Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Autor no disponible

Francisco Castro Leñero

Howard Scott Gallery

El rojo, el negro y el blanco, como título de la exposición de Francisco Castro Leñero, sitúa al espectador en las modulaciones colorísticas de la obra reciente. Al entrar a la sala, el clima visual es mesuradamente cálido y de pintura sólida. Esto acontece aún considerando las diversas personalidades que, lógicamente, registran variados grados de percepción. El artista –que nació y reside en México– ha generado su expresión abstracta en un infinito entramado de geometría y toque lírico. Al mencionar que la exposición aporta una recepción cálida, se explica por medio de la presencia del rojo en varios tonos, a través de las vibraciones musicales en cada obra y en el conjunto, con la sincopada museografía, que incluye valiosos silencios espaciales. Analicemos el concepto de ‘pintura sólida’; a través de ella se infiere la actividad constante del autor, en docencia, pintura, grabado, acuarela y ocasionales técnicas mixtas, siendo sus soportes habituales la tela y el papel. En cuanto a cada una de las composiciones, la pintura sólida atiende a la presencia de la materia organizada, cuidada, movida, encerrada y liberada, tratada como lenguaje, no como constituyente de un movimiento de la historia del arte.

Exposición Individual: Francisco Castro Leñero — imagen 1
Francisco Castro Leñero. Blanco sobre rojo y negro, 2009. Acrílico y otros medios sobre tela. 79x79 cm (31 1/2 x 31 1/2 pulgadas).

Hay un tercer vector presente en la pintura de Francisco Castro Leñero: la alteración. Esa modificación ex profeso de lo que parece previsible es la clave de la unicidad de sus obras. El accidente creado, sumamente elaborado, parte de la mesura lúdica del autor. Ni todo rigor, ni todo expresionismo. El acrílico germina sobre la tela. Hay un campo definido: cada obra, la medida de su papel o del bastidor que resistirá su tela. Sobre esa superficie abismal cae una raya, otra y otra. Organizar el territorio tranquiliza, mesura la reflexión y alimenta la mirada. Los bastidores son de perfil generoso y muy bien resueltos, las piezas no llevan marco, el cual interferiría en esta estética. Una mirada a distancia indicaría pintura geométrica, plana y activada por los contrastes de colores. Al acercarse, la retícula genera una lectura mucho más rica. Tanto en la pintura como en el grabado, el dibujo tiene una presencia innegable, los colores están muy elaborados; una gama de tonos ocre, amarillo, mostaza, azul, ladrillo, y otros, convive en esas obras que, a la distancia, parecían estrictamente blanco, rojo y negro. Esta es la cuarta exposición de Francisco Castro en la misma galería neoyorquina. Allí, en 2006, este reconocido pintor presentó Suite Rembrandt, que se caracteriza por el estudio de las tonalidades pigmentarias que utilizó el maestro Holandés. Es una investigación que Francisco Castro Leñero viene llevando con devoción, que le ha generado una abstracción diferente en el contexto mexicano, y en las frecuentes ocasiones en que ha representado a su país internacionalmente.

Francisco Castro Leñero, en su Blanco sobre Rojo y Negro, 2009, alude al perfil de la pintura en las pintadas incisiones que actúan como bordes librescos. Si esta obra o las otras –en su 80 x 80 cm, o las mayores o las más pequeñas–, en vez de ser una sola sección de tela, fueran diversos bloques de tela o madera –un políptico, módulos o puertas secretas–, estaría mostrando frente y perfil de objetos. El artista juega con las serias implicancias de lo lúdico adulto. Involucra al espectador en esos juegos tan variados como constantes, aportando salud mental y antioxidante cerebral, tanto en esta como en sus otras exposiciones. Los supuestos “lomos” de libros también aportan la dicotomía del juego y la realidad: son sectores muy delgados para anunciarse como perfiles de esos bloques, son mucho más delgados que el perfil de los cuadros y abren otras opciones. ¿Serán, serían otros cuadros de perfiles mucho más finos/libros de lomos menos gruesos? Salimos del cuadro, emergemos del imán que generara, volvemos a la imagen entera, y allí están el total y los factores. 

Un desmontaje teórico nos llevaría a relacionar la obra de Francisco Castro Leñero con Richard Rorty, el filósofo que de joven se sorprendió de que debido a la introducción de nuevos vocablos o recursos, los problemas filosóficos cambian de forma, aparecen o desaparecen. La plástica de este autor atiende a los sentidos, a algo primitivo y certero en su obra. La pintura atañe al gesto, aunque esto se revela una vez llegada a la intimidad de la experiencia. No son trabajos explícitos, se gana en visibilidad a medida que se les brinda tiempo. 

De esta manera manifiesta su no obvia pertenencia a lo originario de su México ancestral.

GRACIELA KARTOFEL

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