Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Carlos Blas Galindo

Mauricio Cervantes

Centro de las Artes

Al recorrer las salas de exposiciones del Centro de las Artes II de Nuevo León, donde a partir del 17 de septiembre y hasta el 22 de octubre de 2009 Mauricio Cervantes (ciudad de México, 1965) mostró las 24 piezas fechadas en 2008 y 2009, de mediano y gran formatos, con las cuales conformó su exposición individual Memoria de un hermenauta, la reacción predominante entre los públicos fue de curiosidad. Lo anterior se debió a que este artista, quien no pretendió utilizar el trampantojo, expuso, sin embargo, unas telas montadas sobre madera trabajadas con pintura más procesos de oxidación y desgaste, así como otras obras, estas realizadas con procedimientos semejantes, sólo que utilizando como soportes baldosas de concreto pigmentado. Y sucede que, en ambos conjuntos, las soluciones expresivas, temáticas, iconográficas, compositivas y cromáticas fueron las mismas, por lo que, más que un engaño perceptual, lo que Cervantes se propuso fue llegar a resultados similares mediante el empleo de soportes diferentes.

Exposición Individual: Mauricio Cervantes — imagen 1
Mauricio Cervantes. Venezia 17 (Venecia 17). Acrílico, óleo, oxidaciones y eflorescencias sobre tela, sobre madera. 120 x 150 centímetros. (47 x 59 pulgadas). Foto: Carlos Alcázar.

Además del efecto de curiosidad señalado, los públicos experimentaron otros más, como la sensación de encontrarse ante una combinatoria de rigor y libertad, o la de sentirse invitados a hallar semejanzas y diferencias en el conjunto expuesto, ya que, ante la precisión de las cuadrículas (a partir de módulos contiguos cuadrados, de 20 o de 30 centímetros por lado), sobresalen las huellas, los trazos y los múltiples efectos conseguidos, en tanto que las representaciones de sombras de mujeres o de parejas con niños, o bien ciertos motivos ornamentales, son recurrentes en el conjunto presentado. Una postura sobresale en Memoria de un hermenauta: la de explorar los aportes del sector femenino de la humanidad, actitud que Cervantes ha acometido en esta exposición, al igual que en el resto del conjunto mayor intitulado Trama expansiva que comenzó en 2008, y del que esta individual es una parte. Con sus sombras alude a aquello que es fugaz, porque es cambiante. Pero, a la vez, por tratarse de sombras de personajes femeninos o de menores con adultos, realiza un necesario canto a la vida, en esta época tan de suyo pesimista.

De igual manera es destacable que este autor aluda en sus trabajos al tipo de pensamiento mítico-mágico, toda vez que el racionalismo y, con posterioridad, un énfasis en lo intelectivo han dominado buena parte de la producción artística de Occidente desde el siglo XX. Cabe advertir que las referencias de Mauricio Cervantes al pasado no se contraponen a su optimismo, pues distan mucho de ser añorantes. Son citas de un lapso correspondiente a la segunda mitad de los años cuarenta de la pasada centuria, que es cuando dejaron de fabricarse en forma masiva las baldosas hidráulicas que ahora él retoma. Pero, asimismo, constituyen invitaciones a que cambiemos el rumbo predominante (en lo económico o en lo político, tal vez), como él lo hace en sus obras y, por ende, en lo artístico, cuando en efecto parte de materiales que no se producen más pero de los que quedan elementos, memorias y documentación suficientes como para recuperarlos y actualizarlos.

El contacto de Mauricio Cervantes con Monterrey se remonta a 1994, cuando su primer galerista y promotor fue Guillermo Sepúlveda; de ahí que esta exposición suya haya resultado muy significativa. El artista residió hasta 2004 en la capital de México, su lugar de origen, cuando decidió ir a vivir y trabajar en San Agustín Etla, en las afueras de la ciudad de Oaxaca. A la fecha su interacción con el ámbito cultural oaxaqueño ha sido tan rica como intensa. Tanto es así que Cervantes decidió trabajar con baldosas de concreto pigmentado durante un viaje en 2007 a Juchitán, Oaxaca. Y hoy en día la noticia respecto a que utiliza estos materiales que habían dejado de fabricarse y que estuvieron destinados a fungir como recubrimientos para pisos se ha diseminado con amplitud. Tanto es así que se sabe que, luego de la iniciativa de Cervantes, el reconocido artista Francisco Toledo, entre otras personas, ha manifestado su interés por utilizar esta clase de baldosas como soporte para uso artístico.

Memoria de un hermenauta ha sido una experiencia fundamental para la trayectoria profesional del expositor, pues si bien es cierto que ya había explorado las posibilidades de lo serial y de las variantes dentro de sus conjuntos, en esta ocasión la preproducción digital, así como los mismos sistemas de producción que adoptó en su taller, son absolutamente distintos de aquellos a los que había recurrido con anterioridad. Con motivo de la exposición se publicó un muy cuidado libro-catálogo que lleva el mismo título que el de la exposición, con textos de Indira Sánchez y prólogo de Olga Margarita Dávila. La impresión se realizó en la ciudad de Oaxaca en la editorial El Castor, que está a cargo del promotor y galerista Manuel García.

CARLOS BLAS GALINDO

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