Exposición Individualdic 2010 - feb 2011· Por Eugenio Espinoza

Domingo De Lucía

El Anexo Arte Contemporáneo

Tratar de expresar a través del arte el conflicto político-social que vive Venezuela no es tarea fácil, hasta podría ser un suicidio para un artista. En la muestra Std.Color, Domingo De Lucia, en el espacio El Anexo, Caracas, exhibe una serie de ambiguas y modestas instalaciones donde el soporte de sus indagaciones está basado en los sistemas de producción industrial del color rojo. El verdadero planteamiento de esta muestra es ver este color, en su estado natural, como si se pudiera aislar de su simbología política. No está de más recordar la pintura de Barnett Newman Who is Afraid of Red? (¿Quién le teme al rojo?), quien por razones filosóficas o estéticas dejó para la posteridad uno de los más enigmáticos desafíos en la historia del arte moderno. Se podría sentir en el ambiente de la exposición Std. Color la misma pregunta inquietante de Newman formulada en los años 1960, y palpar allí una respuesta amarga y confusa. La producción envasada de la cola o pega blanca que usan los niños en preescolar deja de ser blanca para ser remplazada por una roja,  metáfora que describe el proceso para instaurar en el niño un adoctrinamiento hacia la “formación del hombre nuevo” por medio del color estándar. La aparente sencillez de estas instalaciones, como las pinturas de témpera que generalmente vienen en diferentes colores, ahora son empacadas con un único color estándar, el rojo. Esta obra, sin mucho esfuerzo físico, modifica la percepción sobre la inocencia de este producto. 

Las instalaciones, que igual podrían llamarse pinturas por su ubicación frontal y soportes, aluden a la tradición de la pintura monocroma. Es interesante señalar que el desarrollo de la pintura monocroma no despertó interés en el arte latinoamericano, quizás por la pasión barroca que aún está presente en la cultura del continente. La pintura monocroma desarrollada al final de los años 1960, tanto en Europa como en Estados Unidos, llegó a ser una extensión final de la geometría y el comienzo de una nueva indagación conceptual.

Exposición Individual: Domingo De Lucía — imagen 1
Domingo de Lucía. Std. Color, 2010. Instalación: papel, ganchos de metal y pintura.19 piezas-. 98 x 186 cm. / 28 x 21,5 cm. c/u.

Domingo De Lucia parece proponer una lectura pictórica ubicada entre lo artesanal y lo conceptual. Esta cualidad artesanal es palpable en los sencillos paneles donde se realizan las pruebas de color, las cuales son producidas por el personal del laboratorio de su empresa de pinturas de acrílicos y óleos, que mantiene en Venezuela. De Lucia se apropia de estas pruebas, especialmente las que contienen un gráfico negro que actúa como un fondo “óptico” que lo devuelve al pasado de la geometría de los años 1960. Estos “monocromos” producidos en el laboratorio son organizados y ensamblados por el artista, donde la variedad de matices, cubrimiento, textura y viscosidad afirma una “matriz reticulada que tiene el doble propósito de racionalizar la experiencia perceptiva y exaltar la uniformidad”. 

Sus “monocromos” despliegan variaciones del color estándar, con diferentes intensidades y texturas, hasta llegar a aquellas donde el color ha sido sometido a cultivos de bacterias para activar procesos de descomposición. Las bacterias progresivamente destruyen el color contaminando un poco la sala con un olor “estándar” inesperado haciéndose inevitable su relación con otros incidentes públicos. 

Por una parte, estas instalaciones bien podrían contribuir a apreciar la expansión de las propiedades físicas y estéticas del color rojo, como también pueden prestarse a la otra simbolización (que tampoco deja de ser artística), la del color como emblema ‘no conforme’ o como lo define Félix Suazo, como “un símil de lo real”. Lo más curioso es que el color no es un problema que se discute frecuentemente en el arte contemporáneo, quizás porque necesita ir acompañado de una polaridad explosiva. 

Yves Klein, en los años 1960, construyó gran parte de sus estrategias artísticas usando su “revolución azul” (International Klein Blue); Domingo De Lucia no pretende seguir los pasos de Klein, pero sí involucrarse con su personal de la planta industrial, donde se aferra regularmente a proyectos de índole social.

En esta oportunidad el tema del color parece terminar en dos lecturas contrarias: la que identifica al color rojo como un superconductor de las pasiones humanas, e inevitablemente la otra, que se relaciona con el panorama social, donde reina la ensordecedora y atormentada estrategia de identidad de un régimen político

 Como artista, y no como pintor, De Lucia está más interesado en aplicar en su trabajo de equipo un pensamiento de arte social sin jerarquía y continuamente demócrata.

EUGENIO ESPINOZA

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