos paños de loneta Duck. 210 x 280 cm. (82 3/5 x 110 1/5 pulgadas). Itinerario: Santiago de Chile, 1999-Basilea, 2000.

La presencia estética potencia la experiencia de lenguaje que son las pinturas aeropostales. En ellas ha operado un proceso de deconstrucción del signo, a partir de retazos de imágenes encontradas y recortadas de revistas, diarios, afiches, libros y bocetos, que luego son traspasadas al soporte a través de fotoserigrafía, frottage, bordados, hilvanes e injertos, entre otras técnicas. En una misma superficie conviven tensionados diversos recursos plásticos y figurativos, fragmentos de historias aparentemente sin sentido. En este juego de descontextualización y recontextualización, el significado se esconde, dejándonos en presencia del significante. La tarea es vacilar, recomponer y leer. Aquí, Dittborn sólo da algunas pistas.

Sabemos que cada decisión significa algo, cada elemento allí incluido, cada proceso y material portan textos propios; la procedencia de un retrato, por ejemplo, el tipo de tela, de tintura, el formato, el texto del artista en el sobre de embalaje y, por supuesto, la manera en que viaja la obra, y su destino. Pero también, tras el encuentro aparentemente casual de la imagen, tras la mancha que recorrió de cierto modo ese paño, tras la impresión “imperfecta”, el dibujo trastocado por un doblez, las vicisitudes del viaje y del embalaje, nos hablan el azar, el accidente, los actos fallidos.

Algunas historias que nos llegan podemos identificarlas: tienen relación con la biografía del artista, con la realidad del país, con América, con los medios de comunicación y el arte mismo. También están las historias contadas por locos, presidiarios y niños. En varias obras hallamos sus dibujos traspasados, generalmente rostros de rasgos esenciales, caricaturas blanquinegras delineadas por trazos torpes. 

Primer Plano: Eugenio Dittborn — imagen 2
La  XXIX Historia del Rostro (Sopap), 2007. Pintura aeropostal No. 168. Tintura, frottage, texto y fotoserigrafía sobre 3 secciones de paño Duck. 210 x 210 cm. (82 1/2 x 82 1/2 pulgadas). Foto: Jason Mandella.

Hay historias oficiales e historias residuales. Dittborn se queda con estas últimas: con la foto desteñida de la víctima fatal de un accidente encontrada en un recorte de prensa; con un códice azteca, en un libro de historia; con los gráficos de un cuaderno sobre técnicas de dibujo que era de su padre; o con el testimonio escrito por él sobre la muerte de su hermana. Es más: Dittborn se queda con los residuos de esas historias, con la estampa, la silueta, la mancha, la huella sobre la tela. De pronto, el cuerpo ya no está y todo va hablando de lo mismo, de vestigios y sudarios. Y es ese recuerdo el que viaja atravesando océanos, desplegándose cuan frágil es en su inmensidad la tela sobre los muros de museos y bienales, conectando poéticamente distintos tiempos y espacios, rehaciéndose en su movilidad. 

Pienso en cómo se traduce el gesto de recolectar, estampar, doblar, guardar y enviar en esta era de correos electrónicos y conectividad virtual, y en cómo Dittborn recupera la experiencia aurática de la obra. En las pinturas aeropostales siempre ha habido resistencia y subversión. Lo que comenzó con el afán de salir de las fronteras de un Chile ahogado y periférico, a comienzos de los años ochenta, de quebrar al mismo tiempo el cuadro y su sistema mercantilista, de saltarse la infraestructura cultural, reverbera aún. Absolutamente político, su gesto –elegante y mínimo también– nos devuelve el lenguaje como experiencia contemplativa, suspendiendo por un instante el discurso para dejarnos el silencio. Esa aeropostalidad, como dice él, que radica en los pliegues de las pinturas, la descubro como materialidad que transita susceptible de desaparecer. Y creo que el tema de la muerte está siempre presente detrás de los signos, como un temblor al final del camino.

* Las imágenes que ilustran este artículo son cortesía de Alexander and Bonin, NY.

CAROLINA LARA

Periodista y crítica de arte.

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