Una parte de mi es el título de la última exposición de Víctor Robledo, en la que mostró cuatro series fotográficas a través de las cuales captan las sutiles vibraciones visuales que produce el desplazamiento de un objeto en el tiempo y la proyección momentánea de la luz sobre cuerpos líquidos y sólidos. Algo que encuentro particularmente atrayente en sus fotografías es que logra una imagen conmovedora en la que confluyen los afectos, la intimidad y la poesía.
Camilo Vega, se ha referido de manera muy precisa a esta obra: "Una parte de mí refiere al mismo Víctor, al modo de una suerte de diario y, además, de bitácora de sus diversos recorridos. Si a lo largo de su obra están consignados los diferentes espacios que el artista ha habitado, en esta serie es su espacio más reciente donde la “luz habitante”, tal cual la llama, logra cabida. No es gratuito que el nombre de otra de sus series sea, justamente, Diarios de luz. Sus imágenes “tienen un poder evocador capaz de despertar en el espectador infinidades de memorias y emociones. (…) Robledo logra situar al espectador dentro de contextos naturales y domésticos, con el fin de proponer una experiencia subjetiva y espiritual del espacio que parte de la observación detenida y meticulosa de la luz.(…) Una parte de mí tiene un poder evocador capaz de despertar en el espectador infinidades de memorias y emociones”.

La primera serie, Momentum, es un conjunto de diez imágenes dispuestas en la parte baja de la pared, que a primera vista se percibían como pinturas abstractas, pero al mirarlas detalladamente comienza a distinguirse la línea del horizonte que divide el cielo y la tierra. Un cielo blanco atravesado por las cuerdas de la luz, un prado, una leve montaña, que aparecen como tenues toques de color. Las diez imágenes muestran distintos acercamientos a un paisaje que a veces está más cerca o más lejos de nuestros ojos, en este caso, de la cámara fotográfica. La disposición lineal de estas imágenes en el espacio, me hizo pensar en la percepción del paisaje cuando se viaja en tren. En cada imagen la cámara se acerca o se aleja de una especie de ventana o marco, y entonces pensé en esos viajes infinitos que realiza Wim Wenders a lo largo de extensas carreteras con su cámara cinematográfica. En esta serie Víctor Robledo, con una agudeza impresionante, logra retratar el tiempo.
En la serie Diáfano se enfocan acumulaciones de agua en las que se captan reflejos de elementos naturales, hojas, ramas, sutiles impresiones lineales y pequeñas burbujas a punto de reventar; se capta un instante en el que palpita la vida. La serie Levedad capta esos momentos en los que la luz se fija y se descompone de manera sutil sobre un muro, el piso, una cortina o un rincón. En estas imágenes percibo ese elemento afectivo al que me refería anteriormente, que surge por la coloración cálida de la luz que ilumina una superficie gris o blanca, como ocurre en una pared de baldosines claros que devuelve una luz rica en amarillos muy sutiles. En la serie Ventanas las imágenes tienen otro carácter; aquí hay juegos más formales, de composición. La geometría de la arquitectura que se refleja en los cristales y los contrastes entre un cielo muy azul y las paredes blancas aluden a un mundo más sólido, pero igualmente interesante.
En esta muestra fotográfica, como pocas veces, he comprendido la teoría del color de Kandinsky, en la que asocia el color a emociones y sonidos musicales, razón por la que el color sólo puede ser percibido en una zona interior, lo que Kandinsky llama el “principio de necesidad interior”. Pienso que estas imágenes de luz que poseen esa sonoridad íntima del color, sólo pueden ser captadas por una mirada adiestrada y muy sensible que habita, conoce íntimamente los lugares, los rincones que por instantes se iluminan. A la vez, estas imágenes nos devuelven la emoción que podemos sentir en un momento fugaz e íntimo que ocurre cualquier tarde o cualquier mañana, cuando un golpe de luz ilumina un rincón de nuestra habitación y el mundo se presenta luminoso y cálido, entonces algo dentro de nosotros se mueve, se agita, como esas pequeñas burbujas de agua, o como titilantes y coloreados rayos de luz.
MARTA RODRÍGUEZ
