Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por María José Ramírez

José Horacio Martínez

Galería El Museo

Hasta el 10 de octubre de 2009, se presentó en Galería El Museo de Bogotá, la muestra individual del artista José Horacio Martínez (1961, Buga, Valle, Colombia). Más de 10 obras y libretas ilustradas por el artista, en su mayoría elaboradas en tinta china sobre lienzo, componen esta exposición, titulada Desde este inmenso autobús.

Ante todo, a este pintor de amplia trayectoria le ha inquietado indagar en el proceso y el carácter de la pintura. Su particular estilo logra una amalgama de trazos, líneas, manchas, capas, texturas y transparencias que se abren paso en el lienzo con fuerza, sutilidad y dinamismo. La riqueza del color que hubo en series anteriores como Desde este jardín, cambia en esta exposición hacia otra expresión más madura de la pintura. El pigmento en esta muestra se reduce a una paleta en blanco y negro con obras realizadas en su mayoría, en tinta china. Las aguadas, el contraste de matices y los contornos fluidos son las herramientas plásticas básicas que le otorgan al artista una sobria conducción de la imagen.

Exposición Individual: José Horacio Martínez — imagen 1
José Horacio Martínez. La fila bautismal II, 2009. Tinta india sobre lienzo. 158 x 274 cm. (62 1/5 x 107 ¾ pulgadas).

Los rostros de la serie Cabezas brotan del lienzo como manchas difusas que luego cobran definición casi fotográfica, producto de la destreza en el manejo de la acuosidad del material. Esta producción reciente del artista trata, por un lado, la temática de rostros individuales plasmados en lienzos de mediano formato, en los que “retrata” sujetos afrodescendientes. Adivino que Martínez se deleita en las posibilidades plásticas que le brindan las pieles oscuras, pues parecen estudios de análisis de las propiedades de las tintas para lograr facciones, volúmenes, brillos y contrastes, con impresionante habilidad en el manejo de la luz. En esa medida, su interés figurativo desmenuza las características de la fotografía pero se las apropia para crear pictóricamente.

De otro lado, plasma su temática recurrente de la cotidianidad y de los sujetos anónimos en sus vivencias mundanas en obras como Fila bautismal I y II. Aludiendo al título de la muestra, como quien observa desde los ventanales de un autobús, Martínez representa transeúntes que se desplazan en una dirección como desfilando de manera ritual hacia un lugar cualquiera. En una especie de impresionismo, las manchas delinean rostros y cuerpos e insinúan personajes indefinidos dentro de atmósferas livianas a partir de transparencias. Estas últimas destacan el carácter efímero del transcurrir, del paso del tiempo, del constante devenir.

Habano, 2009, es una obra de gran formato horizontal en la que aparecen algunos personajes tras la cortina del humo de un cigarro. Un personaje acostado es apenas el boceto de alguien que fuma, invadiendo con ese vaho toda la tela. Con la volatilidad de la tinta, José Horacio Martínez alcanza la destreza del efecto de humo, o vapor, reiterando esa atmósfera que apenas deja entrever a las personas que casi “flotan” por la densidad del lienzo.

En otras obras sin título, los personajes adquieren un carácter caricaturesco. Los trazos en tinta son más caligráficos y las manchas y contornos más planos. Sin embargo, la expresividad de los rostros y de las posiciones corporales aumenta y se vuelven obras juguetonas y vívidas. 

Las obras de esta serie son densas, se ubican en el plano de la discrepancia entre lo sensorial y lo consciente. Hay claridad dibujística pero dentro de límites espaciales vagos. Todo en esta obra es un enfrentamiento (no agresivo) de opuestos o más bien una mezcla de ambigüedades en el manejo de los materiales y los temas, en donde lo más importante es tener clara la producción como acontecimiento y, en esa medida, valorar el desarrollo de los procesos que son reflejo de cómo se trabaja la imagen en la mente del artista.

No hay historias narradas sino episodios plasmados como momentos de la memoria. La imagen en los cuadros de José Horacio Martínez está construida de esos momentos pero para el espectador pueden ser simples episodios cuyo origen o fin no es lo más relevante. Van más allá de la simple representación. El asunto es priorizar la evolución dinámica del artista. Las series de exposiciones anteriores arman en la cabeza del espectador las instancias de una pintura que se va desarrollando para abarcar progresivamente más dimensiones de significado y de espacio.

La ausencia de color le permite hacer un trabajo muy reflexivo en términos técnicos que produce una especie de sondeo de los elementos que componen la pictorialidad como conjunto. Martínez da estructura a sus imágenes otorgándole un orden personal a lo azaroso a través de esos elementos, y logra así darles forma a los sujetos y situaciones sobre la superficie de la tela.

Lo que le permite el material de la tinta sobre el lienzo es reflexionar entre cada espacio de secado para ir construyendo la imagen por capas de manera muy controlada y minuciosa. De todos modos, la pincelada y el trazo son instantáneos e instintivos, como contraste a ese control, porque son solícitos, y eso los convierte a la vez en actos espontáneos, de la misma manera en que opera el pensamiento.

MARIA JOSÉ RAMÍREZ

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