¡El globo mira al Sur: en la sigla ladrillo que lidera para la construcción de un nuevo orden económico, el BRIC, también brilla especialmente Brasil, pulmón global asociado con el compromiso ambiental, reservorio de naturaleza y creatividad que despierta excitación y festejo entre los ciudadanos del mundo.
Así, en este nuevo Norte –como lo soñaron y apuntaron desde la década del cuarenta el uruguayo Joaquín Torres García, con su América invertida, y demás cultores de las derivas americanistas– sucedió del 14 de setiembre al 31 de octubre pasado el evento más importante de la región, y, sí, también del globo. Bajo los dos grandes temas de Sustentabilidad e Innovación, en Curitiba se mostró el acercamiento de un país al diseño.
El objetivo de la tercera edición de esta bienal fue democratizar el diseño a partir del énfasis en aquello que hace a lo cotidiano: productos, servicios y sistemas, incluidos gráfica y embalajes, mostraron que la innovación y la sustentabilidad son para todos, acorde a una propuesta que buscó desmitificar la temática y acercarla a las personas, bajo la curaduría general de Adelia Borges.

Con anteriores ediciones en São Paulo y en Brasilia (y la de 2012 confirmada ya en Belo Horizonte), que esta última haya sido en Curitiba –ciudad arquetípica de democratización del espacio urbano a través del diseño, de inclusión de esta temática en los medios de comunicación– también suma mérito a la iniciativa conjunta del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior; el Ministerio de Cultura y el MBC (Movimento Brasil Competitivo), que tuvo apoyo del Centro de Design Paraná, la Federación de las Industrias del Estado (Fiep), con el Centro Internacional de Innovación (C2i). Citar a todos estos organismos no atiende a una formalidad, sino a resaltar cuánto le importa el diseño al país y cuánto lo apoya. Sin ir más lejos, la carta de apertura del grueso catálogo lleva la firma del presidente Lula.
Así, tan intensiva como el mapa mismo de esta disciplina en el vecino amazónico, la bienal tuvo nueve muestras, acompañadas de un rico menú de paneles y workshops con 38 conferenciastas regionales e internacionales. Entre éstos, se destacó la presencia de una de las voces más sensatas a la hora de hablar de sustentabilidad: John Thackara, el inglés nómade que con su libro En la burbuja dio sustento ideológico (y recetas prácticas) a la prédica de la sostenibilidad, de la que tanto se abusa. Entre lo más importante que Thackara indica desde su sitio (doorsofperception.com) y su accionar global, es apuntar hacia el colectivismo como solución para un futuro con menos cosas y más personas.
Y en ese sentido, por qué no empezar el recorrido por la bienal desde su mayor muestra: Diseño, Innovación y Sustentabilidad, que mostró más de 250 proyectos de 22 estados brasileños en un display de 12 núcleos temáticos que comenzaban con un Menos. Es que al reciclado y a la reutilización les sigue la imperiosa necesidad de reducir.

Empezando por la reducción del consumo, se reducirían los descartes. Y en el rubro de diseño con descartes brillaron dos opuestos artificial-natural, ambos con escamas: las alhajas de la carioca Mana Bernardes, que diseña manualmente con botellas de pet verdes y translúcidas, con la convicción de que “el poder de transformación es la joya del ser humano”. Y los bolsos y calzado de piel de pescado, de otro carioca, Oskar Metsavaht, que mezclan exquisitamente el cuero de un pez amazónico, el pirarucu, con el de bovino.
También en calzado, pero infantil, alistaron los Cia Miao de Priscila Callegari, un par de zapatos con suela de goma reciclada que se multiplica por varios a través de accesorios intercambiables, siendo el niño quien finaliza el diseño a la hora de usarlo.
Además de responder a una selección representativa del país íntegro, los productos exhibidos debían realmente cumplir con condiciones de sustentabilidad. Para esto, la curadora general dirigió a una constelación de consultores que garantizaron las premisas (qué materiales se usaron, si las materias primas eran renovables, si el proceso garantizaba índices de sostenibilidad en cuanto a transporte, mano de obra y vida postuso, y del mensaje que propone cada producto; en definitiva, si es portador del ADN ecológico).

