Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Janet Batet

Soraya Abu Naba'a

Gary Nader Fine Arts

Bajo el sugerente título Osmosis, la galería Gary Nader Fine Arts, con sede en el Wynwood District, presentó una muestra personal de la más reciente producción artística de la pintora Soraya Abu Naba’a, escogiendo la obra de esta joven artista como celebración propicia del Mes de la Hispanidad en Estados Unidos. 

La prolija obra de Abu Naba’a (Melbourne, Florida, 1985) es difícil de pasar inadvertida por el ímpetu y persistencia que tipifica su joven carrera. La artista ha estado interesada desde muy temprana edad en el sinfín de significaciones que implica al apareamiento entre el arte y la ciencia. Desde el punto de vista creativo, su interés por la pintura y el diseño de modas marca un interés por la fisonomía humana y el deseo de vestir un cuerpo, sólo que en la obra de Abu Naba’a asistimos a una vestimenta interior, como si de un golpe la artista trocara exterior con interior, para descubrirnos al desnudo con nosotros mismos. 

Exposición Individual: Soraya Abu Naba'a — imagen 1
Soraya Abu Naba'a. En la ciudad, 2008. Óleo sobre lienzo. 127x152,4 cm (50x60 pulgadas).

Pero si hay una constante que distingue su empeño creativo, esta son –sin lugar a dudas– la experimentación y el cruce de barreras artificiales entre arte y ciencia, para, de este modo, reinventar el camino propicio a la indagación en el hombre, que es, en definitiva, el elemento de indagación última. El componente microcelular destaca entonces como eslabón primario esencial. Fluido y calidad formal que denotan temperatura de colores, formas esenciales e, incluso, asociación y movimiento de elementos, que determina la composición final, el universo intracelular deviene cosmos. 

La joven artista, de origen dominicano, graduada de Bellas Artes de la Paris American Academy (Academia Americana de París), trabaja la abstracción como línea orgánica. En efecto, nos asomamos a una abstracción orgánico-expresiva que procura traducir el mundo interior en formas puras y suficientes que devienen símbolos, y estos, a su vez, motivos que van poblando cada uno de sus lienzos en caprichoso entramado. A veces, el motivo parte del mundo figurativo, que es sometido a un proceso de estilización y síntesis que depura lo superfluo en pos de lo esencial. 

Su muestra Osmosis es la primera exposición personal de Abu Naba’a en territorio americano y representa para la artista una reacción liberadora contra la férrea enseñanza académica. La muestra toma su nombre prestado del proceso del proceso biológico que implica el paso de moléculas a través de una membrana semipermeable. Esta idea de interconexión o pasaje entre campos es de gran importancia en la obra de Abu Naba’a, interesada en procesos biológicos y relacionales. 

Los lienzos que integran Osmosis parecen recrear universos microscópicos, donde el carácter acuoso acentúa la idea de movimiento, animando las obras de una ilusión óptica. Es como si asistiéramos al origen de la vida, donde organismos microcelulares se asocian en caprichosa danza. Otras veces la inmersión nos lleva a nuestra propia cartografía interna, descubriendo recintos insondables. El juego con la reiteración de motivos asoma como elemento esencial, generador de tensiones, potenciador de un tempo que guía al espectador en su viaje dentro del cuadro. 

Los lienzos de Abu Naba’a son altamente sugerentes. Una vez frente a ellos, el espectador se sumerge en una dimensión otra que procura un viaje al interior, una suerte de autorreconocimiento y una conciliación consigo mismo. Esta sensación inherente al estado de contemplación es un privilegio al que rara vez tenemos acceso en medio de la vorágine cotidiana. Una vez del otro lado del cuadro, la sensación lúdica nos despoja del pesado fardo de la racionalidad y nos inclina a la búsqueda de estructuras ocultas, cauces sugeridos, apareamientos magníficos. 

La sensación de flujo perpetuo nos lleva entonces a un nuevo estadio, pasando de la experiencia lúdica a un plano más espiritual. Los lienzos se convierten ahora en esa suerte de cosmogonía interior que nos lleva de la mano a la indagación sobre nuestra espiritualidad, y pronto nos descubrimos escudriñando el alma, buscando zonas sensibles donde pudiéramos tal vez identificar memoria, dolor, recuerdos de alta significancia, olvidos insospechados. Tal es la fuerza de esta cartografía interior.

La recurrencia al elemento mínimo y suficiente articulado a través de campos de forma y color es el símbolo propicio para la convivencia feliz entre creación y tecnología, arte y ciencia: dos universos interconectados en armonía dialógica a través de la obra de Soraya Abu Naba’a.

JANET BATET

Soraya Abu Naba'a, por Janet Batet | artnexus