Exposición Individualmar 2010 - may 2010· Por Eva Grinstein

Alessandra Sanguinetti

Galería Ruth Benzacar

Trabajando en su ensayo En el sexto día en un campo de la provincia de Buenos Aires, la fotógrafa Alessandra Sanguinetti conoció a fines de los noventa a Guillermina y Belinda, dos primitas de nueve y diez años de edad que se volverían las protagonistas de una de las sagas artísticas más reconocidas en toda la historia de la fotografía argentina. Fuertemente fotogénicas –una enorme y la otra pequeña, ambas tocadas por la luz de la inocencia–, las niñas aceptaron el juego de Alessandra Sanguinetti y se entregaron a una serie de sesiones en las que la fotógrafa consiguió retratarlas con ese nivel de proximidad y profundidad al que sólo los grandes artistas logran llegar. Exhibida y publicada en diversos contextos, esa edición que testimoniaba su pasaje de la infancia a la adolescencia llevó por título Las aventuras de Guille y Belinda y el enigmático significado de sus sueños. Hoy, diez años después del comienzo de aquellas aventuras, Sanguinetti agrega al título original la coda “y el devenir de sus días” y vuelve sobre las niñas transformadas en mujeres. El resultado es deslumbrante.

Exposición Individual: Alessandra Sanguinetti — imagen 1
Sin título, 2004. Copia giclée. 60 x 60 cm. (23 x 23 pulgadas).

En la vida pueblerina de Guille y Belinda todo cambió y nada cambió. Sus cuerpos crecieron, una de ellas incluso es una jovencísima madre; su cuerpo engrosado por el embarazo achica la distancia que generaba ese contraste notable con su prima. Las fantasías de la infancia parecen haber dado paso a la resignación, a la aceptación de una vida cotidiana que las aleja de los sueños contados mediante disfraces y escenificaciones ante la cámara de la fotógrafa. Ya no hay más disfraces, sólo sus rostros todavía infantiles y un ligero tono apático o monótono que parece teñir el devenir de sus días. 

Una de las incorporaciones fundamentales de Sanguinetti en esta nueva presentación adopta el formato del video, medio propicio para continuar plasmando una saga eminentemente narrativa. En el video, breves fragmentos registrados durante estos diez años aparecen separados por sobrios títulos que introducen con eficacia el tema y que coinciden en este aspecto con los nombres de las fotos, tan sencillos como certeros. Las grabaciones no esconden su carácter doméstico y, desde su frescura y espontaneidad, cumplen en hilvanar los años transcurridos desde las primeras imágenes hasta las actuales. El video construye un marco para las fotos, explicitando algunos detalles y pasando por alto otros que sólo la mirada fotográfica puede captar. Complementario de la propuesta fotográfica, ofrece cortas entrevistas, donde (y son sólo dos momentos entre muchos) las niñas relatan sin ningún entusiasmo en qué consiste un día común para ellas, o donde bailotean tratando de seguir un ritmo pegadizo que llega de alguna parte.

Desde un punto de vista técnico, este ensayo suma las bondades de la copia giclée, que dota de una refinada visualidad las imágenes impresas por chorro de tinta. El tamaño de 60 x 60, que unifica la serie acentuando la homogeneidad del proyecto más allá de sus lógicos saltos temporales, resulta ideal para observar una imagen que prescinde de toda estridencia formal para cumplir su cometido. El énfasis de Sanguinetti, a pesar de lo que podría indicar una lectura intencionada, tampoco es panfletario. La humilde condición rural en la que viven las niñas, el dato de que ambas son mujeres o la cuestión generacional son apenas la música de fondo del mundo real que las atraviesa y no temas a analizar, lo que la aparta de los lugares comunes de la fotografía contenidista o conceptual. Sanguinett –nacida en 1968, formada en el ICP de Nueva York y ahora incorporada a la prestigiosa agencia Magnum– es dueña de un estilo propio que confirma aquí una vez más al retratar con exquisita delicadeza el paso del tiempo. Sus fotos presentan con una dulce frontalidad lo que duele, lo que perturba y lo que incomoda. 

EVA GRINSTEIN

Alessandra Sanguinetti, por Eva Grinstein | artnexus