Los trabajos seleccionados demuestran que el diseño sustentable no tiene por qué tener una imagen pobre o la carga estigmática de lo alternativo. Por el contrario, “privilegiamos las soluciones inteligentes y estimulantes, que hablan de nuestros deseos, que combinan el bajo impacto ambiental con el alto impacto sensorial”, señaló la curadora.
En Bam-boom, un apartado especial sobre el bambú, material ecológico por excelencia (es una gramínea con alta captación del carbono neutro, además de su gran velocidad de crecimiento), se vieron los Bancos Peque, de Marko Brajovic; la bicicleta Chico, que se puede adaptar desde los 2 hasta los 10 años; la colección de cuencos Blow Up de Fernando y Humberto Campana para Alessi; la sutil percha Cabide de Takeshi Sumi y, como curiosidad, los armazones de anteojos de Lucio Ventania.
En los demás núcleos temáticos, Derecho de ir y venir, Liga-Desliga y Gota a gota, se presentaron, respectivamente, soluciones a la cuestión de la movilidad y el uso racional de la energía y del agua. Dime de dónde vienes apuntó a las certificaciones de origen (maderas certificadas por el Forest Stewardship Council), y en ese segmento brillaron las Caixas Aver, de Etel Carmona, producidas por Aver Amazonia, plantación de propiedad comunitaria en Xapuri, Acre, que, además de haber sido la primera del Brasil en lograr el sello FSC, fue donde Chico Mendes, pionero y mártir de la preservación amazónica, inició su lucha. Y el sensual Banco Danca, de Eduardo Baroni para Stone Design, un mueble multiuso que apila cinco módulos de MDF con sello FSC.

En los núcleos Originalidade y Para una vida mejor pudo verse el reemplazo de materiales provenientes del petróleo por bioplásticos o plásticos verdes, como las populares Ultragirl de Melissa, con 30% ciento de plástico reciclado. O, pequeñísimo y cuidadoso, el PráLimão, del estudio Tipo D de Brasilia, producido por Peds, que garantiza seguridad al manipular limas, cuyas gotas generan quemaduras graves cuando la piel está expuesta al sol. Con diversos kits para uso doméstico o profesional, está realizado en plástico PP virgen y su utilización apunta a disminuir el uso de servilletas de papel.
Si siempre lo hizo en el mundo de la música y el fútbol, hoy lo hace en el de la economía y la política, y también en el del diseño: Brasil tiene buen prestigio de cultura proyectual. Lo tiene en cuanto historia de su movimiento moderno, puesto en valor pocos años atrás a partir de un reconocimiento –tardío pero reconocimiento al fin– de la figura de Lina Bo Bardi, a su vez, y en buena medida, divulgada gracias a la difusión que por su parte lograron los Hermanos Campana luego de que sus creaciones pasaran por el filtro productor del Made in Italy. Pero eso ya es una etapa superada para Brasil, que merecidamente se ha referenciado como país de diseño. En un globo multicéntrico, ya no hay nortes tradicionales ni periferias congeladas en su rol. Una de las principales cultivadoras de este discurso desde el hemisferio sur ha sido en las últimas décadas, justamente, Adelia Borges, la curadora de esta suculenta bienal que, desarrollada entre universidades, museos, parques y centros de exposición, tuvo la friolera de medio millón de visitantes entre profesionales y, lo más importante, público en general. La democratización del diseño es una asignatura que Brasil cumple no sólo en el mercado de bienes de consumo diseñados que alcanzan lo masivo (prueba anual de ello es el influyente premio del Museu da Casa Brasileira), sino desde la difusión en medios, museos y demás soportes, para un entendimiento de la cultura material.
En ese sentido, es muy significativo el aporte de Adelia Borges, una intelectual del diseño cuya trayectoria impecable de generación de contenidos para la cultura del diseño lleva más de dos décadas. Así como lo es en la puesta arquitectónica de este evento la impronta del Pritzker Paulo Mendes da Rocha, quien, al igual que Borges, está comprometido en otro gran proyecto que divulgará al diseño en una visión de diálogo entre lo erudito y lo popular: el Pabellón de las Culturas, 11.000 metros cuadrados en uno de los maravillosos edificios de Niemeyer, en el Parque Ibirapuera de São Paulo.

