Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Israel Castellanos

Sandú Darié

Museo Nacional de Bellas Artes

La jornada del 9 de octubre estuvo matizada por la apertura escalonada de varias exposiciones individuales en La Habana. La movida empezó con la inauguración de una muestra retrospectiva, nombrada como su expositor: Sandú Darié. Algunos la esperaban desde el año pasado, cuando ese emblemático artista visual (1908-1991) habría cumplido cien años de nacido. Pero el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) se desmarcó de tal hecho conmemorativo. Y enmarcó la exhibición en el Año Cinético que, desde enero, estaba celebrando Casa de las Américas, en sus cincuenta años de fundada.

Exposición Individual: Sandú Darié — imagen 1
Sandú Darié. Estructuras movibles trabsformables (Multivisiones espaciales 83), 1983. Madera y pintura en acrílico. 100 x 100 x 7 cm (39 x 39 x 2 3/4 pulgadas) Col. Revista Revolución y Cultura.

Antes, el MNBA había prestado una de las obras que representaron a Darié en la antología internacional Lo(s) cinético(s), inaugurada en las postrimerías de 2007 en el Museo Reina Sofía. Todo ello permitió, en definitiva, extender el homenaje a quien dispone de un espacio en las salas permanentes del MNBA. En ellas me había familiarizado con algunas creaciones que luego distinguí en la muestra transitoria de Sandú, desplegada en un área mayor de la propia institución. Descubrí entonces otras propuestas artísticas que, en su mayoría, estaban guardadas en los depósitos del MNBA.

Tratándose de una exposición retrospectiva, cabía esperar un recorrido sinóptico por diferentes hitos de una trayectoria artística. Y así fue, parcialmente. La curaduría se centró en la orgánica transición de la abstracción al arte cinético. Ello estaba a tono con el enunciado general de la exposición colectiva inaugurada previamente en Casa de las Américas, y en la cual Darié participaba con una obra escultórica. Pero, ante todo, era consustancial con el devenir de la obra más trascendente y conocida de Sandú.

Nacido en Rumania pero radicado en Cuba desde los 40 's, él fue uno de los pioneros de la abstracción geométrica en este país, donde se naturalizó y llegó a integrar el colectivo Diez Pintores Concretos Cubanos. Estuvo influido por el neoplasticismo de Mondrian. Compartió exposiciones y publicaciones con el grupo argentino del Movimiento Madi Internacional. Y se convirtió en un significativo exponente del arte óptico-cinético no solo en América Latina. “Un cuadro es una creación enteramente libre, concebida en el más puro goce intuitivo del espacio, sugiriendo emociones estéticas”, apuntó en el catálogo de una muestra suya en el Lyceum de La Habana (1949).

Cincuenta años después del aserto, aprecié aristas menos conocidas de la abstracción de Sandú. Me refiero a una primigenia, de vislumbres poéticas. Y a otra, realizada casi al término de su vida, donde se atisba una geometría figurativa. Como en los taburetes, asientos típicos del campesino cubano, que él dotó de rasgos antropomorfos y exhibió primeramente en la Segunda Bienal de La Habana (1986). Ellos implicaban un regreso a la obra significante, proscrita por el abstraccionismo ortodoxo. Y comportaban, también, cierta confluencia de la abstracción con una figuración precedente y casi orillada.

Antes de llegar a Cuba, como judío emigrante, Sandú había publicado caricaturas antifascistas. Y en La Habana expuso caricaturas personales en una exposición a favor de la lucha del pueblo español. La síntesis de ideas y trazos que le exigió el dibujo humorístico bien pudo ser la antesala para la esencialidad de su abstraccionismo posterior. Él mismo afirmó en el catálogo de 1949: “Durante su constante evolución la pintura ha pasado de representativa a puramente creadora”. Valga decir: desasida de compromisos narrativos, despojada de contenidos extraestéticos.

En esa dirección, procuró el goce visual, logrado en sus pinturas de permutaciones geométricas y composiciones fijas. También lo alcanzó en las por él denominadas “estructuras transformables”, que requerían la participación del público. Esto dejaba, así, su condición de mero espectador. Abandonaba la actitud contemplativa para poner en acción otros sentidos, como el tacto.

Fueron obras representadas en la exposición antológica del MNBA, donde también se incluyó el corto experimental titulado Cosmorama (1964), promovido como “filme de arte” y considerado hoy precursor del videoarte en Cuba. Con la dirección del cineasta Enrique Pineda, Darié manifestó allí su concepción del espectáculo cuál integración dinámica de música, imagen, sonido y color.

Sandú también se interesó por los juguetes populares cubanos. Tenía una visión lúdica del arte. No lo divorció de la vida. Concedió gran valor al impacto social, participativo, de su obra. Este carácter interactivo partía muchas veces de gestar la pieza junto con otros artistas. Él poseía aptitud y actitud para integrarse y trabajar en equipos, a veces multidisciplinarios. Junto con arquitectos y otros especialistas, intervino en numerosos proyectos de diseño ambiental, visibles en distintos enclaves de la geografía insular cubana. Algunas de sus maquetas escultóricas pudieron visualizarse igualmente en la retrospectiva del MNBA.

Darié fue un ser multifacético, emprendedor: abogado, hombre de negocio, pintor, escultor, realizador audiovisual, escenógrafo, ceramista, editor de publicaciones de artes visuales, conferencista, teórico del arte abstracto y cinético. Sin embargo, esa personalidad inquieta apenas se intuía tras un porte circunspecto.

ISRAEL CASTELLANOS LEÓN

Sandú Darié, por Israel Castellanos | artnexus