Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Amalina Bomnin

Raúl Cordero

Galería Servando

 Hoy día casi todo nuestro acceso a la realidad está mediado por una pantalla .El reconocimiento de Cuba, dentro de esa dinámica, se produce muchas veces desde estados de carencia. Por ejemplo, es usual ver a las personas portando teléfonos móviles que usan sólo como receptores de llamadas, porque las economías personales generalmente no alcanzan para pagar un servicio de este tipo. Como en un juego de “apariencias”, donde importa más la proyección de una imagen que la realidad misma.

 Raúl Cordero, reticente ante asociaciones sociales respecto a su obra, se ocupa de las cualidades evocadoras de la aventura plástica. Propone un ensayo de cariz lúdico que se define desde los propios rudimentos, artilugios, funciones, limitaciones y libertades pertenecientes al propio campo artístico. Recientemente, durante el mes de noviembre, Galería Servando expuso su muestra Hendrickje. 

Exposición Individual: Raúl Cordero — imagen 1
Raúl Cordero. Hendrickje, 2009. Nueve pinturas al óleo, resina de poliéster sobre lino. 175x145 cm (68 3/4 x 57 pulgadas). Cada uno más impresión a color. 90 x 100 cm (35 1/2 x 43 1/4 pulgadas).

 Graduado del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) y con cierta experiencia que adquirió en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde estuvo algún tiempo estudiando y adonde luego regresó como profesor, siempre ha mantenido una obra de sello personal. Aunque consiguió establecer una convincente producción desde el videoarte, durante los años noventa del pasado siglo y parte del nuevo, la posibilidad de estudiar como becado en Rijksakademie van Beeldende Kunsten, Holanda, lo marcó de tal manera que decidió retornar a la pintura.

 La muestra surge de la admiración y asombro que produjo en él la obra de Rembrandt, quien pasó buena parte de su vida junto a Hendrickje Stoffels. Ella fue su sirvienta y, más tarde, modelo y concubina. Asumió con singular estoicismo y abnegación sin límites la quiebra económica y moral a que estuvo expuesto el mayor genio de la pintura holandesa. Raúl Cordero comenzó a trabajar en octubre de 2009 en nueve pinturas del mismo tamaño, todas distintas, y teniendo como referencia géneros clásicos de la historia de la pintura: retrato, paisaje, naturaleza muerta, abstracción, etcétera. Entre ellas no existe una relación particular con otra del mismo conjunto, más allá del hecho de que todas contienen en sus composiciones elementos de la pintura Hendrickje Stoffels, badend in een rivier, de 1654. Las nueve pinturas fueron situadas de manera que al tomar una foto aérea del conjunto se obtuviese entre todas la imagen de Hendrickje pintada por Rembrandt, desde los elementos de esta presentes en este grupo de pinturas. ¿Manifiesta con esta actitud su convencimiento respecto al lugar que ocupan las apariencias en un mundo mediático? 

 Raúl Cordero decide rendir al retrato, y su propia actitud de cinismo lacónico le delata al manifestar: “Tenía deseos de pintar un mono”. Demasiado inocuo para que sea verdad, más aún cuando en esta versión no cita a ningún artista o figura célebre, simplemente goza pintando un primate con todas las de la ley, y como si su omnipresencia molestara al autor, sentencia con desdén en el título de la pieza: No más…/ No more… Viniendo de un cubano, es difícil no pensar en la ironía, aún más cuando sabemos que nuestro proceso social no ha podido borrar las discriminaciones raciales.

 En Camouflage utiliza elementos de la obra Green and Black Orchid del artista británico Gary Hume, quien formó parte de una hornada de creadores (Jóvenes Artistas Británicos, dados a conocer a finales de los ochenta del pasado siglo) que hicieron uso de imágenes banales, en ocasiones provenientes del mundo de la publicidad, como contrapartida al compromiso social antes asumido por el movimiento neoexpresionista. El autor, entonces, combina ciertas soluciones de ambas tendencias para ocultar sus verdaderas intenciones. Detrás del camuflaje, si miramos con detenimiento, observamos un rostro humano. 

 Una de las aficiones favoritas de Cordero es el cine, y no desdeña oportunidad para hacer alusiones a esta manifestación. En Julie's Diptych incorpora elementos del filme Bajo el peso de la ley (1986), del estadounidense Jim Jarmusch, la cual fuera alabada por la crítica por sus experimentaciones dentro de un lenguaje minimalista. En ambas telas introduce parte del diálogo de la película. El texto queda impreso encima de un fondo difuso, donde se conjugan arquitectura e iluminación, ambos temas controversiales en el contexto cubano.

Plata y Oro/Silver and Gold es otro díptico donde aprovecha las intervenciones de edificios denominadas Cuttings, a través de las cuales el norteamericano Gordon Matta-Clark se dio a conocer. Asimismo, introduce en esta pieza una cita de sus Photoglyphs, consistentes en secuencias fotográficas de grafitis tomadas en los trenes de Nueva York. Su también conocida Split house (vivienda de dos plantas cortada cuidadosamente por la mitad) es referida por Raúl Cordero, quien, a pesar de eludir todo el tiempo que lo relacionen con comentarios sociales o políticos, reverencia bastante a otros antecesores que cuestionaron el concepto de utopía.

 El ejercicio del artista constituye una especie de prueba, donde cuestiona nuestros conocimientos, comenta el carácter intertextual de todo acto creativo (aunque sus intenciones no son narrativas) y apuesta por las posibilidades que ofrece la pintura, convencido de que lo más importante no es el qué sino el cómo. Veamos a Hendrickje como un homenaje al ánimo más experimental y subversivo del arte del siglo XX, tomando como eje la pintura de un artista que nos convence del infinito poder de la creatividad.

AMALINA BOMNIN

Raúl Cordero, por Amalina Bomnin | artnexus