Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Maya Guerrero

Juan Fernando Herrán

Galería Magda Bellotti

Desde las ventanas de la galería que dan a la calle se pueden observar unas fotografías que muestran paisajes de montañas verdes con culebras amarillas que los atraviesan. Al lado se encuentra la imagen de una estructura que pareciera la excavación arqueológica de una ruina. Los paisajes impulsan a entrar en la galería y ver de cerca que la culebra amarilla es una escalera en una ladera; un acceso construido por los habitantes invasores de un barrio periférico en algún lugar de América Latina. Estas imágenes son parte del resultado del proyecto Escalas del artista colombiano Juan Fernando Herrán, el cual fue exhibido en la galería Magda Belloti.

Exposición Individual: Juan Fernando Herrán — imagen 1
Juan Fernando Herrán. Bifurcación, 2008. Impresión de inyección a tinta. 108x163 cm (42 1/2 x 64 pulgadas). Ed 2/5.

Escalas surge a partir de una beca en residencia realizada por el artista en la ciudad de Medellín en 2007, en donde le llamó la atención la gran cantidad de esculturas que se encontraban en las plazas públicas de la ciudad, tras una iniciativa del Gobierno local en los planes de renovación urbana realizados a comienzos de los ochenta (durante la década de una economía ficticia, generada por el enriquecimiento ilícito proveniente del narcotráfico). Sin embargo, Herrán decidió ir en busca de otro tipo de procesos escultóricos que no pertenecían a los proyectos hegemónicos y a la vez excluyentes del poder. En su caso, las ‘esculturas’ halladas fueron justamente aquellos trazos entrópicos sobre el césped, generados como vías de acceso a las zonas periféricas de Medellín, donde se encontraría con otras lecturas del espacio urbano. 

Herrán realizó una serie de fotografías a manera de registro de estas vías de acceso, de un urbanismo precario pero a la vez funcional. Su vulnerabilidad es sintomática de la vulnerabilidad social y su presencia apunta el fracaso de la modernidad, la cual, paradójicamente, parece ser celebrada en las estériles, limpias y vigilantes plazas publicas de la ciudad.

Las tres primeras fotografías de la serie Itinerarios revelan cómo los habitantes de las comunas de Medellín (barrios marginales), que se encuentran en las montañas que rodean la ciudad, invaden el territorio, se lo apropian creando vivienda informal hasta dar origen a un tejido urbano orgánico.

Las matéricas escaleras de acceso a este tipo de viviendas son retratadas en la fotografía con cierta contemplación, tratando de apuntar hacia su significado simbólico: el comienzo de una incierta futura casa, las esperanzas de progreso de pertenencia a una ciudad que los mantiene en sus periferias.

Acompañando esta serie se encuentra Morada, una imagen de una casa angosta, cuyo mínimo espacio, habitable para una persona, resguarda el hogar de toda una familia. Sin embargo, la fotografía que documenta esta precaria y delgada estructura revela cómo se alza orgullosamente en el terreno sobre unas columnas, dándole cierto estatus, en comparación con las casas que se encuentran a su alrededor. Los materiales, como el cemento y el ladrillo conectados con el lenguaje arquitectónico de las urbes, unen a estos barrios marginados con la ciudad oficial, pero al mismo tiempo generan una división de clases, debido a que las estructuras hechas con ladrillo dan estatus, comparadas con las de madera. Así como Morada, la fotografía titulada Horizontes muestra una vivienda más ecléctica, con mezcla de materiales. Una estructura de ladrillo en su planta baja y un tipo de andamio en madera, signo de construcción de una segunda planta en proceso. La ilusión de un mejor futuro se mezcla con la creatividad de armar las estructuras, y, nuevamente, nos topamos con la escalera, que, al estar presente en los planes de la segunda planta, nos hace deducir que se sueña con una tercera. Es común que estas casas, también conocidas como casas cohetes, alberguen a familias enteras entre hijos, padres, abuelos, hermanos, etc., las cuales se van distribuyendo a medida que se construyen nuevos niveles y se casen los hijos y nazcan los nietos. 

Lugar propio y Noel son fotografías que se acercan a la intimidad de los residentes, mostrando el interior de la casa y su distribución. Herrán señala las formas de apropiación para la creación de un hogar, donde se establecen un orden y una limpieza mínimos para lograr vivir lo más dignamente posible, dadas las circunstancias. En una de las fotografías se puede ver un adorno navideño realizado con materiales desechados, donde papá Noel sube por una escalera. La apropiación de símbolos norteamericanos se une al simbolismo local de la escalera como elemento ambicionado.

En la planta baja de la galería se encontraban dos fotografías que a primera vista parecen pinturas y se confunden con la textura de la pared. Estas muestran cómo funcionan las formas de acceso dentro del barrio, una especie de enredijos y principios de escaleras que se acoplan al terreno, y que al ser realizadas en hormigón les da una cierta lectura oficial y ya no la fragilidad de las primeras escaleras al principio de la exposición. Así como las casas, las escaleras en la galería se van adecuando al terreno. 

Por último, la imagen de al lado es casi un monumento a la escalera: esculpida en piedra se revela la factura del objeto, la cual se puede captar en la variedad de tamaños de los escalones y el empeño en realizarla.

El conjunto de imágenes realizadas por Herrán mantiene un lenguaje critico a las condiciones de estos territorios periféricos de invasión, donde el humano sobrevive y se supera, sin importar lo hostil del terreno. Donde día a día se construyen sueños y se derrumban ilusiones, pero que están activos y vivos e igualmente forman parte de las grandes urbes.

MAYA GUERRERO

Juan Fernando Herrán, por Maya Guerrero | artnexus