La exposición Descartes, curada por Idurre Alonso, reúne a un grupo de artistas que viven actualmente en Tijuana y en Los Ángeles, California. La obra de estos artistas explora el uso de materiales alternos, como objetos desechados y basura, para crear instalaciones que abarcan desde esculturas, composiciones bidimensionales, hasta piezas de arte-sonido interactivas. Esta exposición se inauguró el 18 de septiembre de 2010, en un nuevo espacio de exposiciones en la ciudad de Long Beach, California, llamado The Collaborative, una colaboración entre el Museum of Latin American Art (MoLAA) y el Arts Council de Long Beach.
Los artistas de Descartes (Gabriel Boils, Dream Addictive, Jaime Ruiz Otis y Camilo Ontiveros) comparten un lugar común: Tijuana. A pesar de ser oriundos de diferentes partes del norte de México (y que Ontiveros reside actualmente en Los Ángeles), todos ellos encontraron en la ciudad de Tijuana un espacio perfecto para su producción artística. Por ejemplo, Jaime Ruiz Otis (Mexicali, 1976) pertenece a la generación de jóvenes artistas que en los noventa y principios del año 2000 obtuvieron reconocimiento, y a la par la ciudad se convertía en un fenómeno cultural internacional, gracias a iniciativas de arte como inSite, o diferentes medios como el cine, la arquitectura, el diseño y la música (con el boom del Colectivo Nortec), cambiando el enfoque de la reputación de Tijuana hacia su producción cultural y artística.

La instalación de Ruiz Otis en la fachada de cristal de The Collaborative, Sin título (2010), consiste en calcomanías y etiquetas desechadas de las maquiladoras. Estas calcomanías de color negro, metálico o neón, las cuales fueron utilizadas originalmente para distinguir diferentes partes de equipos electrónicos, fueron distribuidas formando una especie de paisaje futurista o robótico, dando un nuevo propósito a estos materiales descartados. La obra de Ruiz Otis incluye diversos usos de desechos y objetos encontrados en contenedores de basura industrial, como la elaboración de grabados e impresiones con moldes de plástico y tóner de impresora, o la formación de instalaciones con cajas de plástico. Su profundo sentido de la estética le ha permitido transformar basura industrial y hallazgos de “pepenador” en configuraciones artísticas, pero sin duda, su sentido de la estética también está metafóricamente ligado al instinto de supervivencia de la ciudad que lo alberga, el cual consiste en redefinirse a sí misma. Estas diarias transformaciones simbólicas, literales y físicas son activadas por el flujo constante de sus habitantes, los cuales son también un producto de los intercambios constantes de la ciudad; por ejemplo, la transformación de productos desechados en objetos funcionales, y viceversa. Sin título (2010), es un ejemplo de cómo se da un nuevo propósito a los materiales. Al entender la naturaleza y el material del que está hecha la instalación, el espectador se percata de que su existencia es efímera, ya que la composición dejará de existir y se transformará en otra cosa al ser desmontada de la pared. Hay algo poético ya la vez trágico en el hecho de que cuando estas calcomanías sean despegadas de la pared al concluir la exposición, regresarán a su condición de basura.
Gabriel Boils (Tamaulipas, 1976) también recicla, pero de manera distinta. Su instalación Terraza de café por la noche (2010), es una reconfiguración de un rompecabezas de 4.000 piezas de la famosa pintura de Vincent van Gogh del mismo título, en la que Boils elimina la función del rompecabezas como un juego de armar, reinventando la imagen para crear otra, basada en los colores y formas de la pintura original, formando composiciones que recuerdan frecuencias de radio, espectros electromagnéticos o muestras de pintura. Al adquirir rompecabezas monumentales de segunda mano como éste, Boils también reconfigura la manera en que funciona la economía, elevando la insignificante existencia de estos objetos descartados hasta que son recomprados y reutilizados.

