Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Amalina Bomnin

Rocío García

Galería La Casona

El trasvase de los géneros es uno de los síntomas de la contemporaneidad y trae aparejado un sinnúmero de situaciones que nos inducen a interrogantes respecto al destino de la humanidad. Cual sea el final, lo más importante seguirá siendo que el hombre, la mujer o el ser andrógino anden por el mundo sin trastiendas, y no pregonen una moral en calzoncillos. La desorientación ética o espiritual, la irracionalidad, la represión moral y la enajenación pueden ser la otra cara de la moneda a tratar por sociólogos, psicólogos, psiquiatras, y demás personal comprometido con el comportamiento del individuo en la sociedad.

 Rocío García es una de las artistas que más respeto inspira dentro del contexto cubano, por la honestidad con que asume el acto creativo; precisamente, al tomar como premisa las posibles consecuencias de una actitud alienada e irreflexiva en este sentido. No se anda con medias tintas. Quienes leen su discurso de manera superficial ven sólo concupiscencia y libertinaje; pero los que se detienen a develar más allá de las formas de la buena pintura pueden advertir las facetas más disímiles del comportamiento humano, enfocadas hacia una zona franca donde experimentamos fidelidad hacia nosotros mismos.

Exposición Individual: Rocío García — imagen 1
Rocío García. De la serie: Very, very light ... and very oscuro. Un policía con Alzheimer. Vaquero malo, 2009. Óleo sobre tela. 160x180 cm (63 x 70 3/4 in).

 Galería La Casona exhibió del 8 de enero al 8 de febrero parte de su más reciente producción a través de la muestra Very, very light… and very oscuro (Un policía con alzheimer), “puesta en escena” donde el deterioro mental se torna metáfora ubicua del frenesí contemporáneo. El conjunto de doce pinturas de gran formato, resueltas mediante óleo y acrílico sobre lienzo, se dividía entre las dos salas contiguas del mencionado espacio. En la primera, iluminada pertinentemente, aparecía parte de la historia abordada a través de colores pastel, con predominio de azules y violetas; pretendiendo un ambiente suave, que aludiera al mundo de las apariencias. Y un segundo segmento, con luz exigua y paredes negras, representativo de las supuestas bajas pasiones, nuestro mundo interior, quizás más cercano a la real naturaleza humana. Este, de manera general, simplificado a los colores grises y variantes tonales del negro.

 Quienes conocen a Rocío García dominan su apego a un lenguaje anclado en coloridos fuertes y dibujo preciso. En su propuesta los asuntos se tornan pura provocación, y los títulos aseguran un rejuego lingüístico que engloba los delirios y el desbarajuste de las identidades. ¿Qué pretende la autora al hilvanar una historia a través de un personaje atemporal que ha roto con la realidad? ¿Cuántas veces no experimentamos sinsentidos, absurdos, paranoias, sin tener diagnosticada enfermedad mental?

 El abanico de los personajes y su indumentaria varía de acuerdo al set donde se desarrolle la trama. Así, en Chiva's bar o La dama de Zurich no play, con ambientes de bar o casino, los implicados se visten a la usanza de la época, sólo el policía aparece en la primera de estas como elemento anacrónico. De manera similar ocurre cuando Lin Cheng and Borishka llegan a este espacio multicultural. 

 La diversidad temporal y gentilicia de las figuras responde a la hibridez de los tiempos que corren: pueden aparecer rostros asiáticos, latinos, eslavos, y el entorno puede recordarnos los años treinta, cincuenta, 2000 en lo adelante, pues si atendemos a la metáfora de la pérdida de memoria, las personas con este padecimiento olvidan los hechos recientes pero recuerdan con mayor lucidez épocas lejanas. Los sujetos sociales pueden ser desde gente chic, los llamados emos y destroyers (vistos aquí con vestimenta negra, cueros, metales), hasta héroes del cómic.

 El malecón habanero es sitio de encuentro por excelencia del gremio gay en la ciudad, y el Bad cowboy es figura asidua. Su rostro cubierto con un pañuelo forma parte del juego de encubrimiento perpetrado por la autora. A derechas, no hay muchas diferencias entre este y el policía: anchos pectorales, músculos definidos, actitud defensiva. ¿Se ejerce el poder o la seducción? La artista domina cómo manejar estas sutilezas con ligeras pistas.

 Ya en la penúltima de las escenas el protagonista comienza a advertirse empequeñecido ante las circunstancias después de haber bebido mucha cerveza (Mucha, mucha Beck's). Cuando se encuentra solo en el baño, víctima de sus deseos o alucinaciones, a sus espaldas lo acecha un caballo u otro animal mayor en estatura, que la artista ha dispuesto en actitud cuasi pornográfica.

 Pueden tejerse tantas urdimbres de las piezas como individuos las observen. Ahí radica uno de sus méritos: en la distensión provocada en nuestro subconsciente, capaz de asimilar al policía no sólo como representante del poder represivo sino también como víctima de la inflexibilidad y flaqueza humanas. Por eso es capaz de perseguir a esta mujer que pudiera ser su esposa, o mantener con él cualquier otro vínculo afectivo, hasta cometer un crimen al verla acompañada de su amante.

 En la segunda sección las piezas no tienen títulos independientes, todas pertenecen al conjunto Very oscuro, caracterizado por el haz de luz de la linterna, durante las diferentes horas en que el policía hacía su recorrido. Vistos los lienzos juntos, sugieren las manecillas de un reloj en movimiento. ¿Sorprendido, agitado, complacido, alucinado, perdido? ¡Son tantas las emociones que pudiera experimentar este representante del poder convertido por azar o irracionalidad en voyeur ante estas orgías! Los lienzos muestran a disímiles personajes descubiertos en medio del disfrute o agonía sexual (hay agresiones con armas blancas): mujeres, hombres, otros de los que no logramos definir su sexo, porque no es esa la intención de Rocío García. ¿Es entonces un simple policía o el epítome de la doble moral? ¿Añorará travestirse? En una de las escenas este gendarme se masturba mirando lo que quizás es su anhelo; además de aparecer disminuido en tamaño ante el resto de los personajes. ¿Será nuestra conciencia o el subconsciente? ¿Somos jueces o parte? 

 Advierto estas escenas de Rocío García despojadas de la violencia palpable en obras anteriores. Ahora es más velada, como el propio título de la muestra lo plantea. Este universo, a medio camino entre lo real y la fabulación, extensible a una discoteca, un bar de strippers, un burdel, o cualquier lugar donde se alienten las pasiones humanas, me transporta de alguna manera a los mundos y personajes de Henry Miller, Proust o Kundera, en los que el retorcimiento del interior humano se convierte en aliado. Ella instaura un territorio de simulaciones y el leitmotiv es la demencia. Mientras se emplea, en tiempo real suceden situaciones semejantes, o aún más graves, en las que el disfraz vuelve a ser protagonista.

AMALINA BOMNIN

Rocío García, por Amalina Bomnin | artnexus