Pero volviendo a Curitiba, es justamente en el museo Oscar Niemeyer donde se alojó la muestra La reinvención de la materia, de diseños realizados a partir de la exuberante paleta material brasileña: un inventario natural que cubre al burití, coco, caucho vegetal, fibra de banana, innumerables semillas y plantas.
En un momento de saturación de productos y agotamiento de recursos energéticos, el objetivo de esta muestra es alentar la transformación y la investigación de los materiales con criterios de sustentabilidad, indica Borges. Impactante, en la puesta flanqueada por un túnel naranja donde los materiales están atrapados como en peceras resaltan los Pneus, neumáticos inutilizados, cuya transformación es una tradición popular que ha dado gran variedad de productos, documentados por el diseñador Aloísio Magalhães ya en los años setenta, en el Nordeste brasileño. Mostrando el presente de esa tradición, en las vitrinas centrales lucen los Bowl TransNeomatic, de los inefables Fernando y Humberto Campana, con centro de fibra. A pocos metros, los bancos del diseñador Domingos Tótora revelan el resultado de una técnica de prensado de cartón y agua para hacer premoldeados ultrarresistentes con papel de embalajes descartados.
Frente a la celebración del mejor momento del diseño brasilero, como inicia la curadora su presentación en el catálogo, cabe preguntarse: ¿qué tienen Brasil y la región en la que está inserto? Para empezar, los patrimonios ambientales más variados del planeta y la tradición (forma elevada de la experiencia) del hacer en la contingencia: frente a la necesidad, arreglarse con lo que hay. Tiene la riqueza de su diversidad cultural, claro. Un pasado de varias décadas articulando artesanados con diseño. Y también la historia, que en la bienal fue puesta en valor a través de dos muestras: Primórdios de uma ideia, curada por Freddy Van Camp e Ivens Fontoura, recorre el devenir de las bienales en Brasil. En tanto, Memoria de la Industria: el caso Simo mostró la experiencia de Muebles Simo S. A., fundada en Río Negrinho, en la década del veinte, que representa la bisagra entre la producción artesanal y la fabricación seriada en el país. Existió hasta los años setenta siendo la mayor industria de muebles nacional: presente en dependencias públicas, casas, auditorios y cines de Brasil y América Latina, hoy reconocidos en la memoria colectiva por sus cualidades de resistencia, durabilidad, belleza y confort, que pudieron verse a través de 40 piezas originales de mobiliario.

Como contrapunto contemporáneo, la muestra Novíssimos, también curada por Ivens Fontoura, aproximó a la nueva generación de diseñadores universitarios con los empresarios que requieren nuevas ideas para un mercado en mutación. Los 53 proyectos allí presentados, pertenecientes a 27 instituciones de 12 estados, fueron concebidos teniendo en cuenta las necesidades ambientales y sociales de la población brasileña. Entre ellos, se destacó el carrito para bebés Walk on Air, de los estudiantes paulistas Fábio Yuji Matsuda y Leonardo Yoshio Hatamura. Esta sillita, que pesa 14 kilogramos y soporta 17, se diferencia de otras propuestas del mercado por la altura, que permite alimentar al niño sin sacarlo del asiento. Forma parte del Design Excellence Brazil y es finalista del premio IF Concept Award, de Alemania.
Siguiendo sobre ruedas, en la muestra Diseño Urbano: una Trayectoria, sobre el arquitecto y urbanista Jaime Lerner en el Memorial de Curitiba, se pudo ver Rua portátil, un proyecto que se asienta en el seductor concepto de las acupunturas urbanas para revitalizar áreas degradadas de las ciudades con toques simples en puntos claves. Atendiendo a las economías formales e informales que se funden en las economías metropolitanas, se buscan formas de integrar a esos sectores. A veces, cuando la solución no puede acontecer en el espacio, puede suceder en el tiempo. La palabra clave del proyecto fue coexistencia.
Allí también brilló Dock dock, un vehículo individual movido con energía limpia, que ocupa apenas 1/6 del tamaño de un auto normal. La idea de éste viene siendo desarrollada desde 2007 por el Instituto Jaime Lerner, con el objetivo de llegar a complementar las redes de transporte existentes. Y, en esta área, imposible no rendir homenaje a la Estación Tubo, que, con su diseño particular, se convirtió en ícono del paisaje urbano de Curitiba, cuya Red Integrada de Transporte comenzó como objetivo en 1974 y hoy traslada cerca de 2,4 millones de pasajeros por día, con un sistema de integración logrado a través del diseño.
Finalmente, como los brasileños son buenos anfitriones, cabe un recorrido por la muestra Es un mundo pequeño, del Danish Design Centre, con la que Dinamarca estuvo en la bienal. Las expectativas sobre el futuro fueron auscultadas por jóvenes daneses en cuatro coordenadas (sustentabilidad, escala humana, nueva artesanía y praxis no estandarizada) y representadas en seis situaciones, como en Asociación de comportamientos, que explora la habilidad del objeto de diseño para estimular y generar tendencias, costumbres y culturas. Un biombo colgante, de Astrid Krogh, o el multisofá de Ole Jensen dejan abierto el camino a las respuestas.
La bienal, en tanto, libera otras tantas preguntas y la satisfacción de que desde el Cono Sur se ejercite esta sana costumbre de pensar y re-enunciar, frente a lo que se ha perdido y en la anticipación de lo que nos espera1.
NOTA
1. Re- enunciar, frente a lo que se ha perdido y en la anticipación de lo que nos espera, esa es nuestra especie de fatalidad. Jean Baudrillard.
CAROLINA MUZI
Periodista, editora y curadora independiente de diseño.