Explorando también economías alternas de intercambio, las piezas de Camilo Ontiveros (Sinaloa, 1978) en Descartes consisten en objetos desgastados, como electrodomésticos y muebles, que han sido convertidos en esculturas. Colchones de la serie Deportables (2008), son dos colchones amarrados y montados sobre la pared que parecen misteriosos vestigios antropológicos, al mismo tiempo que una lavadora encendida, en funcionamiento, titulada Restringido, también de la serie Deportables (2008), parece un ser poseído o una máquina incontrolable que necesita ser contenida de alguna manera mientras vibra anclada al piso. En la obra de Ontiveros, cada agente del ciclo de reuso actúa como consumidor y responsable de la transformación de artefactos comunes y no comunes. La circulación de aparatos electrónicos en la frontera es un reflejo del tránsito de emigrantes legales e ilegales que viven intermitentemente en ambos lados de la frontera. Estos electrodomésticos y muebles desgastados no sólo son referencia de los intercambios económicos legales e ilegales, al ser adquiridos por clasificados en periódicos o páginas de internet como Craigslist, para luego ser reparados y revendidos en México a un precio más elevado, después de ser transportados por la frontera, amarrados a camionetas de una forma similar a la que son presentados en la galería. También cuentan las historias y economías contrastantes de la gente que los usa y tira, y la de los que los arreglan, venden y trasladan al otro lado de la frontera. Las sogas que los atan en el camino pueden ser vistas como símbolos de los límites socioeconómicos, no sólo en situaciones individuales, sino también correspondientes con los reglamentos aduanales, de transporte, migración y comercio nacional e internacional.

Al igual que Ontiveros, el colectivo basado en Tijuana, y formado en 2003 por Leslie García y Carmen González, pertenece a una nueva generación de artistas emergentes que experimentan con innovaciones y tecnología en su práctica artística. Tijuana ha sido reconocida como un “laboratorio de producción cultural”, y en el caso de Dream Addictive, este término es más literal y dinámico de lo que parece. Las esculturas sonoras de Dream Addictive son también ejemplo de reciclaje e intercambio. El colectivo no utiliza objetos precisamente descartados, pero recicla componentes electrónicos y energía renovable, ya que sus esculturas se autoalimentan de la energía solar y la interacción con la gente, fusionando en su obra el arte, la ciencia y la tecnología. Las piezas en Descartes, Secuenciador solar, Theremin solar y Sonido Solar, todas de 2010, son objetos que puede construir uno mismo, y de los que podemos ver, comprender y recrear su mecanismo interno, ya que no solamente es visible en algunos casos, pero también está disponible como un documento open source, con instrucciones paso a paso para construir los aparatos. De esa manera, el proceso de transformación de energía e interacción humana permite la colaboración y reconfiguración de los artefactos al ser reconstruidos por otra gente, siguiendo el manual o instructivo de Dream Addictive. Ellas siguen la filosofía open source de trabajar con energía y materiales existentes, que es una metodología que se volvió popular con el internet, y que permite el acceso gratuito al público de planos y documentación; compartiendo sus conocimientos no sólo con sus obras de arte sino también dando clases y talleres sobre cómo reconstruir estos objetos.
Dream Addictive lleva el concepto de intercambio a otro nivel, y así como Ruiz Otis recicla basura industrial, el colectivo renueva recursos naturales y objetos mecánicos, dando sentido al título de la exposición, “Descartes”, no por el filósofo francés, sino por la palabra en español, que significa “desechos”. Ruiz Otis, Boils y Ontiveros analizan espacios invisibles de intercambio que ocurren no sólo en ciudades fronterizas (en este caso, Tijuana-San Diego), y también la naturaleza cultural de estos recursos alternativos y específicos de su sitio, como lo son basureros, fábricas, tiendas de segunda mano, o mercados ambulantes, y las transformaciones de productos y mercancía que vienen no sólo de lugares más privilegiados para ser reutilizada en otros menos privilegiados, además de los recursos autoproducidos que pueden tener un uso diferente cuando se les cambia de contexto.
SELENE PRECIADO

