Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Autor no disponible

Ruvén Afanador

Throckmorton Fine Arts

La fotografía es siempre una cuestión de poder, en los múltiples sentidos que esta palabra alcanza. Comenzando por el autor, Ruven Afanador demuestra que se mueve en los terrenos de la alta sociedad, de la moda, de lo documental, de la picardía, de lo teatral, de la creación de nuevos valores, de libertades técnicas y de otras tantas situaciones hasta llegar a contar Mil besos en más de mil fotografías. Una vez más, la fotografía establece con su objetivo, el enfocar la fama. En este trabajo, el autor une épocas y áreas de la sociedad, muy conocidas y aspirantes a ser estelares. Lo que conocemos del flamenco abarca música y danza; las fotografías de Afanador incluyen ambas expresiones del pueblo romaní. Sus gesticulantes fotografías revelan sonidos. Haber generado las imágenes en Andalucía, en el exterior, contra la piedra del paisaje, hace que Afanador establezca una poderosa mirada individual en su portafolio.

Exposición Individual: Ruvén Afanador — imagen 1
Ruvén Afanador. Yolanda Heredia Caldero en las afueras de Sevilla, 2008. 1/25. Firmada en verso. 50,8 x 40,6 cm (20 x 16 pulgadas).

Habiendo mencionado la primera de las dos características, visitemos la segunda para entender cómo planea la tensión que alcanza a aportar al público. Pide a todas las bailaoras que usen maquillaje y ropa negra. Obtiene un contraste de blanco y negro que es como un encaje, como el peinetón de una de las figuras, como los holanes y arabescos de las ropas contra el enfático blanqueo que hace el sol sobre la piedra. Basado en la gran concentración del flamenco originada en el siglo XVIII, en esa zona sur de España, el artista fotógrafo trabaja con mujeres de distintas edades. En cada foto se registra el nombre y figura dónde es la toma de quienes están en otro entorno, como Concha Vargas Torres en Sevilla, Rossy de Palma en París, “Antonia la del Pipa” en las afueras de Jerez de la Frontera. Predominan las figuras individuales, aunque hay interesantes conjuntos de dos a más de veinte bailarinas: Estudio de Baile de Alicia Márquez en Cantera, en las afueras de Sevilla.

En el mundo del arte se habla con frecuencia de Iberoamérica. En Mil besos se da uno de los encuentros más logrados entre España y América Latina, a través del humor, las confrontaciones, una leve ingenuidad narrativa y la irónica libertad de Ruven Afanador. Se salió del Puerto de Palos buscando especias; sin llegar a las hindúes, se encontraron las precolombinas, las intensas culturas indígenas, y el chile, de los que se tiene noción desde unos siete mil años antes de Cristo. Estas mujeres en sus retratos neorrealistas ofrecen al espectador el desplante –lo chulo o insolente, como se suele decir–del flamenco en su baile y de la manera de ser gitana. El atrevimiento del artista colombiano capta desde su continente una visión de Europa expresionista, intensamente teatral.

La exposición en Throckmorton incluye 34 fotografías de tres tamaños. Por la temática y la energía, la propia obra requiere esa variedad. En la itinerancia se modifica la selección acorde a los espacios. Para comprender la magnitud de la resultante, se cita que Rizzoli ha publicado Mil besos en una edición de portada dura, con 179 fotografías e introducción de John Galliano y textos de diversas renombradas mujeres del mundo de la moda. Es un libro para disfrutar incansablemente, como también lo son las fotografías enmarcadas. Entrar a verla ofrecía una energizante opción. En la sala, varios asistentes nos hemos visto de reojo tratando de tomar ciertas posturas y expresiones faciales como las expuestas. Ruven Afanador consiguió que la gente no piense en el ridículo, creando en plata sobre gelatina unas impresiones que expanden la comunicación y los géneros de lo femenino y lo bello. Siendo el baile, el canto y el toque elementos del flamenco, con la contrastada presencia y arabescos en las posiciones, enfatiza el “toque”, aun en ausencia de la guitarra, y desliza “un piso” de opciones diferentes para bailar. Hay retratos y tomas de figura completa que parecen instantáneas –como el de Concha Vargas corriendo–, y hay fotografías de “poses” privadas. Trenzas, cabello suelto, trajes flamencos y situaciones buñueleanas y almodovarianas bordan los laberintos de la creación.

GRACIELA KARTOFEL

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