Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Rafael López-Ramos

Armando Mariño

PanAmerican Art Projects

Desde la década de los noventa la pintura de Armando Mariño (Santiago de Cuba, 1968) se ha caracterizado por un marcado sesgo conceptual y una necesidad de reflexionar de modo inteligente e irónico sobre temas como el racismo y la condición subalterna de la raza negra en la historia del arte occidental y las sociedades occidentales. También durante esa década el coleccionista Charles Saatchi y la galería homónima apoyaron el fenómeno de los Young British Artists, que, entre otros efectos, ayudó a reivindicar la pintura como medio contemporáneo de expresión artística, en aparente reacción a varias décadas de predominio de un arte conceptual, instalacionista y, más recientemente, del video y la fotografía como medios expresivos predilectos del arte contemporáneo.

Exposición Individual: Armando Mariño — imagen 1
Armando Mariño. Tubo de la oficina oval, 2009. Óleo sobre lienzo. 249x160 cm (95x63 pulgadas).

Este vigoroso regreso de la pintura a la escena internacional trajo como secuela a principios del milenio un predominio del color y la fantasía como “temas centrales”, en una suerte de nuevo formalismo que en muchos artistas ha ido derivado hacia temas mucho menos autotélicos, como demuestra la más reciente exposición personal de Mariño, Drilling America, realizada entre octubre y noviembre de 2009 en la sede miamense de PanAmerican ArtProjects. En esta, Mariño explora un tema tan controversial y sensible como la dependencia del petróleo que padecen Norteamérica y gran parte de las naciones más industrializadas. Sin embargo, su aproximación al candente, aceitoso y carburante asunto se lleva a cabo a través de un imaginario pictórico afincado en una red de metáforas y alegorías que le otorga al reino de la fantasía visual un sentido y función que van más allá de la satisfacción estética, sin excluirla.

En la presente serie, el artista cubano, afincado en Madrid desde hace varios años, crea unas ficciones visuales superponiendo imágenes incongruentes e irónicas de las que manan por igual el sentido del humor y el absurdo. La representación de una tubería de petróleo que atraviesa de lado a lado la Oficina Oval de la casa Blanca crea una atmósfera aun más surrealista que los relojes derretidos de Dalí, al tiempo que emite un pronunciamiento sobre la realidad sociopolítica, que puede llegar a ser tan aguda y mordaz como cualquiera de las piezas más fustigantes de Hans Haacke. El engañoso realismo con que está pintada la escena describe un ambiente de pesadilla que es acentuado por la soledad que reina en el despacho presidencial, y contrapunteado por unos chorreados de pintura que implícitamente apuntan la pertenencia de esta imagen a esa otra realidad en sí misma que es la pintura como lenguaje y expresión estéticos. Igualmente, en Drilling America 1 y Drilling America 2, el edificio de la Casa Blanca sirve de trasfondo a unas fantasmagóricas grúas y pozos de petróleo funcionando en los mismos jardines del edificio que sirve de sede al poder ejecutivo estadounidense. Lincoln Memorial Drilling Point y Platform 1 también nos sitúan ante bellas e inquietantes escenas fabricadas, producto directo de una alquimia contemporánea que mixtura el Photoshop, la paleta y las brochas, fusionada por la mano del pintor en el viejo crisol del oficio plástico. La oscuridad de estas visiones evoca la oscuridad de varios barriles de petróleo crudo, conjurada por la luz de varios tubos de óleo bien cocinados.

En la mayoría de estos óleos sobre lienzo de gran formato, Mariño aplica una lógica cromática alterada, a contrapelo de la persistente nocturnidad de sus paisajes (cielo naranja o rosa, aguas azul ultramarino o verde), aplicando los matices generalmente en su máximo grado de saturación, lo cual acentúa más aún la atmósfera onírica de estas escenas. “Yo juego con el estatus simbólico de la pintura para, al mismo tiempo, trivializar y monumentalizar el drama humano”, expresa el artista en declaración personal publicada en su sitio web. Es precisamente esa dimensión dramática lo que subrayan imágenes como las viejas bombas de gasolina de compañías pioneras (en Texaco Filling Station y Filling Station 1) convertidas ya en objetos de colección, objetos que encarnan a su manera el drama de la Historia, travestidos en memorabilia para culminar su viaje tempo-espacial de la gasolinera a la tienda de anticuario o, aun más apropiadamente, la venta de garaje. Pero es en los dibujos que complementan la muestra donde el autor apunta el lado satírico de la Historia, concibiendo unas imágenes que sintetizan ideas codificadas a la manera de la escuela cubana, con su característica pasión reflexionante, siempre connotativa y opinadora. Algunos son más obvios y cercanos al humorismo gráfico pero otros desatan una cadena de asociaciones infinitas, como Texas Wedding Ring, consistente en una tubería de petróleo que se cierra sobre sí misma como serpiente Ouroboros (importante símbolo alquímico) que se muerde su cola; en otros, los tubos forman la estrella de David o la cruz cristiana, o se transfiguran en un árbol caído con raíces al aire, como una triste sinécdoque de nuestra relación cada vez más distante e irrespetuosa con la naturaleza y una alarmante premonición de nuestro futuro.

RAFAEL LÓPEZ-RAMOS

Armando Mariño, por Rafael López-Ramos | artnexus