Ronald Morán es quizás el artista salvadoreño contemporáneo más expuesto al público en años recientes. Representó a su país en las bienales internacionales de Venecia y La Habana y uno de sus cuadros fue vendido hace poco en Sotheby 's. A pesar del éxito, Morán sintió la necesidad de cambiar su obra y tomó una dirección diferente. Su última exposición individual, Brevedad Inmaterial, en Ex Teresa Arte Actual de Ciudad de México, fue un buen punto de partida. La muestra, curada con mucho esmero, consistía en cinco nuevas obras, todas instalaciones y videos, en los que, aunque siguió trabajando dentro del mismo tema, la violencia, pudimos ver elementos nuevos. Antes mostraba los efectos de esta; ahora, en sus piezas más recientes, investiga las causas. También está poniendo sobre la mesa la carta de la identidad por medio de los problemas que afectan a buena parte del mundo. En ese sentido, su obra es local, pero al mismo tiempo, internacional; local debido a la situación específica que está abordando e internacional porque está hecha dentro del lenguaje artístico contemporáneo.

Una instalación de su serie Home sweet home funcionó como conexión con el tipo de obra que estaba haciendo antes. En esta pieza cubrió con su característica sábana de algodón blanca una mesa de comedor servida. La mesa puesta daba la impresión de que alguien estaba comiendo y tuvo que huir del lugar. Morán estaba dando a entender algo que podría ocurrir cualquier día en un hogar salvadoreño normal: la gente tiene que abandonar sus actividades diarias y correr como alma que lleva el diablo.
Polaroid 060 continuó su obra con las pandillas salvadoreñas, en especial la que se conoce como Mara Salvatrucha (MS), reconocida como una de las más brutales. La pieza consistía en 35 fotografías Polaroid, una fotografía de tamaño natural de un miembro de MS y un video que ilustraba cómo un grupo de jóvenes cumplió su sueño de convertirse en miembros de esta pandilla. La idea de esta obra se le ocurrió al artista cuando visitó Chiapas, un pequeño pueblo en medio de la selva, y hablando con los jóvenes se dio cuenta de que su sueño era llegar a formar parte de este mortífero grupo. Las aspiraciones de esta gente se han reducido a convertirse en pandillero, lo que es una vergonzosa realidad social, una bofetada.
Quizás la más impactante de las cinco obras era la instalación Laberinto. Hecha de hilos que colgaban del techo y reforzada por una luz azul, era, literalmente, un laberinto. Las implicaciones míticas de los laberintos nos hablan de enfrentar lo desconocido; es la metáfora por excelencia de un salto de fe, un viaje a través de lo indefinido. Lo que está al frente es totalmente impredecible, teniendo en consideración que podamos llegar. Morán utilizó este símil para hablar de migración; cómo el emigrante tiene que sortear toda clase de obstáculos para llegar al final, casi como por un laberinto, en el que se puede ver la entrada pero no sabemos si llegaremos al otro extremo.
Tiro al blanco era otra pieza que jugaba con la idea de la incertidumbre y la suerte. Era simplemente una diana de vidrio de apariencia muy minimalista. Insinuaba la presencia de un tirador que tendría solo una oportunidad para su tiro, porque con él rompería la diana. Es una oportunidad única que toca a nuestra puerta sólo una vez. La pieza seguía una tendencia que inició en su obra con juguetes. Antes, los envolvía en su característico algodón blanco, ahora está experimentando con otros materiales y haciendo que la obra se vea más sencilla. La fragilidad de esta pieza podía interpretarse como la de la vida misma, cómo una decisión puede destrozarla para siempre.
El video Breve cuestionamiento que traspasa el estado material era otra pieza inspirada por la idea de la migración. Al presentar varias vistas aéreas de tierra y mar sus intenciones eran mostrar las tres formas físicas posibles de migrar: cielo, mar y tierra. Respaldadas por una música estremecedora, las imágenes de estos espacios vacíos e ilimitados sugerían las muchas vidas perdidas en el camino de tratar de alcanzar la Tierra Prometida: Estados Unidos.
Morán quería que nos diéramos cuenta de que no existe futuro para los jóvenes de América Central. Por medio de sus obras pudimos ver cómo la falta de perspectivas hace que deseen convertirse en individuos fuera de la ley. Sus posibilidades se reducen a dos alternativas: o convertirse en miembros de pandillas, lo que podría significarles una muerte temprana, o migrar, que implica un viaje físico que también puede matarlos pronto. Si logran culminar el viaje, viene entonces el proceso de adaptación y de navegar por el sistema legal, procedimiento que podría hacerse eterno. Potencialmente, las dos posibilidades son tan malas como su estatus actual: vegetar sin cesar por la vida en sus pueblos.
Analizando su obra, podríamos interpretarla como una expresión de su obsesión con la violencia ya que, de una u otra forma, la refleja en ella. Sin embargo, teniendo en cuenta el ambiente de su país, quizás el más violento de la región, es una fijación entendible. Con esta exposición, Morán nos demostró la indiscutible realidad de esta zona: cómo la violencia permanente está forzando a la gente a migrar.
IRINA LEYVA
