El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) ha realizado recientemente una muestra dedicada a dos mujeres artistas que participaron activamente en las vanguardias vinculadas a la abstracción en Argentina en las décadas del treinta y del cuarenta. A través de dicha muestra y de los textos publicados en el catálogo podemos mirar nuevamente –y con seguridad de otra manera– el ambiente polémico y lleno de pujante energía de renovación que se vivió en ese momento.
La elección de estas dos artistas –Yente (1905-1990) y Lidy Prati (1921-2008)– obedece al deseo de que, como dice Eduardo Costantini en la presentación, “sean consideradas en su verdadera dimensión y originalidad y se valoren adecuadamente aquellas obras que las instalaron como auténticas referentes del desarrollo de la no figuración a mediados del siglo XX en la Argentina”.

Es con la idea justamente de comprender la belicosidad del ambiente artístico de entonces que la exposición comienza exhibiendo obras de Pettoruti, Xul Solar y Juan del Prete, manifestaciones iniciales de esa línea en el país.
Yente, cuyo verdadero nombre era Eugenia Crenovich, perteneció a una familia judía, dentro de la cual tuvo acceso a una buena formación cultural, lo que la llevó a la Facultad de Filosofía y Letras, a asistir al taller del extraordinario maestro Vicente Puig e involucrarse desde muy joven con el ambiente artístico.
En 1937-38 exhibió ya obras decididamente abstractas. Fueron estas el preanuncio de los relieves y obras exentas hechos en celotex, que cubrieron gran parte de su trabajo de los años cuarenta.

El paso definitivo que la producción de esos años significó para su carrera estuvo señalado por su propia evaluación, que consideró el encuentro con Juan del Prete, en 1935, una puerta que se abría para señalarle el camino a seguir.
Fue ese factor desencadenante, y la presencia de Del Prete en su vida, que le proporcionó un apoyo singular, un interlocutor válido para las muestras que fueron marcando el derrotero del constructivismo en Argentina: Arte Nuevo (1947), Nuevas Realidades (1948), 2º Salón de Arte No Figurativo (1949).
Yente fue una artista extraordinariamente versátil y trabajó tanto en pinturas como en relieves, objetos, dibujos, ilustración de libros, algunos de su propia autoría, collages y tapices.
En los años cincuenta su pincelada se fue haciendo cada vez más libre y la materia acrecentó su protagonismo llevándola en la década siguiente a una proximidad al informalismo, que la vinculó con los recursos de la mancha, las salpicaduras y las texturas de fuerte impacto.
Adriana Lauría, muy conocedora de la obra y curadora de la muestra de Yente, eligió mostrar gran parte de la vasta producción de esta artista incluyendo obras de todos los períodos y técnicas.
En el texto subraya que “en forma deliberada escogió un papel secundario respecto de la carrera de Del Prete, porque consideraba de menor importancia la visibilidad y repercusión de su trabajo”.
Fue justamente ese paso atrás que dio respecto a la fuerte figura de su marido lo que sugirió a Marcelo Pacheco, curador en jefe de la institución, unir a Lidy Prati a la muestra, de muy importante actuación dentro de las vanguardias del cuarenta y principios del cincuenta, pero mucho menos conocida por el público en general que la elocuente personalidad de su marido, Tomás Maldonado.
Lidy Prati provenía de una familia inmigrante italiana y suizo-alemana que hizo fortuna en la provincia del Chaco. De posición acomodada, asistió a colegios católicos, y en la casa de sus tíos, residentes en Buenos Aires, tomó contacto con la literatura, el arte visual y la música.
Desde muy joven se integró al grupo de artistas y escritores que habían de publicar la revolucionaria revista Arturo, en su número único, el cual contó, en parte, con el apoyo económico de la familia de la artista, y para la cual realizó las viñetas con el nombre de Lidy Maldonado. Esto fue en 1944, año en el cual Tomás Maldonado y Lidy Prati se casaron.
Desde ese momento hasta su divorcio, 10 años después, Lidy participó en forma brillante en todas las actividades del grupo concretista. Compartió con ellos su problemática plástica, fue una de las firmantes de la creación de la Asociación Arte Concreto Invención en noviembre de 1946 y del manifiesto que acompañó a la primera muestra, en marzo de 1946, en el Salón Peuser. Estuvo también presente en las otras exposiciones del grupo en 1946, en 1947 en el Salón Arte Nuevo (donde también figuraba Yente), así como en el Salón Nuevas Realidades del 48.
Una obra suya de alta originalidad fue tapa de la revista Invención 2; otra se reprodujo en el primer número de la revista Arte Concreto Invención; Concret A4 figuró en revista Ciclo (Nº 1).
A partir de 1949, y hasta 1954, fue ayudante de cátedra de Maldonado en sus cursos sobre Arte Concreto y Diseño Industrial en Teresópolis, Brasil (1951); viajó por Europa, donde visitó a Georges Vantongerloo, con el cual siguió conectada epistolarmente durante muchos años, y a Max Bill, entre otros. Participó en exposiciones en el país, en Milán, en Nueva Delhi, Río de Janeiro, Ámsterdam, y fue uno de los representantes de Argentina en la Segunda Bienal de São Paulo, en 1953.
En la muestra del Malba se exhiben obras de esa época, pertenecientes a la familia, a la colección del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y a otras colecciones particulares, y, entre ellas, un marco recortado de altísimo interés. Es muy ilustrativa también la documentación que las acompañó.
Como Lidy Prati dejó la pintura en 1956, en la muestra se percibe como un gran vacío, cubierto por las numerosas obras sobre papel que la ocuparon desde entonces. Se exhibieron –en su mayoría por primera vez–, distintas series de tinta y/o témpera; papel graso, lápiz color y una serie realizada en birome azul, todas sobre papel, esta última de 1982, agrupada como Cuadernos de Viaje, lo cual se explica porque fue de 1971 a 2001 funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.
Si bien ella estuvo presente en el ambiente artístico en su labor posterior de diagramadora y diseñadora, no cabe duda, y esta exposición permite percibirlo muy claramente, de que hubo una escisión en su producción, y si bien su creatividad continuó, ella dio también un paso atrás, de alguna manera renunció al brillante lugar que había legítimamente ocupado, y después de su separación de Maldonado trabajó de manera solitaria e intermitente.
Con seguridad, los condicionamientos culturales de la sociedad argentina a mediados de los años cincuenta no eran la ayuda ideal que la artista necesitaba en el momento de su quebranto emocional, pero sería muy difícil determinar cuánto de su alejamiento se debió a su condición femenina y cuánto a su propia sensibilidad y fragilidad emocional.
A ese respecto, María Amalia García, autora del texto dedicado a Lidy Prati en el catálogo, se interna en la reflexión de género durante este período y señala que sería “una fructífera línea investigativa realizar una reconstrucción sexualizada del discurso concretista y de la inscripción de Prati en las acciones de esta vanguardia”.
Más allá de esa inquietud, lo que ha logrado ciertamente el Malba con la muestra es poner en evidencia las individuales cualidades de Yente y Prati en el marco de su apoyo institucional a artistas argentinos que no tienen la visibilidad que merecen.
NELLY PERAZZO
