Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Janet Batet

Leandro Soto

Farside Gallery

Bajo el sugerente título Fusion: Leandro Soto’s Journeys (Fusión: los viajes de Leandro Soto) galería Farside nos lleva de la mano por un viaje magnífico donde la conciliación con el espíritu en cuanto entelequia va más allá de diferencias pueriles, transgrediendo épocas y culturas para el encuentro definitivo y certero con lo humano. 

La muestra está a cargo de Leandro Soto (Cienfuegos, Cuba, 1956), para quien el arte es ante todo un sistema de relaciones donde el equilibrio entre cada uno de los elementos participantes de ese cosmos es esencial para la armonía del todo. Este principio común a muchas culturas se erige en centro medular de una obra que discursa siempre sobre la poética de lo mítico y lo sagrado como mecanismos espirituales de desentrañamiento del yo, la sociedad y la naturaleza.

Exposición Individual: Leandro Soto — imagen 1
Leandro Soto. La historia del tabaco, 2009. Instalación, técnica mixta. Dimensiones variables.

El arte es asumido entonces como el resultado propicio de una experiencia errante donde el viaje en cuanto avatar va marcando pautas que enfatizan la multiplicidad de caminos y posibilidades; pluralidad que es expresión de esa unidad subyacente más allá de toda diferencia. Justo en este intersticio donde lo multicultural es expresión de síntesis e integración de valores se emplaza la obra de Leandro Soto. 

Sus propuestas, que van de la pintura al performance, pasando por la escritura y el diseño escenográfico, entre otras, pueden tener un cariz figurativo o abstracto, anecdótico o metafórico, pero indefectiblemente están marcadas por el desplazamiento del yo, donde la individualidad cesa para devenir el canal idóneo que encarna y vehicula experiencias, deidades e historias personales o colectivas. Y es que para Leandro Soto el hecho artístico es asumido como experiencia chamánica en la que el yo deviene ser transpersonal. 

Leandro Soto formó parte del movimiento Volumen I, que desde principios de los años ochenta dio al traste en Cuba con la retórica del realismo socialista que dominó la llamada década gris (años setenta). Una de las vertientes que distinguió a este movimiento fue la consonancia con las propuestas artísticas de avanzada en el nivel internacional, así como la indagación no estereotipada en la historia y la cultura cubanas. Leandro Soto fue uno de los artistas de su generación que se dedicó a la exploración en las raíces afrocubanas, específicamente, las deidades del panteón yoruba, que tiene fuerte arraigo dentro de la religión popular cubana. 

En este sentido, se destaca en la presente muestra su performance-video-instalación Olorum: Durga, Isis, Yemayá (2008-2009). La obra constituye una indagación de la entidad Madre en cuanto arquetipo sagrado asociado a la preservación, la fertilidad y la creación. Esta energía creativa ligada a la femineidad aparece como constante ineludible en culturas tan disímiles como la yoruba, la egipcia y la hindú. Apropiándose del agua como elemento conector, cada una de las deidades hace aparición dejando su legado en un flujo continuo que no es sino expresión de ese flujo siempre cambiante que es la cultura. 

Leandro Soto desde los 11 años dejó su ciudad natal para seguir estudios de arte en la capital, empezando desde entonces esa experiencia errante que ha distinguido su propuesta artística y en la que la noción de viajero o cronista funciona como recurso esencial para la meditación, la enseñanza y el recuerdo. 

Traveler’s Box de la serie Mapping Arizona (Caja de viajero, Cartografiando Arizona, 2004-2005) es sintomática en este sentido. La caja contiene un rollo de papel de arroz de 97 pies que describe el viaje emprendido por el artista desde Phoenix hasta el Gran Cañón. El espectador deberá desplegar el rollo para descubrir en cada palmo una porción del viaje y emprender así el suyo propio. El dibujo, de rasgo espontaneo y fresco, registra un paisaje siempre cambiante; dominado a veces por la luz intensa y la aridez propia del desierto, incita a la abstracción, la elucubración y el ensueño. En otras ocasiones, exuberantes poblaciones de cactus parecen brotar de la nada, animando el recorrido. 

La obra es un cuestionamiento del individuo desplazado, confrontado a un nuevo entorno en el que se impone el diálogo abierto y desprejuiciado entre el sujeto y su nuevo hábitat, al tiempo que un clin d’oeil y homenaje a similar experiencia de desplazamiento vivida por algunos exponentes del movimiento surrealista que, desplazados después de la Segunda Guerra Mundial, dedicaron años de estudio al desértico paisaje de Arizona. 

Al final de la galería, en un íntimo recinto, Leandro Soto nos regala La historia del tabaco, 2009, una instalación conformada por cajas de tabaco de disímiles tamaños y portadoras de delicados tesoros. Es tradición en Cuba conservar las cajas de tabaco una vez vacías, reutilizándolas como caprichosos cofres que cada vez que se abren dejan salir los aromas del cedro y del habano en caprichosa evocación. Cada caja es un universo develado de donde emergen historias de antaño, detonadores de historias personales que nunca sabremos pero que activan a su vez nuestros propios recuerdos incitándonos a ese siempre necesario viaje interior.

Horas pueden pasar desentrañando aquí y allá, buscando conexiones, nexos comunes, reconociéndonos en el otro en ese inagotable proceso de recuerdo (atendiendo a su etimología latina re-cordis volver a pasar por el corazón). Y es que al final, todos somos parte de un viaje en esta experiencia errante colectiva que es la sociedad contemporánea.

JANET BATET

Leandro Soto, por Janet Batet | artnexus