Exposición Individualdic 2009 - feb 2010· Por Rocío Aranda Alvarado

Johanna Unzueta

The Queens Museum of Art

En el Museo de Queens, el espectador podía mirar hacia arriba y ver una tubería expuesta. Industrial, inesperado, casi antiestético, el objeto sobresalía como una anomalía en un espacio al que le faltara mucho para estar terminado. Sin embargo, una mirada más detenida revelaba un objeto que no estaba hecho de metal, que no era rígido y que no era en realidad una tubería al descubierto sino más bien una obra hecha a mano con esmero, con el fin de que imitara una tubería. Elaborada en fieltro rojo cosido a mano, la tubería corría a lo largo de la galería superior, cerca del techo, como una verdadera tubería de agua caliente. En efecto, para exponer su obra la artista escogió a propósito una serie de espacios no artísticos dentro del museo, como para resaltar su conexión con objetos reales y la cultura de la industria.

Cuando niña, Johanna Unzueta hacía vestidos. Su amor por el objeto hecho a mano se transformó primero en prendas que con el tiempo tomaron la forma de objetos esculturales móviles que se pueden usar. Ahora se encuentran en las paredes del museo.

Exposición Individual: Johanna Unzueta — imagen 1
Johanna Unzueta. Folclor del hierro, 2009. Fieltro. Dimensiones variables.

El proyecto de Unzueta se titulaba Iron Folklore y hacía referencia directa al cercano vecindario “Iron Triangle” (Triángulo de hierro) de Willet’s Point, un área de 62 acres de talleres automotrices, depósitos de chatarra y pequeños negocios industriales sobre vías sin pavimentar. El New York Times describió la zona como “un arenoso y descuidado adefesio de chapuceros talleres y trabajadores que permanecen en las sucias calles tratando de parar a los conductores para ofrecerles servicios de reparación en el acto”. (New York Times, 11/19/08). Justo al frente del moderno coliseo de Los Mets de Nueva York, Willet’s Point parece incluso más irónico y poético. Esta mezcla de contextura arenosa, vía sin pavimentar y la ética laboral que impregna toda la zona tomó importancia para la artista a medida que desarrollaba este proyecto. Cada uno de los objetos de la exposición le rendía homenaje a una modesta herramienta o un repuesto. A lo largo de la obra de la artista, lo funcional y lo discreto reciben el estatus de obra de arte; lo que normalmente es invisible se torna objeto de nuestras miradas.

Este conjunto de obras llegó después de un largo y serio estudio del lugar, la función del arte, y las posibilidades representadas por la obra de gran tamaño y las obras colocadas en espacios públicos. La artista, que trabajaba al principio con cartón, empezó a coser fieltro debido a la sensibilidad de este material, su relación con la industria y también con la calidez y energía físicas, la historia y el arte moderno. Unzueta Reconoce a Josef Beuys y Robert Morris como figuras importantes e influyentes en el momento de escoger los materiales.

El encuentro inicial era con las paredes del ascensor, que estaban cubiertas con trozos de metal corrugado disparejos, creados con el fieltro. Las curvas uniformes de la superficie metálica del fieltro imitaban en forma perfecta a su equivalente real. Al construir una pared del ascensor con fieltro de dos colores diferentes, la artista puso de relieve la naturaleza caprichosa de las pequeñas construcciones hechas de este material industrial que a menudo es asociado con estructuras temporales (y con emplazamientos del tercer mundo). Fuera del ascensor, la roja tubería de agua caliente rastreaba los espacios entre las altas y delgadas columnas del balcón del museo, omitiendo, de manera apropiada, las renovaciones del museo. A continuación de esta obra se encontraba una instalación en la pared exterior del teatro del museo.

Entre las obras cuidadosamente yuxtapuestas de la instalación había una carretilla de manos, una selección de (lujosos) rines para autos codiciados por los aficionados a la cultura automotriz, una variedad de artículos de ferretería, una escalera, una pala, y una selección de puertas para autos, todos hechos a mano en fieltro. Jugando con el tamaño, Unzueta también le rindió homenaje a las obras de Claes Oldenberg y Coosje van Bruggen, al exagerar a veces las dimensiones de sus objetos de ferretería. Una enorme bisagra colgaba de la pared y, en el piso, veíamos un montón de descomunales tornillos y tuercas. Este aspecto del juego en la obra era importante porque subrayaba una nota de humor dentro de la obra de la artista.

La selección de puertas para automóvil incluía un importante elemento de realismo representado por programación radial en directo. La artista instaló un parlante que transmitía la programación de la estación de radio favorita de los trabajadores de los talleres y almacenes de autopartes de Willet’s Point. Esta conexión intencional con la realidad de quienes pasan su vida laboral en esta área fue importante debido a que también señalaba en dirección a la economía informal del sector. Al estilo de Zora Neal Hurston, la artista actuó como una especie de antropóloga cultural, una archivera de este paisaje excepcional y sus habitantes contemporáneos.

ROCÍO ARANDA ALVARADO

Johanna Unzueta, por Rocío Aranda Alvarado | artnexus