Horacio Coppola (Buenos Aires, 1906) es parte de la tradición de Buenos Aires, a la que retrata asombrosamente, también, en 1936, cuando estaba en construcción el ahora famoso Obelisco del centro de la ciudad. Pero el artista es mucho más que el gran “fotógrafo de Buenos Aires”, y las sorprendentes imágenes de la exposición Horacio Coppola. Los viajes, desplegadas en Galería Jorge Mara-La Ruche, así lo ratifican. Se trata de cien fotografías, mayormente inéditas, de ciudades brasileñas y europeas tomadas en los años treinta.
Coppola es, junto a Grete Stern, uno de los primeros fotógrafos modernos de Argentina. Incluso, previo a su contacto con la Bauhaus en Alemania, publica algunas fotos de Buenos Aires en Sur (Nº 4 y 5, 1931-32), la revista de Victoria Ocampo, con escenas ciudadanas fragmentadas (casi abstractas), con un punto de vista no convencional y sin relato aparente.

Inmigrantes italianos, los Coppola arman una familia donde todos estudian, pintan, se dedican a la música o a las actividades artesanales. La riqueza y diversidad del entorno cultural enriquecen el horizonte del joven Coppola, que frecuenta literatos y filósofos, asiste a la Facultad de Derecho y cuenta entre sus maestros a su hermano Armando, que le lleva 20 años y lo introduce al mundo del cine. Curioso y atento, en 1929 atiende a las diez conferencias que brinda Le Corbusier –la “base de [sus] futuras fotografías” de Buenos Aires–, quien le transmite su pasión por las formas, la transformación del concepto de arquitectura y la relación con el espacio urbano.
Antes, percibe que 1927 es la “fecha inicial de [su] calendario”. Entonces sabe que la fotografía es el “instrumento” para mostrar su visión, para perseverar en su “vocación revelada: autor de imágenes”, pero “consciente del valor primordial de la palabra”, como apunta en la reseña autobiográfica publicada en Imagema. Antología Fotográfica 1927-1994 (Fondo Nacional de las Artes/Ediciones de la Llanura), en coincidencia con su retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes (Argentina), en 1994.
La exhibición en Jorge Mara-La Ruche es un recorrido por las fotos que registra con su primera Leica, en las escalas del barco en Brasil que lo trae de regreso a Buenos Aires en 1931, tras el viaje de estudios a Europa –como el que habitualmente realizaban los pintores– comenzado a fines de 1930.
Las imágenes europeas fueron captadas luego de que, pensando en el cine, se embarca nuevamente en 1932 para estudiar Historia de Arte en la Universidad de Marburgo, que encuentra cerrada. Mal momento para llegar a la convulsionada Alemania, cuando falta menos de un año para el ascenso de Hitler al poder en 1933. Es en Berlín donde conoce a Stern, que ya trabaja con Ellen Auerbach (equipo conocido como Ringl + Pit), y sigue concurriendo a clases con Walter Peterhans de la Bauhaus (luego, clausurada por los nazis en 1933), en cuyo estudio también recala Coppola casi por casualidad.
En Europa, Coppola se asume definitivamente como fotógrafo. Las vistas de Berlín son de 1932-33 y en ellas se aprecia que el artista tiene en cuenta las consignas de Peterhans y trabaja la técnica a la perfección. Juega con sombras y texturas y busca “ver fotográficamente” (el punto de cámara debía ser decidido antes de encuadrar el visor). El Castillo Real y los puen-tes so-bre el Danubio se hallan entre los paisajes urbanos de Budapest, años antes de ser ocupada por los nazis y bombardeada por la avanzada soviética.
En las copias de las fotos tomadas en el invierno de 1934, la ciudad de París aparece fría y solitaria y, en algunos registros, hasta desangelada. Pero París siempre guarda bellezas y sorpresas a la vuelta de la esquina; el ojo de Coppola compendia novedosas configuraciones y así asoman rincones mágicos, paredes con grafitis de tono amoroso y actos de circo que contrarrestan ese clima (espiritual) brumoso. Las fotos de Londres –donde se casa con Stern, instalada allí en 1934, debido al antisemitismo en Berlín– se encuentran entre las menos “construidas” y constituyen casi un relevo del momento. Es 1935 y la crisis financiera mundial hace estragos. Sensible, la mirada de Coppola aprehende un universo con sesgos arquitectónicos notables, rostros ensombrecidos, escaparates colmados.
Sin intención de ser testigo, Coppola esencialmente capta insospechadas geometrías y ángulos insólitos tanto en la arquitectura como en sus empobrecidos y/o elegantes habitantes. El artista explora aspectos de la ciudad moderna, con bicicletas y ruedas que acercan al espectador a un mundo que ya no es. Contempladas desde la contemporaneidad, estas fotografías captadas con originales perspectivas y mirada aparentemente objetiva, pero en verdad interpretativa, están cargadas de contrastes y nostalgia, de abstracciones y señales.
Horacio Coppola. Los viajes es también un catálogo de 250 páginas editado por la galería, junto al Círculo de Bellas Artes, Madrid (próximo destino de la muestra), junto a un DVD con las cuatro películas filmadas por el artista.
VICTORIA VERLICHAK
