Ritual of Passage fue la primera exposición individual de Bedia en Miami en los últimos dos años. Constituida por varias series de 2009, mostraba los diferentes asuntos que ocuparon su mente durante ese período. Los orígenes de algunas de estas series se remontan a varios años atrás, dependiendo de qué tan profunda haya sido su exploración del tema; entre las últimas estaba la que se inspiró en textiles tribales. No es un secreto el hecho de que Bedia aborda la vida como antropólogo, y, como tal, ha acumulado una importante colección de objetos étnicos. Esta serie fue un resultado directo de su interés en estos objetos, que, dejando de lado el propósito investigativo, son parte integral de su vida cotidiana. La característica principal de las piezas de esta serie, y lo que las distingue del resto de su obra, era el colorido trabajo lineal de los fondos, que imitaba los motivos de textiles tribales. Los vibrantes colores, casi puros, sacaban a relucir el contraste con los protagonistas: sus acostumbradas figuras negras y definidas situadas en primer plano, casi como siluetas.

Las piezas más sobrecogedoras de la exposición eran el grupo de pinturas grises ubicadas en una sala aparte. El color gris dominante le daba al ambiente un tono oscuro, como una advertencia de lo que estaba a punto de verse. La lóbrega sensación se reforzaba una vez que uno se daba cuenta de que el tema de la muerte estaba presente de manera implícita o explícita en casi todas esas piezas. El artista ha estado trabajando por algunos años en esta serie gris, la cual es la que quizás muestra abiertamente sus pensamientos más profundos y personales. La utilización de animales para representar humanos les daba a estas obras una inherente cualidad de fábula; es algo que Bedia ha estado haciendo por muchos años, desde que empezó a representar en sus pinturas mitos de diferentes culturas.
La idea de sacrificio estaba grabada en estas pinturas mediante la muerte de animales en forma ritual, como en Cuando no queda más lugar, una de las imágenes más dolorosas de la exposición. Dos animales de la misma especie aparecían uno al lado del otro y el más pequeño estaba siendo sacrificado por el más grande. Aunque sólo uno era la víctima, los dos estaban agonizando. Era la matanza de su propia especie, un acto desesperado, un punto de no retorno. Al armonizar con el atributo de la fábula, el artista se representó a sí mismo como un león, a veces herido pero fuerte y listo para atacar. En Mano de cobre y Dueño de los vastos espacios, la bestia estaba erguida, en forma majestuosa, con un arma a su lado, en la primera, mientras que en la segunda estaba defendiendo su espacio al desafiar aviones de guerra. Por lo general, el león es visto como el símbolo de la fuerza y el poder pero también conlleva la dualidad de ser salvador y destructor. Entonces, veíamos las dos caras de la moneda: a pesar de su fortaleza, era herido literal y emocionalmente. La atormentadora sensación de las escenas estaba claramente representada por el dolor interior que lo hacía gritar en agonía.
Hay otro tema que hemos visto aparecer más de una vez en la obra de Bedia, desde sus primeras instalaciones de los ochenta hasta su serie más reciente sobre barcos de guerra, y es, precisamente, la guerra. Para ello escoge piezas enormes con las que crea un ambiente siniestro que puede ser intimidante, enfatizado por el oscuro color gris dominante. Había una innegable sensación de violencia en estas pinturas, además de la obvia representación de la guerra como tal. La sola inclusión de estos barcos de guerra estaba anunciando una actitud beligerante hacia el mundo, dando a entender una disposición defensiva. Había en ellas una hostilidad cercana, debido a la representación de la guerra y los guerreros en diferentes escenarios, siempre alerta.
Aunque las piezas de esta exposición eran, en cierta forma, diferentes unas de otras, había un hilo común que las unificaba, y era el dolor representado en cada una, sin tener en cuenta los temas. No era una visión pesimista del mundo sino un proceso de introspección. El título de la exposición, Ritual of Passage, era un reflejo de este estado: un inevitable ritual por el que se debe pasar para alcanzar la siguiente fase de la vida. En cierto sentido, es como morir y nacer de nuevo; puede ser un acto religioso pero también puede ser sólo la necesidad de encontrar una nueva senda en la vida. Quizás esta es la forma en que Bedia nos informa que se está moviendo en una nueva dirección, que ha completado el ciclo y está listo para saltar a otra etapa. Esta es la travesía, a través de su arte.
IRINA LEYVA
