Universos posibles y mundos perdidos en Silencio, la muestra del grupo Mondongo en la galería Ruth Benzacar, donde decenas de personas desfilan día a día atraídas por los elogiosos comentarios suscitados por Calavera, la maravilla que atrae todas las miradas. Su sola presencia justifica toda la muestra, pero igualmente hay bastante más para ver en esta exposición que confirma el crecimiento del trabajo conjunto de Agustina Picasso (Buenos Aires, 1977), Juliana Laffitte (Buenos Aires, 1974) y Manuel Mendanha (Buenos Aires, 1976), formados en la pintura y reunidos desde 1999.

La primera muestra del grupo fue en el Centro Cultural Recoleta, en el año 2000, y desde entonces se mostraron en una multiplicidad de lugares, incluida China, de la mano de la etiqueta Comme des Garçons, la casa de modas fundada por la diseñadora japonesa Rei Kawakubo. Desde su aparición, Mondongo genera mucho ruido mediático por las conexiones sociales del grupo y, luego, por la celebridad de los sujetos que retratan y los raros materiales que eligen, que suelen tener conexión con las temáticas abordadas. Con notable virtuosismo compusieron imágenes tanto de la realeza española y los ídolos del Pop como del papa Juan Pablo II, notables del arte local, mitos del cine. Las imágenes del rey Juan Carlos, la reina Sofía y el príncipe Felipe, encargadas por un Secretario de Estado de España tras su visita a Buenos Aires, fueron realizadas con más de 22.000 vidrios de colores, en referencia, según afirman los artistas, a los distintos cristales con que los ve la sociedad española. Sin embargo, es ineludible distinguir la alusión a los espejitos de colores y a cómo los conquistadores españoles intentaron comprar su paso por tierras americanas. Así, el grupo compuso el rutilante rostro de David Bowie con montañas de purpurina, mientras que el del Papa fue diseñado con hostias sobre madera. La imagen de la querida galerista Ruth Benzacar (Buenos Aires, 1933-2000) se configuró con centenares de fósforos de madera, y el de Walt Disney, con plastilina.
Después de años de coquetear con el efectismo, cierta frivolidad y series temáticas, en Silencio Mondongo acierta en presentar obras autónomas, donde abordan distintos tópicos. Esta vez, vuelven a pintar con plastilina, hilo y plástico. Afortunadamente, dejaron atrás la irritante utilización de alimentos en sus obras, como cuando en 2004 manipularon cientos de kilos de fiambres, quesos, galletitas en un país con el 40 ¿o 50? por ciento de la población debajo la línea de la pobreza.
Calavera es una impresionante obra de plastilina sobre madera (200 x 200 x 7 cm) que se asemeja a un cráneo, que contiene y describe gran parte de la historia universal. Entre ficción y realidad, incluye minúsculas reproducciones de animales y de obras de arte (El grito de Munch, la Pietà de Miguel Ángel, La Liebre —algo modificada— de Durero), escenas de la vida cotidiana y figuras mitológicas, arquitecturas y batallas, rostros de procedencias irrefutables y fantaseadas, íconos de la tradición occidental y cristiana, como la Estatua de la Libertad y un Cristo crucificado. Interminable en sus decenas de detalles, la obra está armada sobre un fondo que aparece como un tablero con circuitos tecnológicos trazados por dados. memento mori (“Recuerda que morirás”) contemporáneo, Calavera invita a ser vista una y otra vez. La galería Ruth Benzacar anuncia que en Art Basel Miami exhibirá otra versión de la obra.
Mucho de autobiográfico en las piezas que retratan a Lafitte en actitud de parir a su hija Francisca en un bucólico paisaje público. Conmovedor, Panóptico III es un díptico (300 x 125 x 7 cm. cada parte) hecho con plastilina e hilos de algodón sobre madera. Rodeada por más de una veintena de niñitas, clones de la citada Francisca ya crecida, la figura de la madre y la escena toda aparecen como una meditación sobre la maternidad deseada y plácida, pero también desbordada, en estos tiempos furiosos. Los autorretratos de cuando era niña de Agustina Picasso son también ambivalentes: de lejos asoman como rostros de angelical apariencia pero de cerca se verifica que están construidos a partir de imágenes de penes, esperma y pechos en miniatura.
Otras dos obras aluden al río, y es probable que se refieran al río de la Plata, que rodea la ciudad y que es un espacio geográfico y cultural compartido con la vecina Montevideo. Una pieza, hecha con plastilina, se refiere a lo que el río quizá lleva y trae a diario: cadáveres (¿de los desaparecidos?), botellas, restos de objetos manufacturados, alguna planta, plástico y mucho plástico. Con bolsas de ese material, incluso “pintaron” una vista del enorme río, esta vez, encrespado.
Alejado del oportunismo y de la inmediata respuesta popular, como sus imágenes de Evita (realizada con pan), Maradona (plasmada con cadenitas de oro) y “Che” Guevara (moldeada con balas), esta vez Mondongo ofrece Silencio en estas diez piezas reflexivas y sutiles.
VICTORIA VERLICHAK
