Galería Botello presentó la exposición Excavaciones sosegadas de Jorge Sierra. La muestra reitera el mestizaje de los medios: la xilografía, el collage y la pintura, componiendo una imagen poética en la antípoda del cinismo. La obra de Sierra opera por medio de los contrastes tanto formales como de contenido.
En La Cantautora, una de las obras de la exposición de mayor tamaño, contrapone la imagen al lenguaje haciendo de este un elemento visual incapaz de representarse por medio de signos lingüísticos comprensibles dentro de la voluta que los engloba. Los elementos figurativos: el pájaro, el sombrero y la barda se describen por los contornos, el dibujo plano y las incisiones de la xilografía, mientras que el elemento verbal se representa por una amalgama de pinceladas y estampaciones ininteligibles. El pájaro es un cantautor mientras que el hombre que aparece en el díptico Mal Habla a positivo. Mal Habla a negativo es un malhablado. No sabemos lo que el hombre dice, pero lo dicho se traduce a una representación en positivo y negativo. La imagen reúne lo que se ve y se ‘dice’, revirtiendo en paradoja de la comunicación. Podría concluirse que el universo de lo visual en la época actual constituye la desaparición de lo escrito, del lenguaje y del pensamiento. Sin embargo, la identificación de ambas obras con las tirillas cómicas por la presencia de la voluta nos hace pensar en una imagen enlazada a lo verbal y a la narración. Dado que el artista, además, no prescinde de un título para calificar sus obras, este orienta la lectura e interpretación de las mismas reafirmando la idea de algunos semiólogos de que el lenguaje verbal domina todo lenguaje, incluso el visual, ya que comprender es decir o nombrar.

La visión poética de Sierra deslumbra en composiciones como Cirque du Soleil. El circo relacionado con un círculo es otra manera de contrastar el signo visual con el lingüístico. La exigüidad de los elementos de la composición impone un contraste entre el fondo blanco y el sol; de este cuelga un columpio con un niño. El sol está presente en obras como Paisaje ecológico, Paisaje extraño y Paisaje sosegado. Es en el paisaje donde el astro aparece como zona de encuentro de estampaciones, pintura suelta y collage elementos que reemplazan su luminosidad radiante por el abigarramiento y estallido de marcas disímiles.
El ámbito familiar, como el entorno paisajístico, es un espacio sosegado, pero habitado por la extrañeza. Allí Sierra ha excavado no lo familiar, sino lo que al amparo de la ausencia humana se anima lúdicamente. La obra Hay duendes en mi sala nos recuerda las sospechas de los niños de seres que aparecen cuando la casa se queda sola. Figuras tridimensionales de papel colgadas de hilos salen de pequeños cuadros que adornan una pared como si se tratara de realidades alternas que cobran vida. El orden pictórico: los cuadros; el orden lúdico: los duendes, y el orden familiar: la sala, convergen en una imagen plana, fiel al aspecto de un grabado. Las pinturas que adornan la sala de Hay duendes en mi sala aparecen completas mientras que una silla, único elemento del mobiliario de esta habitación, es un fragmento que ubica lo pictórico dentro del hogar. La intimidad no se representa plenamente sólo se indica con un signo visual incompleto. No obstante, las pinturas encuadradas dentro de los bordes de la obra pueden verse en su totalidad, siendo referentes de una realidad que cobra vida ante la mirada del observador, pero no a la de los habitantes de la casa.
Jorge Sierra insiste en la planimetría de la obra enlazando la huella de la gubia, la pincelada suelta, los fragmentos del collage y las estampaciones. El rigor selectivo se traduce en la economía de los medios, y la fuerza de la imagen tiene su clave en una visión poética que es un decir sí a la vida. Jorge Sierra parece sugerir con su obra que el arte es una guía en dirección hacia una comprensión más profunda de la realidad.
INGRID MARÍA JIMÉNEZ MARTÍNEZ
